Como director del principal museo de nuestro país, el MNBA, Ivelic ya es mayor de edad: lleva 18 años en el cargo. Por estos días, corre un rumor que dice que no seguirá más y que lo reemplazaría Justo Pastor Mellado, algo que Ivelic desmiente (“estoy confirmado por los próximos años por este gobierno”), diciendo que llamó al mismísimo Mellado para preguntarle del cahuín. Hablamos de su gestión en el museo -no muy bien remunerada, dice-, de su labor evangelizadora con empresarios para acercarlos al mundo del arte y de algunas polémicas que ha tenido en el último tiempo.

Cuando llega a trabajar al MNBA en 1992, ¿cuál era el panorama artístico nacional?

-Era muy débil. Había una imagen internacional muy contraria al régimen de Pinochet, que hacía que los artistas no tuvieran ningún interés en venir a Chile. Se hizo un esfuerzo muy grande para que la gente entendiera que la dictadura había terminado y que estábamos en democracia, que la situación había cambiado radicalmente y por lo tanto no había ninguna dificultad en venir. Fue un período difícil, complicado y largo, pero logramos que el museo se asentara bien. Por eso, realmente, ser director de una institución cultural no puede durar un año ó dos ó seis…

Sino que 18 o más.
-Jajaja. Tienes que planificar con mucha anticipación. Por ejemplo, si fueras un artista y me dices que quieres exponer en el museo, independiente de la calidad de tu trabajo, te digo que sí, pero en cuatro años más.

Ene tiempo.
-Así es. Queremos evitar problemas que a veces ocurren, como cuando no se pudo hacer una exposición en el momento fijado porque el artista no había finalizado su obra. Para evitar eso, fijamos las exposiciones con años de anticipación.

Esa anticipación me imagino que también es para evitar problemas, como cuando Papas Fritas hizo una escultura suya donde lo mató, la que entiendo que a usted no le gustó mucho…
-No me sorprendió para nada que hiciera una obra conmigo, aunque no sabía que me iba a matar. Pero, conociéndolo, era factible que sucediera una cosa como esa. Uno lleva muchos años de circo y esas cosas no molestan. Ya en esta época de mi vida desdramatizo todo para vivir tranquilo.

Más allá de eso, ¿cuáles son los criterios que usa para elegir quién o no expone?
-No le pregunto a los artistas de dónde vienen, cuál es su color político ni en qué universidad estudiaron. El artista cuando viene, viene con su obra. A ninguno le pido el diploma. Vale la calidad de la obra. Eso se valora.

Hace poco, el artista Guillermo Tejeda se enojó con usted. Lo trató hasta de Franco por no dejarlo mostrar unas acuarelas con dibujos de penes.
-Bien enojado estaba. Está bien si él se enojó. Había unas obras que, por prudencia, me pareció inconveniente que se situaran para una realidad nuestra, sobre todo el mundo escolar… Me pareció una medida de prudencia. Él aceptó.

Uno de los argumentos de Tejeda fue que en otros museos igualmente mostraban penes, como en el Centro Cultural Palacio de La Moneda, donde se exhibían penes precolombinos a vista y paciencia de ministros, diplomáticos y hasta del propio Presidente y la Primera Dama.
-Sí, claro, pero esos (penes precolombinos) estaban incorporados al mundo de la cultura. Pero no están incorporadas al mundo de la cultura ciertas obras…

¿Pero usted vio en las obras de Tejeda pornografía, algo así? Porque no me explico su criterio en pleno siglo XXI…
-No tanto como eso. La vi como un elemento desorientador en la mente de los jóvenes. Nada más que eso.

Por su criterio, usted puede quedar como censurador.
-Sí, es cierto. Pero bueno, es un costo que asumo.

“NO SOY CABRO CHICO”

¿Se imaginó que estaría 18 años ocupando el mismo cargo de director del MNBA?
-Ni idea. Cuando me hice cargo del museo pensé que un tiempo prudente eran seis años porque, por lo que te dije antes, había que proyectarse, programar… Pero no he sido el que más ha estado en el cargo. Luis Vargas Rosas estuvo 20 años. Así que espero, no sé… jajaja.

¿Romper el récord?
-Espero superarlo. Pero no creo. Como te digo, pensé quedarme seis años, pasaron los seis años y me fui quedando y quedando… y nadie me dijo que me fuera. Y la verdad es un trabajo que me encanta, sino no estaría aquí.

¿Y se ha imaginado qué cosa haría si un día no está aquí?
-¡Ufff! Es fregado para mí. Porque no soy tan cabro chico. Tengo 74 años. Entonces, naturalmente, tendría que hacer otras cosas. Me gustaría dedicarme más a la escritura sistemática, porque ahora no tengo el tiempo de hacerlo. Y eso quiero recuperarlo.

Tengo entendido que usted presentó su jubilación, la que fue aceptada en la Dibam. Incluso, se dice que su sucesor sería Justo Pastor Mellado.
-No he presentado nada. Conversé con Justo para preguntarle acerca de los rumores que corrieron, pero no eran verdad.

¿Lo llamó por teléfono por el rumor? ¿Y qué hablaron?
-Había escuchado que él había dicho que estaba disponible para ocupar mi cargo si se lo pedían. Lo llamé para preguntarle y me dijo que no era cierto ese rumor. Lo que sé es que estoy confirmado por los próximos años por este gobierno. Nadie me ha dicho lo contrario. Así que me puedo ir cuando quiera. Puede que me vaya en un tiempo más, eso sí, pero sería por una decisión personal.

¿En cuánto tiempo más tiene pensado retirarse? Usted me da a entender que no cree que llegará a los 20 años en el cargo. Así que le queda poco…
-No lo sé. Yo estoy contento, me sigue gustando lo que hago y soy feliz…

¿Pero le gustaría que lo reemplazara Justo Pastor?
-No te responderé una cosa como esa, me supera. Porque puede llegar cualquier persona y se puede prestar para cosas…

¿Pero hay alguien que le gustaría que lo reemplazara o cree que usted es el único?
-Espero que la persona que me siga respete mis avances y el programa hecho hasta el 2013. No puede ser que venga un director y haga borrón y cuenta nueva. Tiene que respetar lo que hizo Milan como director. Es un compromiso institucional y no personal. Me gustaría que fuera alguien cercano al trabajo del museo. Podrá hacer alguna modificación mínima, pero no cambiar lo sustancial del calendario, para que el museo no quede en una situación desagradable. Yo le respeté la calendarización a Nemesio Antúnez (el anterior director de MNBA) y no hubo escándalo por eso.

Más allá de si se va o no, ¿cómo evalúa sus años a cargo del museo?
-Pucha, no me preguntes eso a mí. Pregúntale al público, a la gente. He tratado de hacer lo mejor que puedo y ser muy profesional. He tratado que el museo tenga una imagen pública muy digna. Y eso creo que lo he logrado.

¿Y se ha hecho algún mea culpa?
-Siempre me estoy evaluando. Siempre me he puesto metas altas en mi vida, y por lo tanto hacer las cosas bien me resulta natural. Siempre he dicho que hay que ser profesional en cualquier cosa, por muy mínima que sea. Trato de no cometer errores nunca. Para mí errar no es humano.

LEPPE

¿Qué opina de que Carlos Leppe haya apoyado a Piñera? ¿Cómo ve que artistas combativos de la dictadura se abuenen con la derecha?
-Ese es un problema de ellos, no mío. Ellos verán. No me meto en la vida de los demás. Si los demás tienen una postura frente a la realidad, a la política, al poder, a la vida, es un problema de ellos. Qué importa mi opinión: nada.

¿Pero usted se daría vuelta la chaqueta de un día a otro?
-Yo no tengo militancia política, no pertenezco a ningún partido y nunca lo haré. Soy absolutamente autónomo desde todo punto de vista. Creo en los derechos humanos, la libertad, la democracia y estaré siempre al lado del gobierno que respete eso. Y punto. Pero nunca en mi vida me he sentido unido a una institución política. No creo en los políticos. Hay mucho interés creado.

A propósito, ¿cuál es el gobierno que ha hecho más por el arte chileno desde que usted está en el museo?
-En general, desde Aylwin hasta acá, se ha mantenido la tónica de una presencia distante. La cultura no ha sido un eje fundamental en la programación gubernamental. Quien más estuvo cercano al museo fue Ricardo Lagos. Estuvo presente en el museo en diversas actividades asistiendo como invitado. Siento que en él había una preocupación mucho más cercana con el mundo de la cultura. En eso no me cabe duda. Con Bachelet la cultura no fue un eje gravitante porque se optó por lo social.

¿Y cómo ve el panorama ahora con Piñera?
-Con actitud expectante. Es muy difícil poder precisar un juicio categórico respecto a eso. Espero que haya una voluntad política, de apoyo, a las actividades culturales. Hasta el momento, el Presidente se ha demostrado muy interesado en ampliar el museo. Y lo ha planteado públicamente. Eso me parece muy positivo e interesante.

LA TV Y CULTURA

¿Qué rol cumple el museo en un país como Chile, donde la TV y la farándula reemplazan a la cultura?
-Ese es uno de los problemas graves que tenemos en nuestro país. Y me provoca un profundo malestar ver eso que influye en que el museo esté como está. Si tú comparas el sueldo de un animador de televisión con el mío, es increíble, casi rayando en lo absurdo. Es un descalabro valórico.

¿Sí? ¿Cuánto gana?
-Nadie cree. ¡Un millón 600 mil pesos! Si empiezas a mirar los sueldos, al mismo nivel de la administración pública, son muy superiores. Ningún director de museo en América Latina gana eso. Los presupuestos que hemos tenido han sido bajos desde siempre. No solamente en éste, sino que en el anterior gobierno también. Siempre. Todo el personal que trabaja está muy postergado en materia de sueldos. Creo que debe ser uno de los más postergados de la administración pública. Pero volviendo a la pregunta, en Chile no están las alternativas para que nuestro pueblo se cultive. Y eso me preocupa poderosamente. Está claro que hay un vacío tremendo en programas culturales. Cuando recién asumí como director del museo, fui a conversar con todos los directores de canales de TV, para decirles que por qué no me daban una vez al mes un minuto en el noticiario central para hablar sobre la cultura. Hasta el día de hoy, que han pasado 18 años, no ha pasado nada.

Ahora con Piñera, que aún no vende Chilevisión, podría ir a pedirle un programa…
-Jajaja, esa cuestión habría que cambiarla entera. Me encantaría ser director de un canal de televisión. Sacaría todo. Cambiaría mentalidades, que se entienda que los canales de televisión son de servicio y no de autoservicio, que deben favorecer al ser humano en toda su integridad. Y eso no significa ponerse seriote, no, pero sí hay que entender que la TV puede cambiar la forma de vida, algo que no hace hoy.

Usted se ha quejado del bajo presupuesto que tiene el Bellas Artes. ¿Qué le gustaría haber traído a Chile y no pudo por falta de plata?
-Muchas cosas. Una pintura del impresionismo francés, que espero traerla algún día. A Giacometti, que estaba listo y falló a última hora por fondos. Todas las exposiciones las financia la empresa privada. Felizmente, tengo buena relación con la empresa privada. Nunca me han puesto objeciones. Y tampoco las aceptaría. Ahora tengo dos ofrecimientos, que no sé si los podré concretar: una de Miró y otra de Modigliani. Ojalá podamos traerlas si los costos no nos superan. Tengo que salir a buscar apoyo. No deja de ser complicado. Yo voy a hacer misiones con el empresariado. Soy evangelizador.

¿En qué consiste eso?
-Trato de convencer al empresariado de que el arte es bueno. De todas maneras, he logrado mantener un financiamiento externo que nos hace tener exposiciones permanentemente. No todos los empresarios son de mate duro. Hay una visión muy sesgada respecto al mundo empresarial. Porque hay gente empresaria muy culta, ligada al mundo del arte.

ARTE CHILENO

¿Existe un arte inconfundiblemente chileno? ¿cuál sería?
-A estas alturas, no. El arte hoy día está en un mundo global, internacional, cosmopolita. En el siglo XIX uno podía distinguir, particularmente en relación con la pintura de paisaje o con la pintura de costumbre, situaciones que son locales. En general, hoy día el artista no está destinado a describir una situación local, sino que plantear problemas universales.

También se ha vuelto más hermético.
-Eso no se puede negar. Quizás ese hermetismo tenga la complicidad del propio artista. Pero a lo mejor no, porque puede ser el producto de un público no habituado a comprender un arte que se aparta de lo mimético, de la representación, de la imitación. Y esa es una característica típica del arte del siglo XX y de lo que va del siglo XXI.

Se le echa la culpa al artista de por qué se puso tan complicado.
-Claro. Pero muchas veces es la gente que no entiende y no trata de entender tampoco. La gente también debiera intentar ingresar a un diálogo con la obra. Y esa es una cosa muy personal. Hay una actitud conformista del público, en el sentido de que aprecia o trata de entender aquello que ya conoce. Pero no se toma el esfuerzo de tratar de entender lo más desconocido que le plantea el artista.