“Aunque siempre es mejor que esté nublado, como en la fotos”. Jorge González

Hoy, a las 22 hrs., empieza una serie chilena –adaptada de una española- en Canal 13 titulada “Los ’80”. Aunque desconozco todo acerca de ella, su promoción ha sido asociada a una batería de sentimientos luminosos, a cierto estado de inocencia y sencillez en el que éramos felices los que hoy sucumbimos por falta de espacio, dinero, tiempo y sentido en nuestras vidas. Lo único cierto de todo eso es que teníamos 20 años menos, y las estrecheces las acarreaban sobre sus espaldas nuestros padres, no nosotros. Pese a esto, hay un sentimiento que se me hace único más allá de las complejidades propias de la adolescencia, y es haber sido del NO.

Ser del NO era ser excepción y mayoría. Ir a concentraciones donde la gente se emocionaba genuinamente y sentía, por una vez en la vida, que existía el futuro y que la adaptación al miedo no era un estado normal. Ser del NO era una autorizada adolescencia para todo el mundo. Ser del NO era bueno y ser del SI era malo. Una simplificación que ingenuamente ordenaba el mundo despojándolo de complicaciones. Hace poco, buscando la trivialidad de una anécdota, le pregunté en una entrevista a Katherine Salosny cómo había caído en las redes del SI y participado en una campaña en la que nadie sensato quería dar la cara. Ella no quiso referirse al asunto. Sabía que no sólo había estado del lado equivocado, sino que del lado del mal, del terror, de la ignorancia, la estupidez y el mal gusto. Todo su mea culpa y honesta búsqueda posterior no le habían servido para superar el tema y hablar de él con soltura, distancia y propiedad.

A 20 años del triunfo del NO en el plebiscito, nuestras vidas se abandonaron al trajín de la costumbre, a las buenas y malas pasadas del destino, a quedar “anclados en los de hoy”, citando al uruguayo Leo Masliah. Las imágenes se tornan borrosas y deslavadas, y cobran ese halo de irrealidad que envuelve al pasado que ya es lejano. Se nublan y nos dan la impresión de que antes eran menos los colores, aunque sea un arco iris el símbolo de nuestra abortada esperanza.

Campaña del No

Campaña del Sí

Por Alvaro Díaz