Archivos de autor dePatricio Fernández

Editorial: Sabio viejo v/s savia nueva

"Últimamente he visto a mucho ex revolucionario envejecido poniendo gritos en el cielo. Guillier le pidió a los miembros del Frente Amplio que “no desperdicien ni desoigan la historia” porque ha costado mucho llegar donde estamos. Y tiene razón. Es para llegar más lejos que debe perderse el miedo".

Editorial: Volver a pensar la izquierda

Con la aparición del Frente Amplio irrumpió una generación joven, pero no una izquierda nueva. Si la Concertación se pensó y fundó sobre las ruinas de la Revolución - de la UP, del Muro de Berlín y de la URSS -, es decir, al alero de “la medida de lo posible”, el frenteamplismo lo hizo al calor de las marchas y las asambleas, o sea, bajo el embrujo de los deseos redentores. Lo que para sus antecesores había sido un aprendizaje, ellos lo vieron como traición, y volvieron a cantar “Venceremos”.

Editorial: Qué hacer con el enemigo

Lo cierto es que el final de toda dictadura, apartheid o guerra civil, si la comunidad aspira a una democracia pacífica –incluso diría “progresista”- requiere de un pacto tácito que a algunos les resulta insoportable, de una compostura que puede llegar a confundirse con cinismo si no está fundada –como elogia David Rieff- en el olvido.

Editorial: La nueva izquierda

¿Cuál es el reto, entonces, de la nueva izquierda? En primer lugar, mirar de frente los fracasos de la vieja. Levantar la cabeza y condenar sus vicios autoritarios. Aceptar que el socialismo no es una alternativa en el mundo capitalista globalizado en que vivimos. Derrumbada la Unión Soviética –cuya órbita abarcó más de medio mundo- perdió todo sustento real, al menos hasta nuevo aviso.

Editorial: Venezuela o érase una vez la revolución

"En las protestas de los últimos meses han muerto 113 personas. Los abusos de la policía son escandalosos. La alianza entre el lumpen y el poder político ha llegado a niveles aterradores. Los esfuerzos por acallar toda oposición y tomar el control absoluto de los distintos poderes del Estado han sido groseros y evidentes. Este país, que a mediados de los años 70 tenía un ingreso per cápita parecido al de Suiza (aunque muy mal repartido), hoy tiene a gran parte de su población sin nada para comer y la mayoría de sus empresas cerradas".

Editorial: El terrorismo mapuche

Los que han llegado a la convicción de que al interior de un Estado sólo se reconocen individuos y no grupos con identidades que respetar tampoco serán de mucha ayuda en este entuerto, porque mientras ellos piensan aquello los miembros de esos grupos creen todo lo contrario, y en esa falta de reconocimiento encuentran el combustible para su combate.

Editorial: Parece juego

Ante una evidente ausencia de propuestas y proyectos capaces de seducir, la política chilena se halla abocada al fomento y la cosecha de descontentos. Cuesta ver lo que cada conglomerado quiere para el futuro y cómo espera conseguirlo, pero es nítida la tragedia que combaten, porque para que su no proyecto valga la pena, deben montarse sobre una situación intolerable.

Columna de Patricio Fernández en el New York Times: El fin de la Revolución cubana

Si hubo algo que definió siempre a la Revolución cubana, fue su enfrentamiento con los Estados Unidos. Por eso cuando Raúl Castro apareció en la televisión a fines de 2014 diciendo que restablecería relaciones diplomáticas con el imperio, movido en gran medida por la pérdida de la ayuda económica de Venezuela —que bajo el mando de Nicolás Maduro y con un petróleo en baja se sumergía en una crisis nunca vista—, lo que habíamos entendido por Revolución entró en su recta final.

Editorial: El Frente Amplio, más frente que amplio

Estaban llamados a ser los pulmones de un aire fresco, pero eligieron la cerrazón de los conventos. Hoy no es deseo y goce comunitarios lo que emana de esa generación que debía terminar con el enclaustramiento de la política de las últimas décadas, sino soberbia. Perdieron el sentido del humor. No se ríen de sí mismos. Creen saber demasiado más de lo que ignoran. ¡Ojalá vuelva a dudar! Y renazca esa fiesta bajo los paraguas, cuando en medio de la lluvia, nadie sobraba. Yo quisiera militar ahí.

Editorial: El Doonie no más

Agustín Edwards no sólo participó del Golpe de Estado, sino que puso el periódico que heredó al servicio de la dictadura pinochetista. Los grandes pliegos de El Mercurio cubrieron en las veredas cuerpos que más tarde desaparecieron, y al interior de sus páginas, en las noticias que no cubrió, muchos de ellos fueron enterrados. Pudo salvar montones de vida, pero optó por sacrificarlas. Nació para príncipe, pero a la hora de serlo, actuó como un cualquiera.

Editorial: La hora de la verdad

El gran problema del progresismo por estos días (porque todo muta a la velocidad del rayo), es que no tiene voluntad de triunfo. Cuando mucho, la necesidad de mantener o aumentar sus posiciones en el Congreso, pero no un camino de desarrollo confiable y articulado para el país. Tanto Guillier como Sánchez apuestan a la empatía, a la comprensión de los malestares y a la sustitución de las viejas mallas gobernantes. Encarnan un deseo de cambio y una voluntad democrática que no termina de formularse en propuestas concretas

Editorial: La discusión constitucional ninguneada

El hecho consumado es que nunca antes se había reunido tanta gente en Chile para conversar durante horas sobre el futuro de su comunidad. Procesos participativos de esta magnitud son escasísimos no sólo acá, sino en el mundo entero. Fue quizás el momento más luminoso del gobierno de Bachelet: mientras en las alturas debatían acerca de lo que la gente verdaderamente necesitaba y gastaban saliva en seminarios para entender a qué se debería la dramática ruptura entre las elites y la ciudadanía, la gente dialogaba en paz, haciendo alardes de una cordura que contrastaba con la histeria de sus dirigentes.

Editorial: Pequeños deseos

Y es que de pronto, si uno escucha al momierío, pareciera que las empresas hubieran cerrado y hubiera vuelto el PEM y el POJ, pero resulta que los mall siguen llenos de gente que se levanta temprano para pagar sus cuentas. Tampoco somos el país más pobre e injusto del planeta. Las marchas que hemos visto ya no son marchas obreras. Nadie grita “pan, trabajo, justicia y libertad”, como hacíamos años atrás.

Editorial: Los chantas

Hasta avanzada la dictadura de Pinochet, la clase alta no vivía en la opulencia. Las familias que lo hacían se contaban con los dedos de una mano. Los argentinos llegaban de vacaciones a Chile y las mujeres caían rendidas ante su cancha y su verso. Engrupían como los dioses. Acá vivíamos tan lejos y encerrados, que hasta la sinvergüenzura era discreta. El Chanta, en cambio, tenía un desplante admirable. Conseguía siempre volar sobre la media, así tuviera que zurcir sus chalecos y calcetines. Era el “agrandado” al lado del “apocado”.