OHBOK: la historia de la familia coreana que se instaló en Chile y abrió un restaurante en Vitacura donde BTS se repitió el plato
Hace poco más de dos años, OHBOK abrió en plena avenida Vitacura un restaurante de parrilla coreana que tiene como pilar mantener las tradiciones de su país. Con parrillas al centro de la mesa, los comensales se reúnen para asar sus propios cortes de carne, envolverlos en hojas de lechuga, agregar acompañamientos y tomar soju. Uno de sus secretos mejor guardados es el kimchi casero, elaborado en el mismo local. Su sabor es tan auténtico que BTS lo visitó dos veces en una semana durante su estadía en Chile. Incluso, tras su último concierto, el restaurante cerró sus puertas al público para recibir a la banda y a todo su equipo.
Por Felipe Betancour 1 de Noviembre de 2026
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“¿En qué mesa se sentó BTS?”. Esa es la pregunta que más se escucha por estos días en OHBOK, el restaurante coreano ubicado en avenida Vitacura 7261. Su popularidad se disparó en redes sociales después de que trascendiera que los siete integrantes de la banda habían elegido el local para celebrar junto a su equipo el cierre de su visita a Chile. Hasta entonces, un pacto de silencio entre las ARMY había permitido mantener en reserva el lugar donde se reunían las estrellas del K-pop.
La celebración se concretó tras un inesperado llamado un sábado por la mañana. Querían reservar todo el restaurante para una fiesta de despedida y la solicitud incluía una condición: discreción absoluta. Si al llegar había fanáticos afuera, cancelarían la reserva. Aunque las camionetas negras con vidrios polarizados terminaron por delatar su presencia, las seguidoras respetaron el espacio y el festejo tras sus tres conciertos en el país se desarrolló sin problemas.
La relación de BTS con OHBOK, sin embargo, había comenzado unos días antes. La primera visita fue una sorpresa para la familia que administra el negocio: nadie sabía que los músicos llegarían a comer. Durante la comida pidieron más salsa, sopa y naengmyeon, un plato de fideos fríos. Al terminar, las fuentes vacías fueron la mejor señal de que habían disfrutado.
“Después pasé por la mesa y vi que todo estaba vacío. Entonces sentí que les había gustado”, recuerda Romina Kim, la mayor de las dos hermanas que trabajan al frente del local.
Al día siguiente llegaron algunos miembros del equipo. Aunque al principio fueron discretos sobre su vínculo con la banda, después de varias horas comiendo y tomando revelaron qué los había llevado hasta ahí: los propios integrantes de BTS les habían recomendado el restaurante.
“Nos dijeron que habían venido porque los chicos encontraron rica la comida. Les gustó mucho y nos prometieron que iban a volver”, relata.
La promesa se cumplió el sábado por la noche, después del último concierto en Chile. Esta vez llegaron los siete integrantes junto a su equipo: unas 120 personas, según calcula Romina. OHBOK cerró sus puertas al público para recibirlos. “¿Vieron que cumplimos nuestra promesa? Vinimos de nuevo”, les dijeron quienes ya habían visitado el local.

Para la familia, lo más emocionante fue ver a los músicos disfrutar con tranquilidad. Recorrían las mesas, compartían con su equipo, comían y servían soju. “Se sentía que estaban cómodos, como si estuviesen en un restaurante en Corea”, recuerda.
Un trabajo de tres generaciones
La visita de la banda fue un reconocimiento al trabajo de un negocio que reúne a tres generaciones. Quienes llegan a OHBOK pueden encontrarse con el abuelo, la madre —que también comparte sus recetas en la cuenta de Instagram del restaurante— y sus dos hijas, nacidas en Argentina, que se trasladaron a Chile cuando tenían 18 y 11 años. También trabaja Maxi Kim, el marido de una de ellas.
Antes de abrir el local en Vitacura, la familia recorrió un largo camino por Latinoamérica.
Esa historia comenzó en 1987, cuando Oh Bok Park emigró de Corea del Sur junto a sus cuatro hijos en busca de una nueva vida. Pasaron por Paraguay y República Dominicana hasta establecerse en Argentina, donde encontraron una numerosa comunidad coreana, concentrada principalmente en el barrio de Flores.
Allí nacieron Erin y Romina.
Erin Kim recuerda que esa presencia marcó su infancia al otro lado de la cordillera: la cultura coreana era parte de su vida cotidiana. En Chile, en cambio, se encontró con una comunidad mucho más pequeña.
La vida lejos de Corea no significó abandonar las tradiciones. Romina recuerda que los domingos, su único día libre, intentaba descansar mientras su mamá preparaba kimchi en la cocina.
“El olor se sentía por toda la casa. Había salsa de kimchi por todos lados y yo estaba limpiando. Eso fue lo que nos enseñaron desde chicas y por eso también amamos hacer kimchi”, cuenta.
Ese vínculo con la cocina familiar terminó por convertirse en un proyecto común. Antes de abrir OHBOK, hace dos años, la familia se dedicaba a importar ropa desde China y venderla en Patronato. En ese negocio también trabajaban todos.
“Estuvimos en eso hasta hace unos tres años. Como el negocio de la ropa empezó a decaer, decidimos cambiar completamente de rubro y abrir un restaurante coreano”, relata Romina.
Sentían que era el momento: el creciente interés por la cultura coreana les daba una oportunidad para concretar una idea que tenían desde hacía tiempo. Para preparar la propuesta, Romina viajó con su mamá a Corea. Allí comieron parrillada todos los días, recorriendo locales para probar y observar cómo trabajaban.

Erin y Romina Kim, la tercera generación que trabaja en OHBOX. Foto: Pedro Díaz – The Clinic
“Llegó un momento en que ya no quería más carne, quería una ensalada, pero seguíamos probando”, recuerda.
La principal conclusión del viaje fue que debían trabajar con buena carne. “No podía ser cualquier carne. El cerdo que traemos es de exportación; la panceta es de la misma que se consume en Corea”, explica.
La carne de vacuno, en tanto, llega desde Argentina. A su alrededor se disponen los banchan, pequeños platos de acompañamiento que se comparten en la mesa y que aportan distintos sabores y texturas a la parrillada. Entre ellos, el kimchi ocupa un lugar especial.
“Es como la marraqueta para los chilenos. Nosotros no podemos vivir sin kimchi”, dice Romina.
Aunque una de sus versiones más conocidas se prepara con col china fermentada, también puede hacerse con nabo, repollo, cebollín o cebolla. Su presencia en la vida cotidiana es tal, explica, que muchas familias coreanas tienen un refrigerador exclusivamente para conservarlo.
“Su conservación se toma muy en serio. Tiene que mantenerse a la temperatura correcta, porque si se fermenta demasiado cambia el sabor”, señala.
En su familia, el kimchi también acompaña las comidas que adoptaron en Argentina. Romina cuenta que sirve las milanesas de carne o de pollo con kimchi y arroz, una combinación que también recomienda para el asado. Su mamá y su abuelo, más apegados a las costumbres coreanas, incluso lo comen al desayuno.
En OHBOK lo preparan ellos mismos. “Creo que la base de un restaurante rico es hacer las cosas desde cero. El kimchi es muy importante en la comida coreana y hemos ido trabajando la receta con el tiempo”, dice Erin.
Pero la parrillada también recoge una forma de reunirse que las hermanas conocen desde niñas. En su casa no necesitaban ir a un restaurante para compartirla.
“Comprábamos la carne, preparábamos la ensalada de cebollín y las salsas, y usábamos una cocinilla de camping con una parrilla encima. Comíamos así una vez por semana”, recuerda Romina.
Esa experiencia es la que buscan llevar a las mesas del local: que la comida se prepare entre todos y que la visita sea una oportunidad para compartir.
“Si te preparas una parrillada coreana para ti solo, no sabe igual que cuando la comes con más gente. El panorama es compartir, estar con otros y jugar con la comida”, explica.
La propuesta encontró público desde los primeros días. Tras un comienzo con pocos comensales, una influencer visitó el restaurante y publicó un video que se hizo viral. Desde entonces, comenzó a llegar más gente y la apuesta familiar en Vitacura empezó a consolidarse.
“La gente ha estado muy abierta a experimentar una nueva dinámica para comer. No todos están acostumbrados a preparar su propia comida en la mesa, pero el recibimiento ha sido muy bueno”, señalan.



