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2 de Octubre de 2026“Me abrió las puertas del mundo”: las historias de los niños a los que “Yo Elijo Mi PC” les cambió la vida y sus opiniones sobre el fin del beneficio
Durante 17 años, la escena se repitió de Arica a Punta Arenas: estudiantes de séptimo básico subiendo a un escenario para recibir un computador que, en muchos casos, era el primero de sus casas. La política comenzó durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, atravesó administraciones de distinto signo político y este año llegó a 96.100 escolares. El proyecto de Presupuesto 2027 no contempla recursos identificables para continuarla. Detrás de las cifras quedan historias como las de Alexandra, Carlos y Florencia: tres niños (y hoy adultos) que recibieron un computador y terminaron encontrando en él una puerta a un mejor futuro.
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Carlos Carrasco recuerda la foto.
En ella es apenas un niño de séptimo básico. Está arriba de un escenario, en uno de los colegios municipales más importantes de La Florida, y una autoridad comunal le entrega un computador. Es 2009 y alrededor suyo hay cientos de estudiantes esperando lo mismo.
Carlos había sido seleccionado para recibir uno de los primeros equipos de Yo Elijo Mi PC.
Tenía incluso que tomar una decisión que para un niño de esa edad podía parecer enorme: podía escoger entre un notebook o un computador de escritorio. Podía elegir el modelo. Hasta podía decidir si quería que viniera con Windows, Ubuntu u otro sistema operativo.
En su casa probablemente había decisiones bastante más importantes.
Su abuela trabajaba. Su padre era independiente. Cumplían con los requisitos socioeconómicos del programa y Carlos tenía las notas necesarias. Tener un computador propio no era algo fácil.
Por esos años, conectarse todavía podía significar salir de la casa.
—Uno dependía exclusivamente de poder estudiar en un ciber, que obviamente tenía un costo por hora que era elevado para los ingresos de la casa —recuerda.
La fotografía de Carlos no es única. Durante años se tomaron miles parecidas. En todas la regiones de Chile.
Niños con uniforme sosteniendo cajas casi tan grandes como ellos. Padres mirando. Alcaldes, intendentes, seremis, ministros y presidentes entregando computadores. Gimnasios municipales repletos. Escenarios. Aplausos. A veces llantos. Una caja cerrada y, adentro, una promesa de un futuro mejor.
En 2009 fueron 30 mil computadores. Al año siguiente la cobertura se duplicó y llegó a 60 mil estudiantes. En una de las primeras entregas de 2010, por ejemplo, 163 alumnos del sistema municipal recibieron sus equipos en un gimnasio de San Felipe. Cinco años después, en Quinta de Tilcoco, otras decenas de estudiantes volvieron a subir a un escenario. Para entonces, más de 330 mil escolares de todo el país habían pasado por el programa.
Un programa que sobrevivió a los gobiernos
Con el programa Yo Elijo Mi PC ocurrió algo no tan frecuente en la política chilena. Cambió el gobierno y el programa siguió, se potenció y se celebró.
Sebastián Piñera asumió la Presidencia en marzo de 2010 y las cajas continuaron llegando. Luego volvió Bachelet. Después nuevamente Piñera. Con los años cambiaron el nombre, los criterios, los computadores y la cobertura. En 2015 apareció Me Conecto para Aprender y posteriormente las políticas fueron agrupadas bajo las Becas TIC. Pero sobrevivió la misma idea: entregar a un escolar una herramienta que su familia no podía comprar.
Y mientras los presidentes entraban y salían de La Moneda, los niños crecían.
Carlos también.
El computador que recibió en séptimo básico llegó a una casa que todavía no tenía internet. Primero tuvo que buscar redes públicas. Después su familia consiguió uno de esos módem USB que por entonces comenzaban a masificarse.
—Me dio independencia —dice—. Me abrió las puertas del mundo.
Empezó a investigar. A leer. A averiguar cómo funcionaban las cosas. Y, especialmente, a interesarse por la tecnología.
Diecisiete años después, aquello resulta difícil de separar de lo que hace.
Carlos es creador de contenidos. Prueba automóviles, graba videos y publica sus análisis en redes sociales. Cámaras, edición, computadores, plataformas digitales y tecnología forman parte de su trabajo cotidiano.
El niño de la fotografía terminó viviendo, en parte, de ese mundo que conoció a través de una pantalla.
FOTO : CRISTIAN VIVERO BOORNES/ AGENCIAUNO
El primer computador de una dentista
A varios kilómetros y algunos años de distancia, Florencia vivió una escena parecida. También estaba en séptimo básico cuando recibió el primer computador de su vida.
Antes si en Lenguaje o Historia le pedían investigar algo tenía que conseguir un equipo prestado, ocupar uno de la biblioteca del colegio o ir a un ciber. Hacer las presentaciones de PowerPoint que le encargaban los profesores dependía de que alguna de esas alternativas estuviera disponible.
Sus padres hacían lo posible por entregarle herramientas para estudiar, recuerda, pero comprar un computador significaba un gasto difícil de asumir. Por eso Florencia recuerda la entrega como algo que ocurrió también para ellos.
—Siento que fue un alivio para mis papás.
Desde entonces podía sentarse a estudiar en su casa.
Florencia cree que ese computador de color amarillo fosforescente hizo algo elemental: le permitió estudiar con tranquilidad y acceder a herramientas que antes no tenía.
Hoy tiene 23 años y estudia Odontología en la Universidad de Chile.
—Entiendo que no fue solamente recibir un computador —dice—. Fue tener una herramienta que me facilitaba el estudio y así podía acceder a las oportunidades que tengo hoy.
A Alexandra le ocurrió algo parecido, aunque cuando intenta explicar qué significó para ella recibir un computador, habla menos de tareas y notas que de todo lo que comenzó a descubrir fuera del colegio.
Lo recibió justo cuando estaba cambiándose de establecimiento. Sus padres habían hecho un esfuerzo por buscar mejores oportunidades para ella y, en medio de ese cambio, llegó el beneficio. De pronto, desde su casa podía conocer qué ocurría en otros países, acercarse al arte, aprender de cocina o simplemente descubrir cosas que hasta entonces estaban fuera de su mundo.
—Fue una puerta a ver el mundo digital, saber qué ocurría en otros países, conocer otras realidades y salir de mi burbuja, donde solo conocía y sabía lo que me enseñaban en mi círculo cercano.
Alexandra dice que ese computador incluso tuvo algo que ver con la construcción de su identidad. Le permitió desarrollar gustos, intereses y, según recuerda, un pensamiento más crítico. También fue importante cuando llegó el momento de preparar su futuro universitario.
Hoy trabaja en la banca como ejecutiva de cuentas.
Por eso, cuando se enteró de que el programa podría dejar de entregar computadores, su primera reacción no fue precisamente nostalgia.
—Te diría que me da pena que quiten esta política pública, pero te estaría mintiendo. La verdad, me da rabia.
Alexandra piensa en familias como la suya entonces: aquellas para las que comprar un computador no era simplemente decidir qué modelo llevarse, sino un gasto que muchas veces estaba fuera de sus posibilidades.
—Me da rabia que no entiendan la magnitud del desarrollo personal gracias a esta herramienta. Que desde su comodidad no entiendan que muchas familias no tienen la posibilidad de tener computador. Mientras se considera que estamos en una era digital, quitar el acceso a la tecnología en un hogar solo aumenta la brecha de desigualdad.