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23 de Septiembre de 2026El terror de estar conscientes y sin poder movernos: por qué ocurren las parálisis del sueño y cómo escapar de ellas
Despertar de golpe, descubrir que tu cuerpo no responde y sentir una presencia invisible en la habitación. Esa presencia a veces está a tu lado o tras veces encima de ti apretándote el pecho. No es una experiencia sobrenatural, sino un desfase neurológico entre la fase REM del sueño y la vigilia.
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Hace un par de horas te fuiste a dormir con la esperanza de descansar tras un largo día. Sin embargo esa tranquilidad se ve interrumpida cuando despiertas abruptamente porque sientes a alguien o algo sobre ti. Intentas moverte para ver si es el gato, pero todas las células de tu cuerpo están inmóviles, ninguna de tus extremidades responde a las órdenes de tu cerebro y comienzas a transpirar helado. Tienes miedo, intentas gritar para alertar a alguien, pero ningún sonido sale de tu cuerpo. Es en medio de esa situación que comienzas a respirar torpemente pensando que vas o morir, o peor aún… que ya estás muerto. Todo ese proceso de terror ocurre por una parálisis de sueño.
Gonzalo Olivares, Bioquímico, Doctor en Ciencias Biológicas y docente de la Universidad Mayor explicó a The Clinic que “la parálisis del sueño ocurre principalmente durante la transición entre el sueño REM o MOR —siglas que hacen referencia a los ‘movimientos oculares rápidos’ característicos de esta etapa— y el estar despierto. Durante el sueño REM tenemos gran parte de nuestros sueños más vívidos y, al mismo tiempo, el cerebro inhibe activamente los músculos que utilizamos para movernos. Esto probablemente evita que ejecutemos físicamente los movimientos que estamos soñando”, detalla.
Asimismo, añade que “en una parálisis del sueño, la persona recupera la percepción consciente de sí misma y de su entorno mientras esta inhibición del movimiento todavía persiste durante algunos segundos o minutos. Por eso puede ver o escuchar lo que ocurre a su alrededor, pero no puede moverse ni hablar. Es una experiencia relativamente común; de hecho, yo mismo la he experimentado. Se presenta con mayor frecuencia en situaciones de privación de sueño, horarios irregulares, estrés o alteraciones importantes de nuestros ciclos de sueño”.
¿Cómo escapar de una parálisis de sueño?
Olivares recalca que “despertar, reconocer el dormitorio y al mismo tiempo descubrir que uno no puede moverse ni hablar constituye una situación extremadamente inusual para el cerebro y puede generar una intensa sensación de amenaza. A esto se suma que durante el sueño REM existe una importante actividad en circuitos cerebrales relacionados con las emociones y que parte de esa actividad puede persistir durante el episodio”.
“Algunas personas también sienten presión en el pecho, dificultad para respirar o incluso perciben una presencia en la habitación. Aunque la respiración continúa —los músculos esenciales para respirar siguen funcionando—, estas sensaciones pueden resultar muy angustiantes. El miedo puede aumentar nuestra atención hacia esas sensaciones y hacer que sean interpretadas como todavía más amenazantes”, indica.
Sobre cómo escapar de esas sensaciones, el académico asegura que “en la gran mayoría de los casos no es necesario hacer nada. El episodio termina espontáneamente en segundos o pocos minutos a medida que desaparecen las características del sueño REM y se recupera completamente la capacidad de movimiento. Saber de antemano qué es una parálisis del sueño puede ser de gran ayuda, porque permite reconocer durante el episodio que se trata de un fenómeno transitorio y que uno continúa respirando”.
“Algunas estrategias propuestas incluyen concentrarse en mantener una respiración tranquila y tratar de realizar movimientos pequeños —por ejemplo, de los dedos— en vez de intentar mover todo el cuerpo. La voz o el contacto de otra persona también pueden contribuir a terminar el episodio”, agrega.
“Conviene consultar cuando se vuelven frecuentes”
Olivares advierte que intentar luchar o gritar puede aumentar la angustia durante el episodio. “Intentar mover con fuerza un cuerpo cuyos movimientos están siendo temporalmente inhibidos puede incrementar la sensación de pérdida de control y favorecer una respuesta de pánico. Algo similar puede ocurrir al intentar gritar o respirar voluntariamente con mucha fuerza. Se puede generar una especie de círculo: la inmovilidad produce miedo, el miedo hace que prestemos aún más atención a lo que estamos sintiendo y esas sensaciones pueden entonces ser interpretadas como más amenazantes. Por eso, suele ser más recomendable reconocer lo que está ocurriendo, intentar mantener la calma y esperar a que el episodio termine”, apunta.
“Uno o unos pocos episodios aislados, especialmente durante períodos de estrés, falta de sueño o cambios importantes de horario, generalmente son benignos. Conviene consultar cuando se vuelven frecuentes, generan miedo a dormir, deterioran la calidad del sueño o afectan las actividades durante el día. También es importante evaluarlos cuando aparecen junto con una somnolencia excesiva durante el día, episodios repentinos e irresistibles de sueño o pérdidas bruscas de fuerza muscular asociadas a emociones intensas, porque la parálisis del sueño también puede presentarse en trastornos como la narcolepsia. Tener episodios recurrentes no significa necesariamente que exista una enfermedad neurológica, pero sí puede justificar una evaluación médica”, finaliza.