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5 de Noviembre de 2026Desde Chile: astrónomos confirman que el “planeta bebé” Elias 2-24 b sería el más joven conocido
La articulación de observaciones milimétricas en el desierto de Atacama con óptica infrarroja en Hawái permitió penetrar la cortina de polvo circumestelar, corroborando un fenómeno de captura gravitacional directa que ayuda a explicar la génesis de nuestro propio entorno planetario.
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En la escala geológica y cósmica, un millón de años representa un simple parpadeo. Sin embargo, para la formación de un mundo gigantesco, ese breve lapso de tiempo parece haber sido más que suficiente. Así lo demostró ungrupo astronómico internacional encabezado por investigadores de universidades chilenas tras validar la existencia de Elias 2-24 b. Se trata de un exoplaneta situado a unos 450 años luz de la Tierra cuya edad no supera el millón de años.
Lejos de ser un cuerpo maduro o consolidado, el objeto se encuentra todavía inmerso en el denso disco de gas y polvo que rodea a su estrella progenitora, nutriéndose activamente de ese entorno primigenio para alcanzar una masa comparable o mayor a la de Júpiter. Desde Chile, astrónomos confirman existencia de un “planeta bebé” que sería el más joven conocido.
El estudio fue liderado por Andrea Bernardi, estudiante de doctorado de la Universidad Diego Portales e integrante del Núcleo Milenio YEMS, y contó con la participación del Dr. Sebastián Pérez Márquez, académico de la Universidad de Santiago de Chile, junto con un equipo de investigadores de instituciones de Chile, Estados Unidos, Bélgica, Francia e Italia.
“Cuando estudiamos un planeta como este, podemos observar procesos que en nuestro Sistema Solar terminaron hace miles de millones de años. Conocemos muy pocos planetas todavía en formación. Por lo que cada hallazgo es una oportunidad excepcional para poner a prueba nuestras teorías sobre cómo nacen los mundos”, explica el Dr. Sebastián Pérez.
En astronomía la expresión “planeta bebé” describe un mundo extremadamente joven que todavía está en formación y no significa que sea pequeño de tamaño. De hecho, Elias 2-24 b es un gigante gaseoso cuya masa se estima comparable o superior a la de Júpiter, aunque se encuentra aún al comienzo de su historia. “Elias 2-24 b se encuentra dentro del disco de gas y polvo que rodea a su estrella, y las observaciones sugieren que todavía está creciendo. La edad estimada del sistema es de un millón de años o menos, lo que implica que el planeta tuvo que alcanzar su masa actual en ese breve intervalo. Ese es uno de los aspectos más interesantes del hallazgo: nos permite poner a prueba cuán rápido pueden formarse los planetas gigantes” comenta Andrea Bernardi.
Identificando un exoplaneta
Un exoplaneta es un planeta situado fuera del Sistema Solar, generalmente en órbita alrededor de otra estrella. Detectarlo mientras todavía se está formando es especialmente difícil, pues su tenue luz puede quedar eclipsada por el brillo de la estrella u oculta por el material del disco que la rodea. Por eso, además de buscar la luz del propio planeta, las y los astrónomos estudian las huellas que puede dejar en su entorno, como brechas en el polvo y perturbaciones en el movimiento del gas.
La búsqueda de Elias 2-24 b comenzó con datos obtenidos desde Chile. Primero, el observatorio ALMA detectó una brecha en el disco de polvo que rodea a la estrella, posiblemente abierta por un planeta en formación. Después, el Very Large Telescope (VLT) identificó una débil fuente de luz dentro de ese espacio.
“No basta con encontrar un punto luminoso y llamarlo planeta. Tenemos que comprobar que la señal es real y que corresponde a un planeta en formación dentro del disco que rodea a la estrella. Para eso combinamos distintos telescopios y técnicas. Una de ellas consiste en estudiar el movimiento del gas del disco y buscar las perturbaciones que provoca un planeta. Hace una década contribuimos al desarrollo de este método, que hoy es una herramienta clave para buscar planetas en formación y que aportó evidencia para identificar a Elias 2-24 b”, explica Pérez.
La confirmación final llegó al sumar observaciones del telescopio Keck, en Hawái, obtenidas en 2018 y 2020. Al reunir estos datos con la evidencia previa, pudo confirmar la naturaleza planetaria de Elias 2-24 b.
Las próximas observaciones deberán precisar las propiedades de Elias 2-24 b y su movimiento alrededor de la estrella. Cada dato permitirá comprender mejor cómo crece este mundo y qué revela sobre un proceso que también dio origen.



