Archivos de autor dePatricio Fernández

Editorial: La renuncia de Burgos

La tarea se le fue en collera a Burgos. Entiendo perfectamente que terminara agotado. No consiguió poner en regla a la familia del palacio, donde algunos cada tanto desaparecían al fondo de sus gabinetes, como quien se pierde en un hoyo negro. No creo suficiente la excusa de las diferencias ideológicas. La descomposición política del momento va más allá de eso. Es fácil hoy (y siempre) denunciar la ausencia de liderazgo, pero difícil ejercerlo. Como nunca en los últimos 30 años, cada uno corre para su lado. Ni siquiera Lagos o Piñera se atreven a lanzar sus candidaturas, porque ven el agua llena de lagartos, y se asustan.

Editorial: ¿Qué Pasa?

Todo indica que la querella es el resultado de una mujer molesta y ofendida, que optó por olvidar su indumentaria presidencial a la hora de interponerla, porque si la hubiera tenido más presente no le hubiera infligido esta rajadura. Como me dijo alguien: “antes debió enfurecerse con el hijo”. ¿O es que esperaba que la prensa de derecha no aprovechara el caso Caval para desacreditarla, mientras ella lleva a cabo reformas que detestan?

Editorial: La pastelera

Me ha tocado constatar en actividades culturales y diálogos de distinto tipo, en muy dispares ciudades de Chile, que la crispación de los discursos virtuales desaparece frente a frente. La gente no se grita, no se insulta, no se agrede en cuerpo presente, como sí sucedió hasta muy avanzada la Transición. La gobernabilidad se halla en crisis, pero no la convivencia.

Editorial: El espanto

Negar la mirada del otro, es la constante en la historia del abuso, no del amor. Pero el estupor inhibe la indignación. Yo tiemblo al imaginar el momento en que Nabila despierte, si despierta, y constate que el padre de dos de sus hijos le robó los ojos.

Editorial: El hombre bebé

La cultura que habitamos no parece dispuesta a aceptar a los hombres (o mujeres) bebé. Si acaso existe la enfermedad del infantilismo, así sea producto de una violación o cualquier otro abuso imperdonable, más vale que se trate y mejore, porque no hay piedad que la soporte. De allí que sea tan ofensivo, para esta comunidad empoderada, que políticos, millonarios o intelectuales de cualquier tipo traten a sus miembros como si lo fueran. Un hombre (o mujer) bebé no sólo espera que le den de comer en la boca, sino también que le digan cómo debe ser el país en que viva, porque él no sabe, porque se atora, porque es muy mañoso. Es un insulto muy grande que a un adulto lo traten como a un bebé, salvo que se trate de un trastornado o de un sinvergüenza.

Editorial: Aylwin

El gobierno de Aylwin no sólo fue el triunfo de la democracia, sino también una construcción política compleja que reunía dos mundos hasta hace poco enfrentados. Es cierto que en las calles ya se habían ido juntando antes, pero la DC de Aylwin había apoyado el golpe de Estado, y la izquierda cargaba un monte de muertos, torturados y exiliados producto de ese golpe. Su tarea era titánica: generar una democracia gobernable.

Editorial: Sueños y recuerdos de Nicanor

“Hay una que se salva: la Corura. Pero ésa es una novela aparte. Ella tiene una frase que yo repito todo el tiempo: ‘no si nooo’. Si tú le llamabas la atención por esto o lo de más allá, ella guardaba silencio y después contestaba: no si nooo. La historia de la Corura es cosa seria. También le decían ‘la Cutuma’, porque tenía la cabeza partida en dos. Cuando chica, los papás estaban discutiendo y uno de ellos pescó un cajón y se lo tiró al otro, y le cayó a la guagua, que era la Corura, la Yuquita, la Elba Brunilda Parra Sandoval.

Editorial

PRETÉRITO IMPERFECTO Avenida Cristóbal Colón Punta Arenas

Editorial: Ni pena, ni olvido

La monserga pinochetista contra “los señores políticos”, a los que se refería siempre como si fueran un grupo de patanes, apenas arañó su prestigio al lado de las causas judiciales en curso y de todas las noticias en que la plata y el poder se enredan.

Editorial: Anacronías

El pinochetismo cultural mantenía una fuerza inaceptable. Jackson, Boric, la Camila y Karol Cariola, en cambio, nacieron el año que terminó la dictadura. No llegaron para superar un régimen autoritario, sino un tiempo de reconstrucción. Sus contradictores son los que antes fueron los contradictores de Pinochet.