THE CLINIC PRESS
Ollanta Humala, cacique del Partido Nacionalista de Perú, quiere que el gobierno de Chile imite a la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, quien acaba de terminar su visita oficial a Perú con un acto de desagravio.

El gesto de Fernández busca reparar el daño causado por la venta irregular de armas a Ecuador, durante la guerra fronteriza en el Cenepa, ocurrida en 1995. Entonces Argentina, al igual que Chile, era uno de los países garantes de los acuerdos limítrofes entre ambos países andinos.

El tráfico de armas argentinas ocurrió en el especialmente corrupto período del presidente Carlos Menem, cuyo nombre ha sido asociado insistentemente con el negocio.

“Chile tuvo la misma conducta (que Argentina), vendió armas a Ecuador siendo país garante. Creo que también debiera hacer lo mismo”, declaró Humala a una televisora local, a propósito del gesto argentino. Ollanta no hizo referencias a la posibilidad de que Chile estuviera en estos momentos preocupado de otros asuntos, a raíz del cataclismo que asoló su territorio.

El tráfico chileno ocurrió en la administración de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, cuando Augusto Pinochet aun era comandante en jefe del ejército. El nombre del fallecido dictador fue implicado insistentemente en las investigaciones judiciales que se abrieron a raíz de la venta ilegal, que se realizó desde Fábricas y Maestranzas del Ejército (Famae). Los ministros instructores de las causas contra Pinochet investigaron repetidamente la relación existente entre las millonarias cuentas internacionales del dictador y estas operaciones.

El 2005, el entonces ministro de Defensa, Jaime Ravinet, quien ha vuelto a ser designado en el cargo por Piñera, bogó para que se cerrara el caso.

En 1995 otro país, EEUU, vendió armas a Ecuador en pleno conflicto, pero lo hizo abiertamente, con acuerdo del senado federal.