POR CARLA CELIS Y JORGE ROJAS • IMAGEN: MATÍAS SOLAR*• FOTOS ALEJANDRO OLIVARES

Hace unas semanas, buscando a las víctimas del alud de Farellones, emergieron del río otros cuerpos que nada tenían que ver con desprendimiento. Esto, porque en el Mapocho, además de caca, guarenes y gaviotas, viajan muchos objetos, desde animales muertos hasta lavadoras, e incluso sillas de playa. Lo que antes era un surtidor de agua potable, se ha transformado en una cloaca gigante, en la casa de niños abandonados, y fuente de infecciones para quienes se atreven a sumergirse en sus aguas. Ojo, que cada litro de agua del Mapocho tiene un millón de bacterias de caca.

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“Antes había poca caca y uno no salía tan hediondo, por eso nos bañábamos. Allá nos bañábamos y pescábamos guarisapos, pero ahora ni eso hay. Lo único que se puede pescar hoy es pura caca. Ni cagando me volvería a bañar en el río, ni dejaría que mis hijos lo hicieran, porque el Mapocho es la cloaca abierta más grande del mundo”.

Durante la Colonia el río Mapocho fue la principal fuente de agua potable de Santiago. El torrente llegaba a una pila que estaba en la Plaza de Armas, la misma que hoy está en el Patio de los Cañones en La Moneda. Desde allí los aguateros salían a vender el líquido. Más de dos siglos después, si hoy usted hiciera lo mismo y metiera un vaso al Mapocho y se tomara el agua, ni siquiera se imagina lo que tomaría. Peor, de seguro que termina enfermo o muerto, porque según los últimos estudios de Aguas Andinas y de la Dirección General de Aguas, el Mapocho trae un millón de moléculas de caca por cada litro de agua, llegando incluso a la asquerosa cifra de dos millones de moléculas en el sector de Rinconada de Maipú.

No sólo eso. El mismo litro de agua trae además 80 milígramos de sólidos suspendidos, 20 milígramos de grasas y aceites, 5 milígramos de hierro, 1 milígramo de cobre, e incluso manganeso, molibdeno, zinc, aluminio, arsénico y plomo en cantidades menores al gramo por litro. No es lo único. Lo que no se puede tomar en el agua, usted lo puede ver arrastrarse río abajo por el torrente. Allí va la basura doméstica que la gente bota al río y los químicos que las fábricas desaguan.

-El río trae de todo. Hace poco pasó un refrigerador antiguo que quedó al medio del agua, en las pequeñas islas que se forman. A veces pasan neumáticos, muebles viejos, televisores y ropa -cuenta Víctor Manuel Pavez, un ex arenero de Cerro Navia.

El cauce también lleva animales. Vivos y muertos. Pero claro, no son las mismas truchas que hasta 1810 se podían pescar en el lecho.

-En el río andan ratones como de 30 centímetros y con una cola del doble de su porte. Esas weás corren y le saltan en la cara a las personas. De hecho nosotros nos agarramos a combos con los ratones, le pegamos un puro cacho y salen a la cresta -cuenta Yesenia, una niña que vive bajo los puentes del río en el centro de la ciudad.

El Pato, un hombre que se ha pasado sus treinta años en la ribera del Mapocho, en la población El Montijo de Cerro Navia, asegura ser un privilegiado. Según él, nunca ha visto ratones. Sólo animales bonitos que nadan en el agua.

-Acá en el río se ve cualquier flora y fauna. El otro día estábamos con unos amigos y había una fauna que no era conejo, ni guarén, ni gato, ni perro y que tenía una cola tremendamente larga. Era una mezcla bonita de muchas cosas. Tenía como un parentesco a un zorrillo y con cara de ardilla -cuenta el Pato.

Pero, también colabora a que el río arrastre basura. Con sus sobrinos van todos los días a tirar madera al cauce, la misma que sus vecinos van a botar a la ribera.

-Yo les enseño a tirar piedras y cholguán para que sean vivarachos. Antes veníamos como con ocho amigos, nos dividíamos en grupos y jugábamos a los comandos en el río. Nos sacábamos la cresta y después nos íbamos para la casa -dice.

Patricio Villarroel, de 36 años, otro vecino de El Montijo, recuerda que no sólo se hacían guerras de piedras. También se bañaban.

-Aprendí a nadar acá en el río, flotando en planchas de plumavit que encontraba en la orilla. Antes esto era puro campo y habían muchas plantaciones de árboles frutales en la ribera norte y mis amigos cruzaban el río nadando y se iban a robar fruta para comer y vender -cuenta.

Y agrega:

-Antes había poca caca y uno no salía tan hediondo, por eso nos bañábamos. Llegando a Américo Vespucio había unas lagunas de agua estancada que se quedaban allí por las crecidas. Allá nos bañábamos y pescábamos guarisapos, pero ahora ni eso hay. Lo único que se puede pescar hoy es pura caca. Ni cagando me volvería a bañar en el río, ni dejaría que mis hijos lo hicieran, porque el Mapocho es la cloaca abierta más grande del mundo.

La caca en la que se bañaba Patricio proviene de las 21 descargas de alcantarilla que caen al río. Las mismas que hoy Aguas Andinas está desviando a un tubo de 28,5 kilómetros que llega a una planta de tratamiento.

-Ahora como llovió quedó todo cochino, pero cuando el río va normal se limpia. El otro día vimos pasar dos balones de gas flotando. El Mapocho ya no trae nada bueno. Está muerto hace tiempo -concluye el Pollo, otro ex arenero.

LO QUE LLEVAN LAS ALCANTARILLAS

Las alcantarillas que llegan al Mapocho, cuenta un experto en el mundo de las cloacas reales, muchas veces son ocupadas como basurero. Por los tubos de Quilicura, Maipú, Pudahuel y Quinta Normal, dice, muchas veces no sólo viaja la caca, sino también los desperdicios domésticos, desde lavadoras y sillas de playa, hasta joyas. Son estas cosas las que muchas veces van a dar al Río Mapocho.

-Hemos encontrado somieres antiguos, marcos de puertas, muchos trapos, basura, perros muertos o lo que quedaba de una máquina de cortar pasto -dice.

La basura, explica, tiene mucho que ver con el sector de Santiago por donde pasa el río.

-En el barrio alto no se ve el mismo tipo de basura que en los sectores más bajos. Ahí encontramos muchas raíces, porque hay muchos jardines. Allá, también se obstruyen los ductos con papel higiénico y pañales de guagua. También encontramos anillos, gargantillas y relojes. En cambio, cerca de La Pintana o Renca encontramos fetos, cuchillos y cortaplumas. Lo otro que aparecen son celulares inservibles, escombros y palas. Además, por ejemplo, en los ductos de gran diámetro, si se cae alguien ya nunca más lo sacas, y hay que ir a buscarlo a La Farfana.

Pero la mayoría de los cuerpos no llegan a la Farfana. Algunos ni siquiera son encontrados, o quedan atrapados en algún lugar del Mapocho o se van directamente al mar para, en ocasiones, perderse para siempre. Otros, con mejor suerte, aparecen cuando ni siquiera los están buscando.

CUERPOS EN EL RÍO

Patricia Ramírez Orellana, una mujer de 52 años de Macul, fue uno de esos cuerpos con suerte. Ella desapareció de su casa la noche del sábado seis de septiembre y carabineros la encontró muerta al día siguiente. Su hallazgo fue casual. La policía rastreaba el río buscando a los desaparecidos del alud del camino a Farellones, cuando se toparon con su cuerpo. Patricia sólo traía zapatos y ropa interior, y el río la había dejado encallada en un islote a la altura de General Velásquez, en Quinta Normal.

Patricia Ramírez se había suicidado y su familia había presentado una denuncia por presunta desgracia en la comisaría de Macul porque temían que algo hubiera hecho. Tenían razones de sobra para pensar que estaba flotando en las aguas del Mapocho, porque el cadáver de su madre, veinte años antes, también había sido encontrado en el río a la altura de Santiago Centro, luego de que se lanzara al Canal San Carlos, cansada de los abusos de su esposo.

Patricia, su madre, y decenas de personas más cada año deciden tirarse a las caudalosas aguas. En lo que va de año, ya son nueve personas. En el caso de Patricia, la explicación de sus motivos es terrible. Cuando se suicidó, tenía una hija con cáncer, su esposo la había abandonado un par de años antes, sufría el síndrome del túnel carpiano, una enfermedad a los músculos de las manos que le impedía trabajar, y aunque tenía una pensión de invalidez, vivía en la misma casa junto a su hermana y sus ocho hijos.

-Me da pena ver el Mapocho. Mi mamá sufrió mucho por mi papá y se fue a tirar al río. Mi hermana no quería ser una carga para nadie y se lanzó al Mapocho. Yo quería tanto a mi hermana y también a mi mamá, que no sé cómo voy a vivir ahora… No he salido de la casa, pero cuando tenga que pasar por la orilla del Mapocho y acordarme de las dos va a ser muy terrible – dice Nadia Ramírez, hermana de Patricia.

Y agrega:

-Yo odio el Mapocho… yo sé que el río no tiene la culpa de que mi mamá y mi hermana hayan muerto ahí, porque mi hermana tenía depresión declarada y mi mamá sufría violencia matrimonial, pero es triste cuando pienso que las dos murieron de esa forma tan tremenda.

Al día siguiente de encontrar el cuerpo de Patricia, fue rescatado el de Ricardo Reyes Madrid (42), desde el canal San Carlos, en el sector de Tobalaba con Larraín. Él, un indigente de La Reina, cayó accidentalmente al río, no pudo volver a la orilla y el torrente se lo llevó. Una semana antes, una pareja de amigos, que esperaba para cruzar en el puente Purísima, fue atropellada y ambos cayeron al Mapocho.

La historia de los cuerpos del Mapocho es antigua. Ya en 1923 Santiago se estremeció cuando la suplementera Rosa Faúndez mató y descuartizó a su esposo Efraín Santander, y lo tiró por partes al río. Una pierna del difunto apareció en las rejas de las cajitas de agua de Plaza Italia, que tenían como función limpiar el alcantarillado de Santiago. El resto del cuerpo fue apareciendo por partes en el torrente.

En 1973, tras el golpe, cientos de cuerpos bajaron por el Mapocho.

-Acá para el 73 mandaron a botar los muertos al río, incluso una vez cuando niño estaba jugando en la tierra con unos autos y los quería enterrar y apareció pelo y ropa de un muerto -recuerda el Pato, vecino de El Montijo.

El historiador Gonzalo Piwonka, que se ha dedicado a estudiar las aguas de Santiago, tiene una teoría para explicar por qué la gente bota cosas y muertos al Mapocho.

-Por tradición la gente tira la basura, desde papeles, muebles y animales o personas muertas al río porque la gradiente del Mapocho hace que las aguas corran con rapidez. De hecho hay textos de los cabildos donde se reclamaba por el exceso de basura que llevaba el río -recuerda.

LOS PELUSAS DEL MAPOCHO

Pero al río no sólo caen muertos. Desde hace décadas niños y adultos han ocupado la ribera y los puentes para instalarse en caletas y vivir bajo la ciudad.

Ademar (16) es uno de ellos. Está sentado sobre una lavadora que la crecida del río dejó en la ribera.
En una mano tiene un cigarro y en la otra una botella con bencina. Dice que le gusta mirar el río cuando está volado.

-En el río hay weás nuevas. Escuchai la naturaleza, a las personas muertas que se llevó el río y veo las golondrinas -cuenta.

Él vive con dos amigos: el Daniel y Yesenia, a quien le dicen la Princesa. De chicos que están juntos y el último tiempo lo pasaron junto al “viejo Gatica”, un hombre que ha estado toda su vida en Loreto y que hace dos semanas fue sacado por Carabineros de allí. Ellos hoy viven en el Puente del Arzobispo.

-En el río yo paso las penas y las rabias. El Mapocho me crió, me enseñó a leer y a escribir, porque siempre iba mirando lo que otros escribían en los puentes -cuenta Daniel.

A él, el Mapocho también le enseñó a sobrevivir.

-Acá tení que saber sobrevivir porque si no te cagai de hambre. Si tú veni llegando recién al río tení que aprender a mirar cómo machetea la gente, después de eso tení que aprender a robar y así te salvai -dice.

Su amiga Princesa se educó igual que él. Entre los dos acumulan más de 40 detenciones por hurto, robo con intimidación, por sorpresa e incluso un homicidio frustrado. Pero -dicen- que no todo es tristeza en el Mapocho. También se pasa bien.

-Con la Fundación Abrazarte actuamos en una obra de teatro y lo pasamos bien. En el río los carretes son buenos, escuchamos música en el celular, ésa de Camela y Los Chichos, la que cantan los choros en la cana. También fumamos marihuana, tomamos copete, aspiramos tolueno, pero menos bencina ni pasta, porque eso te echa a perder. Te mata -cuenta la Princesa.

Pero a veces las cosas también terminan mal.

-Una vez estábamos volándonos con bencina y un cabro prendió a otro cabro. El loco se tuvo que tirar al río para salvarse. Es que hay machucados que son veleidosos. Estas peleas se generan por la envidia, porque uno tiene un celular mejor que el de otro y ellos quieren tener el mismo, pero no
pueden porque no saben robar bien -cuenta Daniel.

Daniel agrega, además, que muchos ya se están saliendo del Mapocho porque los pacos les botan las frazadas al río. Pero Ademar, Daniel y la Princesa quieren seguir viviendo bajo los puentes, aunque temen que si gana Piñera el Mapocho se vuelva navegable y terminen sacándolos definitivamente de allí.

El historiador Gonzalo Piwonka no cree que eso sea posible.

-El río Sena de París y el río Támesis de Londres eran tan sucios como el Mapocho en el siglo XIX. Pero es imposible que hoy el Mapocho sea navegable. Los torrentes no pueden ser navegables, porque es como querer hacer navegable una ducha. Además los costos son altos y nadie va a ir a un río que tiene un color café, por el barro que trae desde el Maipo.

Los cabros del Mapocho coinciden con él. Y dicen que no se van a mover nunca de allí. Para ellos el río es como su madre.

-Para mí es mejor vivir en el río que en la ciudad. La ciudad es como el hoyo porque la gente nos apunta con el dedo porque dice que somos ladrones y los pacos nos pegan. En cambio, el río es el único lugar donde nos podemos esconder -concluye Princesa.

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*Matías Solar artista visual y grafitero actualmente expone “The Leñadores Project” en Salacero Galería Animal, Alonso de Córdova 3105.Vitacura. www.matiasolar.com