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“El mercado está en su peor momento”: tacañería, malas experiencias y el agotamiento del mundo de las citas en Chile

“Es como un outlet: hay un pantalón sin botón, otro sin cierre y para encontrar algo más o menos bueno tienes que buscar y buscar en la pila”, dice una mujer de 58 años después de varias citas. Su reflexión resume una sensación que atraviesa generaciones: hombres y mujeres dicen estar agotados de las aplicaciones y las malas experiencias. En un Chile donde la falta de higiene y la tacañería aparecen entre las principales “red flags” al conocer a alguien —y donde las mujeres son especialmente sensibles a esta última—, las historias muestran que no se trata solo de anécdotas aisladas. Para muchos solteros, encontrar a alguien que valga la pena parece haberse convertido en una búsqueda cada vez más difícil.

Por 3 de Octubre de 2026
Alejandra Acosta
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Resúmenes generados por Intelgencia Artificial Resúmenes inteligentes

Hombres y mujeres en Chile dicen estar agotados de las aplicaciones y las malas experiencias al buscar pareja. El artículo recoge casos de citas fallidas, tacañería, falta de higiene y conversaciones que se cortan. Según Cadem, la tacañería preocupa más a ellas que a ellos, y para muchos “el mercado está muy malo”.

  • Solteros describen las citas como agotadoras y con pocas opciones que terminen en algo.
  • Ricardo concluye que “el mercado está muy malo” tras varias citas fallidas.
  • Cadem: la tacañería preocupa al 36% de las mujeres y al 11% de los hombres.
  • Varias mujeres relatan malas experiencias: infidelidad, mensajes sexuales y citas incómodas.
  • Algunas priorizan su autonomía y ven la pareja como algo que debe aportar valor real.

El artículo muestra el cansancio de hombres y mujeres en Chile frente a las citas y las aplicaciones para conocer pareja. A través de testimonios, describe malas experiencias, tacañería, falta de higiene y vínculos poco claros. También plantea que muchas mujeres, con vida independiente, evalúan si una relación realmente suma a su vida.

Estos resúmenes son generados por inteligencia artificial y chequeados por el periodista a cargo.

Cada vez que tenía una cita, Ricardo intentaba hacer las cosas bien. Se preocupaba de elegir un lugar entretenido y rico, generalmente un bar o un restaurante. Se arreglaba, llegaba a la hora y, si había sido él quien había hecho la invitación, daba por sentado que al final de la noche le correspondía pagar la cuenta. Era, pensaba, parte de las reglas tácitas de volver a salir con alguien, tras estar recientemente separado.

Así tuvo varias citas. Algunas mejores que otras. Conversaciones que se alargaban por horas, otras en las que a los veinte minutos ya era evidente que no había química. Mujeres que conocía por aplicaciones, otras por Instagram o amigos en común. 

Hasta ahí, nada demasiado distinto a lo que podía esperar un hombre soltero intentando conocer a alguien.

Pero después de un tiempo comenzó a fijarse en algo.

Había mujeres que aceptaban rápidamente cuando proponía ir a comer, pero cuyo interés parecía desaparecer apenas terminaba la cita. Otras elegían lugares caros o pedían sin demasiada preocupación por la cuenta. Después de todo, él había invitado y creía que eso era lo que correspondía hacer. Al principio lo atribuyó simplemente a malas citas. Hasta que una conversación lo descolocó.

Estaba cenando con una mujer cuando ella le contó sin arrugarse un día de citas, en el que había quedado para tomar brunch con un tipo. Después se había juntado a almorzar con otro hombre. Y por la noche había aceptado salir con otro sujeto.

Tres citas. Tres hombres distintos. Un brunch, un almuerzo y una cena en un mismo día.

Ricardo comenzó entonces a mirar hacia atrás. Algunas de esas salidas que había interpretado como intentos fallidos por conocer a alguien empezaron a parecerle otra cosa. Llegó a convencerse de que, al menos en ciertos casos, las mujeres habían aceptado su invitación no porque realmente quisieran conocerlo, sino porque sabían que él terminaría pagando la comida.

Su conclusión después de algunos meses y muchas citas fue: “El mercado está muy malo”.

La frase podría parecer la queja de un hombre que simplemente ha tenido mala suerte. El problema es que, al hablar con otros solteros, se repite. Hombres y mujeres describen una sensación parecida. Que conocer a alguien se ha vuelto agotador, que las aplicaciones ofrecen una cantidad aparentemente infinita de opciones, pero pocas terminan en algo, que las conversaciones desaparecen de un día para otro y que cada nueva cita obliga a empezar desde cero.

Y si la historia de Ricardo parece desalentadora, las que cuentan algunas mujeres son bastante más duras.

Porque entre ellas el malestar no pasa solamente por pagar una cena o descubrir que la persona que tenían enfrente no estaba realmente interesada. 

Hay mujeres que se encontraron con hombres que ocultaban que tenían pareja; otras recibieron mensajes sexuales apenas comenzaron una conversación; algunas terminaron citas sintiéndose incómodas o inseguras; y otras, después de acumular experiencias frustrantes, la mayoría ligadas a hombres narcisistas que solo hablaban de ellos. De lo que tenían, de lo que ganaban. 

Muchas de ellas, de entre 20 y 60 años llegaron al mismo diagnóstico: estar soltera nunca había parecido tan difícil.

Una noche con un tacaño extremo

Era un viernes por la noche más y una cita con alguien con quien llevaba varios días hablando parecía el panorama perfecto para cerrar la semana. Sofía, una joven de 23 años, buscaba tener una noche entretenida que, con un poco de suerte, pudiera convertirse en el inicio de un vínculo.

J. parecía un hombre perfecto para ella, tenía buenos temas de conversación, era alto, entretenido y la diferencia de edad era justa, tenía 30 años y un trabajo estable. Vivía con sus papás, pero dejó pasar ese dato que en su momento la hizo dudar.

Llegó a comentar con sus amigas: “¿Cómo es posible que este hombre esté soltero?” , pero su intuición femenina le gritaba que no podía ser tan bueno.

Dicho y hecho. Con expectativas de una cita larga Sofía revisó el menú y pensó en las opciones que podrían pedir para compartir. La sorpresa no fue al comienzo,  J. se veía como en sus fotos y de manera “excepcional” para los hombres de hoy, Sofía mencionó que la pasó a buscar a su casa.

Tras llevar un rato sentados en la mesa, llegó el mesero a preguntar qué querían pedir.  “Un ramazzotti, para empezar” dijo Sofía, tenía en mente pedir unas papitas para compartir, pero esa idea se disipó rápidamente luego de que su cita dijera: “Yo un vaso de agua de la llave”, al quedar solos de nuevo le comentó que no tenía hambre y que había comido antes de ir.

La noche siguió así, él siguió pidiendo vasos de agua y ella no se animó a pedir otra copa. Cuando la cuenta llegó, solo estaba el ramazzotti en la boleta, ella lo tuvo que pagar. 

No se volvieron a ver. 

De acuerdo con el Estudio Cadem Plaza Pública publicado en febrero de 2026, en relación a las “red flags” al conocer a alguien con intención de tener una relación, las mujeres ven como principal alerta que la persona haya sido infiel en el pasado, seguida de que sea sucia y de que sea tacaña. 

Los hombres, en cambio, ponen primero la falta de higiene, luego la infidelidad pasada, y en tercer lugar, con 30% cada una, el mal aliento y que la persona muestre una personalidad distinta en redes sociales. 

La mayor brecha está en la tacañería, que preocupa al 36% de ellas y solo al 11% de ellos.

El mercado está en “su peor momento”

La independencia económica y la transformación de los roles tradicionales también han cambiado la forma en que muchas mujeres se relacionan con la idea de estar en pareja. Tener ingresos propios, desarrollar una carrera y construir una vida fuera del matrimonio significa que una relación ya no necesariamente representa la principal vía para alcanzar estabilidad o construir un proyecto de vida. 

Hoy para las mujeres chilenas permanecer solteras puede ser una opción compatible con una vida plena, mientras que entrar en una relación supone evaluar qué aporta esa persona a una vida que ya está construida.

Valeria Torres tiene 35 años y se separó hace algunos meses luego de haber estado 6 años en una relación y 1 año casada, afirma que luego de haber estado tanto tiempo en pareja y empezar con las apps se encontró con una realidad que no esperaba. Afirma. que “los hombres están muy princesos y poco claros”.

Como la mayoría de sus amigas, comenzó a conocer gente a través de aplicaciones de citas, motivada por buenas y malas historias pero con ganas de experimentar y no necesariamente encontrar una pareja “no es la mejor opción para encontrar a alguien, pero sí para salir a entretenerse”. 

La encuesta de febrero de 2026 del Estudio Cadem Plaza Pública afirmó que un 32% admite haber iniciado alguna vez una relación con una persona que conoció de manera digital.

Entre ellos, las plataformas más mencionadas son Facebook (23%) y Tinder (21%), seguidas por Instagram (13%), Badoo (7%), MSN Messenger (6%), WhatsApp (6%), Grindr (5%) y Bumble (3%). 

Sus expectativas fueron bajando, cuando se empezó a dar cuenta que los hombres buscaban chequear una lista de características, antes que una conversación genuina y fluida: “A mí lo que me ha pasado con los últimos gallos es que me preguntan si tengo hijos, en la primera cita y siento que al final es como una checklist de ti, como si yo fuera un producto, tal como lo vende la app y eso es muy desagradable”. 

—Al final esas relaciones personales más humanas, que tú vas descubriendo cosas del otro naturalmente siento que ya no se dan, añade.

La forma de relacionarse también parece estar cambiando. Un estudio publicado en 2026 en Personality and Social Psychology Bulletin, encontró que las mujeres tenían mayores expectativas de intimidad dentro de una relación que los hombres, pero también anticipaban más posibles resultados negativos. 

La investigación plantea que, al momento de decidir si entrar en una relación, las personas comparan lo que esperan obtener de ella con los beneficios de permanecer solteras. 

Así, cuando la vida independiente ya resulta satisfactoria, una eventual pareja no necesariamente es vista como una necesidad, sino como algo que debe aportar suficiente bienestar como para justificar ese cambio.

Valeria es una mujer que sería considerada exitosa en su rubro, es ingeniera civil y es completamente independiente. Considera que a los hombres les intimida su éxito tanto económico como personal y asegura que eso es algo que ve reflejado también en experiencias de sus amigas. 

Al respecto menciona que “todo es como una competencia, entonces el hombre tiene como esta cuestión media innata de que te quiere proteger, pero hasta ahí nomás porque protege pero no provee, entonces yo siento que el éxito igual los asusta”.

En esa misma línea argumenta que en ocasiones ser una mujer líder y con una opinión fuerte y determinada la ha llevado a ser criticada.

–A mí personalmente me pasa que tengo una personalidad súper fuerte, y más de una vez los hombres que me están joteando y que quieren salir conmigo, me dicen:  ‘Tú tienes mucha energía masculina’ Así, literal, y es como: ¿me estai joteando o me estai ofendiendo?”

Mejor sola que mal acompañada

Para algunas mujeres estar solteras no significa necesariamente estar esperando que aparezca alguien. La pregunta puede ser otra: si una relación implica tiempo, compromisos, responsabilidades y la posibilidad de modificar una rutina que funciona, ¿qué tiene que ofrecer para que valga la pena? 

La compañía, la intimidad, el cariño o un proyecto compartido pueden seguir siendo importantes, pero ya no necesariamente compensan por sí solos cualquier dinámica de pareja.

Javiera Ortega tiene 30 años, es soltera y trabaja en el área de la salud por lo que conocer gente en su círculo cercano o de manera presencial le resulta “complejo”.

Por lo mismo recurre a las aplicaciones, pero casi siempre sin éxito: “Estoy un mes que me meto casi que todos los días, reviso, trato de hablar, y después no funciona, porque quieren todos los beneficios de un pololeo, pero sin llamarlo pololeo, sin la responsabilidad afectiva. Después lo dejo y no me meto más en dos meses”. 

El estudio de Personality and Social Psychology Bulletin también muestra una aparente paradoja: las mujeres pueden tener un mayor deseo de intimidad y, al mismo tiempo, una mayor conciencia de los aspectos negativos que puede implicar una relación.

 Es decir, querer una pareja no significa estar dispuesta a todo.

Así le pasó a Alejandra de 35 años. Ella decidió experimentar con las apps y se atrevió a salir a tomar una cerveza con quien le había parecido un hombre simpático y con quien compartía intereses. Luego de pagar la cuenta, tras solo una cerveza, la acompañó caminando hasta su casa. La noche terminó con un abrazo en la puerta.

A los pocos minutos, llegó un mensaje a su celular “si esto iba a ser una amistad me hubieses avisado para no perder el tiempo”, le escribió. Ella enojada ante la reacción le respondió que si quería sexo casual “mejor se buscara a una pu…”.

Una realidad que atraviesa generaciones

Este cambio tampoco se limita a las mujeres jóvenes. Para quienes llegan a los 50 o 60 años sin pareja, o vuelven a la soltería después de una separación o viudez, la autonomía adquirida durante décadas de vida laboral y personal no se tranza fácilmente.

Ya no necesariamente se trata de “esperar a encontrar al indicado” o de cumplir con las expectativas familiares asociadas al matrimonio, sino de decidir qué lugar ocupa una pareja en una etapa en la que muchas mujeres ya tienen una identidad y una vida construidas fuera de ella. 

Laura Martínez es argentina pero vive en Chile desde hace más de 20 años, tiene 58 años y tras 18 años casada decidió separarse. Lleva 4 años soltera y comenzó a experimentar en el mundo de las citas, especialmente de las aplicaciones. 

Comenta que fue una especie de shock “volver a las pistas” luego de tantos años en pareja: “Es que yo, como estuve casada muchos años, salí a un mundo nuevo. Porque cuando uno está con alguien mucho tiempo, vives como en una burbuja de esa relación. Entonces no sabés qué pasa afuera porque no tenés esa necesidad”.

—Las mujeres cambiamos porque no necesitamos que nos mantenga un hombre, básicamente. Y eso le da una libertad absoluta a la mujer para elegir. Y los hombres no han evolucionado a la par, se han quedado en el mismo rol.

Hoy prioriza divertirse y no tener tantas expectativas. Durante el día revisa las 4 aplicaciones de citas que tiene en su celular y planifica con quién puede concretar una salida esa semana. 

Asegura que al comienzo del proceso iba esperanzada de encontrar una pareja pero con los años, se lo empezó a tomar con más ligereza. 

“Mira nena, el mundo de las citas en las aplicaciones es como un outlet, hay un pantalón sin botón, otro sin cierre y para encontrar algo más o menos bueno tienes que buscar y buscar en la pila”. Recuerda que entre todas sus citas, que han sido cerca de 70, sólo logró un vínculo duradero.

El primer encuentro con su match es en el mismo café todas las semanas, queda a unas tres cuadras de su casa y le acomoda, por si “es un psicópata o un hombre muy aburrido”. Las meseras ya son sus cómplices y observan con detención los movimientos y actitudes del candidato. Terminada la cita, la reunión para discutir opiniones es obligatoria. 

Para ella es muy importante que el hombre invierta en, al menos, el primer café. “Más que porque me invite o no, es porque no quiero un tipo que no tenga lucas tampoco, no me gustaría mantener a un tipo, me gustaría que sea un tipo que le vaya igual o mejor que a mí”, piensa.

—Lo mismo si vive con la mamá, el otro día conocí uno que estaba bastante guapo, pero vivía con la madre, no tenía hijos y  nunca se había casado. Le pregunté, ¿y viviste alguna vez con alguna polola? ‘No, solo a veces los fines de semana’. ¿Qué vas a hacer con un pibe así? No tiene nada de experiencia”. 

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