Foto: Alejandro Olivares

Carmen Berenguer (1946) viene saliendo de un cáncer de mamas muy agresivo que la mantuvo fuera de las pistas el año pasado y que la dejó sin su característica cabellera larga y negra con mechón blanco en la frente. No sabe cómo sobrevivió a un cáncer que no tenía buen pronóstico. Se le vino la muerte encima y no dejaba de pensar en ella. “Lo único en que uno piensa era en la muerte. Y decía ‘esta comida que me estoy comiendo puede ser la última, los amigos que tengo son los últimos que voy a ver’. Todo tiene un plazo. No pensaba en nada más. Ni siquiera me afectó que se me cayera el pelo”, dice.

Resistió estoica. Y no se echó a morir. No estuvo ningún día acostada. Prefería salir a dar una vuelta por su barrio en Plaza Italia.

¿Cómo soportabas y soportas en Plaza Italia el olor a lacrimógenas?
-Cierro las ventanas, cierro todo, e igual llegan los olores. Las lacrimógenas deberían estar prohibidas, son terribles.

¿Y no vas a las marchas de repente?
-No, porque soy asmática. Antes fumaba como condenada, pero ahora dejé de hacerlo por la enfermedad.

¿No te dan ganas de fumar a veces?
-No, fíjate. Tampoco me molesta que fumen al lado mío. Es que odio las prohibiciones.
Eso sí, cuando le venían fuertes dolores, cuenta, los calmaba con la ayuda de la marihuana, que le hizo la enfermedad más llevadera.

¿Te pusiste a fumar por la enfermedad?
-De antes. La marihuana es milagrosa para enfermedades como el SIDA o el cáncer. Yo, que tuve cáncer, lo sé perfectamente bien. Hay gente que necesita fumarla porque, por ejemplo, no come. Y la marihuana te da apetito. Eso te hace enfrentar, entre otras cosas, mejor la enfermedad. Te relaja, te disminuye el dolor, te hace comer. Es un buen remedio. No creo que la marihuana sea peligrosa, debería ser considerada como medicina.

¿Sólo eso?
-Por lo menos a mí, me abre los sentidos. No me siento tonta ni estúpida. Hay una cosa de persecución a la gente que la fuma y no es más que ignorancia. No es una droga dura. Por favor, no le pongan color.
Ahora que el cáncer está superado, Berenguer tiene, afirma, cuerda para rato. Acaba de ser elegida presidenta del SECH y de publicar “Maravillas Pulgares”, una serie de poemas que comenzó a escribir antes que muriera su mamá en el 2003, que continuó escribiendo durante el cáncer y que hablan de la importancia del pelo.

Tu pelo era quizás lo que más llamaba la atención de ti… ¿cómo fue perderlo?
-Cómo nos cambia la vida. Yo siempre he sido tan radical para mis cosas. Un día con harto pelo y después nada: quedé pelada. Pero antes me hice todos los peinados habidos y por haber. Hasta un afro me hice con la media champa que tenía… Hasta el moño nido me hice.

¿Cuál es ese ?
-Uno bien escarmenado que se puso de moda en los ’60. Una vez una niña chilena murió porque no se lavó el pelo. Pasó una semana con el famoso peinado nido, porque era espantoso desarmarlo, así que lo usaba semanas. Bueno, y se le anidaron unas arañas en el peinado y murió… Desde ahí nunca más usé ese peinado. Me dio pánico. Para mí, el pelo significa mucho. Tengo hartas historias con el pelo.

¿Por ejemplo?
-Cuando estaba en colegio de monjas, a ellas no les gustaba el pelo largo, quizás estaban envidiosas, qué sé yo, y me decían “quiero verte la cara, el rostro despejado, ay, niña, muestra la cara”. Cada vez que llegaba al colegio, las monjas me tiraban el pelo para atrás fuerte o me lo cortaban. Una tortura.

EL JAQUE MATE

Decías que antes de la enfermedad hacías más calle. ¿A qué te referías?
-Siempre me ha gustado deambular. Salía harto. Iba a los bares.

En los 80, ibas harto al Jaque Mate.
-Me la pasaba ahí. El Jaque Mate era un bacanal. Lo pasábamos el descueve. Llegaba todo el mundo: Los Prisioneros, el Beto Cuevas, el rock, los muralistas, llegaban todos. De repente pasaban cosas locas, como que todos nos pintáramos los labios y le pintáramos la boca a quien se nos cruzara. Eran cosas infantiles, pero allí en el Jaque Mate se discutían las performances que hacíamos. En ese sentido, reemplazaba la academia, que se había trasladado del Mulato Gil al Jaque Mate. Ahí se discutían cosas importantes. Si la gente era bien seria.

No es como se cree, que la gente iba a tomar para después ir a marchar…
-No, esa decadencia no… No, cómo se te ocurre que íbamos a tomar y después salir curados a marchar. Por favor, eso era en la noche, ja.

¿Cuándo fuiste por última vez al Jaque Mate?
-Minutos antes de que se convirtiera en lo que es hoy, una cosa nada que ver. Después terminamos en el 777, rodando por las escaleras.

Dicen que tú fuiste la que llevó a Nelly Richard al Jaque Mate. O sea, que la sacaste de la academia…
-La Nelly llegó porque estaba interesada en lo que estaba ocurriendo en otros ámbitos fuera del sector más elitista del arte. Porque nosotros éramos más barrocos.

Ustedes con las Yeguas del Apocalipsis no estaban ni ahí con la academia.
-No éramos conceptuales. Nos gustaba desarmar discursos. Yo diría que a veces pensábamos en el arte povera, porque no teníamos otros atributos más que ser bastantes pobretones. Éramos chicos poblacionales y de barrios… Peleábamos con el CADA, con la Avanzada y los Ánjeles Negros.

¿Por qué?
-Eran nuestros fantasmas. No creíamos en el arte. Creíamos que el arte o el concepto obra era demasiado…, no voy a decir burgués, porque el concepto es muy fome, pero era como mucho. Nosotros trabajábamos más lúdicamente sin que estuviéramos hablando de una cosa que tuviera que inscribirse en un texto, como lo hacía la Escena de Avanzada, que tenía esa metódica, lo que no me parece mal, porque ellos dejaron todo como quien dice archivado para el día de mañana. Pero nosotros no pensábamos en el mañana, sino en el hoy. Lo que hacíamos era para pasarlo la raja.

¿Ustedes eran más radicales?
-No transábamos por nada. El CADA tenía una concepción política, pero para ellos tirar panfletos del aire era importante y si tenías que ir a hablar con todas las autoridades de la época para hacerlo, lo hacían. Yo no entendía cómo podían ir hablar con la misma Fuerza Aérea que había bombardeado La Moneda para lanzar esos panfletos… No discuto que uno puede tener la cabeza más cerrada, pero para mí eran cosas no transables, ni por el arte ni por nada. Para mí, eso era un crimen.

¿Un crimen?
-Esta gente me va a matar con esto que te digo. A veces no teníamos comprensión de su discurso y nos parecían dudosas las relaciones que establecían ellos cuando le pedían permiso al gobierno para sus obras. Quizás éramos más anticuados. No sé. Era complicado y complejo para la realidad que estábamos viviendo en dictadura. Pero también era una autocrítica personal porque no podíamos entender lo que hacían ellos y lo rechazábamos. Tal vez éramos un poco envidiosos también y nos decíamos “imagínate a estos haciendo arte, qué se creen, en estas condiciones cuando están matando gente”.

¿Y qué hacían ustedes a cambio?
-Éramos productores artísticos sin creernos el cuento de que éramos grandes artistas que iban a cambiar el mundo. Y la diferencia era que como productores artísticos éramos nuestro cuerpo, nuestro canto, nuestro grito, lo que sea. Todo partía de nuestra cuerpo y cabeza.

¿Nunca tuvieron peleas con los otros?
-Tuvimos conatos bastante fuertones en medio de alcohol, texto y violencia. Teníamos nuestras diferencias profundas. Por ejemplo, yo tenía mis diferencias con Nelly Richard, una mujer muy valiosa, pero también teníamos diálogos inteligentes. Siempre era aportillarse de uno u otro lado.

¿Todavía te sigues juntando con las Yeguas?
-A Pedro le tengo mucho aprecio, pero ahora tengo una distancia amorosa con él, y con el Pancho seguimos amiguis, pero también tenemos nuestros espacios personales. El Pancho no está ni ahí con que yo ahora esté en la SECH. Pero bueno, no tengo por qué estar dando explicaciones.

Igual llama la atención que te hayas metido a la SECH.
-No, fíjate. Soy bastante ordenada en algunas cosas. Puedo ser espantosamente caótica, pero también espantosamente ordenada. También soy casada, por lo que tengo una institución tras de mí. Entonces, de qué estamos hablando. Puedo ser una señora burguesa a veces.

¿Pero por qué te metiste? ¿No es un cacho?
-Tengo la fantasía de hacer cosas. No es un cacho para nada. No estoy estimulada en la chimuchina ni en los cahuines. Estoy estimulada en hacer las cosas bien. Modernizar la SECH. Hacer talleres, congresos, acercar a la academia.

Igual la SECH ya no tiene el mismo peso que antes.
-Aunque no lo creas, tiene un enorme peso en la gente. En un país donde se exacerba la individualización pareciera que estas sociedades no despertaran ningún interés, pero no es así. Todo el mundo requiere de la SECH para presentar sus libros, para armar filiales, y en regiones la ven como algo importante. Además que hoy es importante, con todas las cosas que están sucediendo, por ejemplo con los estudiantes, que la SECH tenga una voz más ligada al acontecer nacional y que recupere la posición que tuvo en tiempos pasados. Y eso me gustaría hacer.

LOS HOMBRES

Me decías que no te lee ningún hombre. ¿Por qué no?
-El fenómeno literario chileno es muy anticuado. Hay una genealogía masculina pesada que es la que ordena el mundo. Aquí tenemos que pelear para existir, porque esto es un trabajo. Y piensa quiénes son los que dan los premios, quiénes categorizan la literatura, quiénes escriben el canon de la literatura chilena.

Pero bueno, a ti igual te dieron el premio Pablo Neruda…
-Sabía que en algún momento me lo ibas a tirar a la cara. Claro. Y me lo dieron podríamos decir gracias a Michelle Bachelet, la primera y única mujer presidente de este país.

Tú no le tenías mucha fe a Bachelet en un principio…
-Es que la Concertación me tenía complicada con su forma de negociar con la autoridad. Pero no específicamente Bachelet, sino los gobiernos. De hecho no participé en nada que tuviera que ver con ellos. En un principio estaba entusiasmada, como todo el mundo, pero después la cantidad de carroñeros que se acercaron a la Concertación cultural y que agarraron todos los dineros, todos los premios y todas las huifas, lo encontré el colmo. Tampoco entendía por qué Bachelet, incluso tratando de ponerme en el cuerpo de ella, le daba la mano cuando era presidenta a los mismos que asesinaron a su padre. Eso no lo entendía.

Este año se da el premio nacional de literatura a un poeta. ¿Tienes candidato?
-¿Crees que ese premio no tiene nombre?

Algunos creen que se lo pueden dar a Óscar Hahn
-Sí, poh. Todo está para que se lo gane él.

¿Qué te parecería? ¿Te gusta?
-Lo conozco desde que éramos jóvenes. Es un buen poeta. Y que se lo den a él es esperable, porque ha estado trabajando en El Mercurio, porque no quiso ir a Cuba cuando lo premiaron allá y últimamente ha estado más ligado a los escritores cercanos al gobierno de Piñera que de la izquierda. Por lo menos es muy amigo de Jorge Edwards y Jorge Edwards es facho…

Pero tienes tu candidato.
-Diamela Eltit, por supuesto, pero no es poeta. Ella se merece ganar el Nacional. Y poetas: me gustaría que ganara Soledad Fariña o la Elvira Hernández.

MARAVILLAS PULGARES
Carmen Berenguer
Libros de Mentira, 2012
www.librosdementira.com