El 6 de diciembre de 2003, en las páginas sociales de su diario El Mercurio, Agustín Edwards Eastman, comunicó, junto a su hija Isabel Edwards del Río, el matrimonio de su nieta Malú Custer Edwards y Michael Hurley Muñoz-Fontaine, “que se efectuará, con misa de precepto, en Pirque, el sábado 13 de diciembre, a las 19:00 horas”.

La pareja, que habitualmente es citada en revistas de papel couché nacionales y del extranjero por su elegancia y estilo, reside actualmente en Nueva York y este año celebran una década juntos. Sin embargo, el 2013 serán recordados por un evento bastante menos glamoroso: su ex trabajadora doméstica, Felicitas del Carmen Villanueva Garnica, de 50 años interpuso en su contra una feroz demanda: golpes, vejaciones, encierros y hasta hambre acusa Villanueva que sufrió en casa de los Custer-Hurley, en el segundo escándalo puertas adentro de la familia de Agustín.

El primero, ocurrió a finales de los 50, cuando el actual patriarca de El Mercurio, encerró a su hermana, Sonia -quien militó en el MIR-, en una clínica en Londres por un embarazo fuera del matrimonio. Cuando dio a Luz, Edwards Eastman entregó a la recién nacida a un orfanato. Años después, Sonia logró recuperar a su hija. La historia de los Hurley-Custer, aunque no incluye guaguas regaladas, también tiene un cariz siniestro.

La pesadilla

Según reporta el diario estadounidense The New York Post, -en una nota que no fue replicada por ninguno de los medios ligados a El Mercurio- Felicitas decidió partir con Custer y Hurley tras trabajar con ellos un mes en Chile, en enero de 2010.

Su objetivo, cita el periódico, era reunir dinero para financiarle a su madre -que reside en Río Bueno- un pozo de agua potable, meta que habría sido fácil de alcanzar si se le hubiera pagado el dinero acordado de 10 dólares la hora. Sin embargo, esa cifra, sostiene la mujer, nunca fue cancelada y finalmente sólo le pagaron 2 dólares, es decir, 800 al mes, el equivalente $400 mil. Según información proporcionada por una babysitter que trabaja en Manhattan a The Clinic Online, por cuidar a tres niños en Nueva York -en esa época, el matrimonio tenía tres hijos, este año nació el cuarto bebé- una empleada recibe en promedio 2 mil dólares, o sea, cerca de $1 millón. No obstante, relata Villanueva, cuando ella reclamó por el sueldo, Edwards le dijo que “ninguna otra nana en Estados Unidos gana más de 700 dólares al mes”.

Al menos en esta imputación, Felicitas tiene a favor una orden de julio del 2011 en que el Departamento del Trabajo le ordenó a la pareja pagarle $6.302 dólares por sueldos atrasados.

Al bajo salario, se habrían sumado una serie de ataques que llevaron a la empleada doméstica a huir de el 14 de marzo de 2011, el día en que se colmó su paciencia luego de que, acusa, le pegaron con la puerta de un refrigerador. “Me caí al suelo, él me golpeó tan fuerte”, dice. “Tenía miedo de perder la consciencia. Dije, ‘no puedo tolerar esto’”.

Fue el epílogo de una historia que, sostiene, se asemeja a una pesadilla. En su demanda acusa que la “traficaron” a los Estados Unidos “bajo falsos pretextos y con el propósito de convencerla ilegalmente de que se encargara de sus niños”. Sostiene que tuvo tres meses de “labor forzada” y “servidumbre involuntaria”, en las que incluso le tocó dormir en el suelo de una pieza donde los encerraban. “Él cerraba la puerta y decía: quédense ahí hasta que yo les diga”, señala ella, al tiempo que reclama que sólo se le dio, en 90 días, una jornada libre.

Acusa además que “los niños la golpeaban la abofeteaban y la golpeaban diariamente” y que comenzó a tomar fotos de sus heridas para mostrárselas a Custer. Recalca, además, que la agresividad de los menores estaba relacionada con el hambre que pasaban, ya que Custer “compraba sólo pequeñas cantidades de leche, yogurt, huevos y pan, y nada más”, mientras que “despilfarraban dinero en artículos personales, incluyendo ropa, salidas a comer y la educación de Edwards”.

Según Armandina Gárnica, tía de la mujer que fue contactada por The Clinic Online, ésta no le contó a la familia sobre este episodio de maltrato laboral. Dice que el último contacto que tuvo con Felicitas fue hace 45 días y que ésta le dijo que estaba “gravemente enferma” y que temía no poder volver a Chile. “Se operó hace unos meses. Eso nomás me contó”, comenta.

Consultado por este medio, Micky Hurley declinó referirse al caso y a través de su representante legal, Robin Alperstein, se limitó a decir que “los Hurley niegan categóricamente las escandalosas acusaciones hechas por la señora Villanueva-Garnica, quien nunca fue maltratada. (Los Hurley) Están ansiosos de presentar los hechos reales en el momento que corresponda”.

El glamour en primera persona

En marzo de este año, antes de que se conociera el escándalo, la revista Hola chilena realizó un extenso reportaje a los Hurley-Custer. “ Al verlos, sabemos que estamos frente a una pareja que es sinónimo de encanto, estilo y elegancia, pero sobre todo de familia grande y unida. Micky (35) lleva once años (sic) casado con Malú Custer (29), nieta del empresario Agustín Edwards Eastman y heredera del garbo de su abuela, Malú del Río Edwards, quien en una época fue elegida como una de las mujeres más elegantes del mundo por la revista Vogue”, consigna el texto.

“Micky y Malú llegaron a vivir a la Gran Manzana hace dos años. En ese momento se instalaron en un departamento que quedaba en Lexington con la 75th St. “En un sector más movido”, según ellos. Pero hace un par de meses se cambiaron a otra dirección del Upper East Side, a un departamento ubicado a un costado del Guggenheim. “Este es mi barrio preferido por la gran cantidad de galerías, casas de remate, tiendas, restaurantes y museos que hay. El Frick es mi predilecto y voy mucho porque me sirve de inspiración. Además, es el mejor lugar para los niños, ya que hay muchos colegios y está al lado de Central Park”, cuenta Micky. Junto al cambio de casa, hubo otro acontecimiento que le dio a la familia Hurley-Custer una razón más para celebrar: el nacimiento de Philippa, la menor del clan, que llegó hace casi tres meses para acompañar a sus hermanos Rex, de 9 años,; Malú, de 7, y Olympia, de 5”, continúa el relato.

Según Micky, conquistó a su mujer tras llevarla, junto a otros amigos, a un teatro privado en su casa. “A las dos de la mañana llamé al mozo, don Luis, que era realmente fantástico, para que nos esperara con ostras y champán.¡Ahí me gané algunos puntos de mi originalidad!” y luego decidieron instalarse en Estados Unidos porque viajaban constantemente a Manhattan “sobre todo cuando Malú tenía su línea de joyas que vendía en Bergdorf Goodman. Además, yo armaba mis containers dos o tres veces al año con antigüedades que vendía a clientes en Chile”.

Él, destaca la publicación, está dedicado ciento por ciento a la decoración y a la compra de arte y antigüedades, y Malú estudia Diseño Gráfico en Parson School y ha hecho un par de logos y desarrollo de marcas para la línea de ropa de su gran amiga Ariana Rockefeller.

“Aquí se respira un aire muy europeo. Nuestras amistades estadounidenses que vienen a visitarnos lo sienten de inmediato. Hay una atmósfera muy acogedora (…) Todos quedan fascinados con la elegancia, el estilo y la simpatía de la Malú. Ella se puede poner un trapo y se ve de los más refinada. ¡Es increíble! También te puedo decir que a los lugares que nos invitan conocemos a gente muy entretenida y con todo tipo de “background”. Tenemos por lo menos cuatro o cinco compromisos a la semana, pero, obviamente, no podemos ir a todos. Es muy importante pasar tiempo con los niños y nos encanta gozar nuestro departamento”, aseguró Micky a la publicación.

Sobre el menú más exitoso entre sus invitados, destaca que “no hay ningún menú en particular. Podemos hacer la comida más simple, pero bien presentada y hecha con cariño, siempre preocupándonos de que todos lo estén pasando bien. No importan si hay gnocchis o caviar, el esfuerzo y el ánimo es lo importante. Puedes tener todo el Veuve Clicquot o Krug del mundo, pero si están con las caras largas y amargadas, será tan insípido como un vaso de leche con agua”.

Respecto de sus contactos en la gran manzana dice que “muchos pueden pensar que algo tiene que ver la familia de Malú, pero esta ha sido más una traba que una contribución. El único amigo en común que tenemos con su familia es el señor David Rockefeller, de 97 años, a quien mi señora conoce desde muy chica, le tiene mucho cariño a él y a su familia. Y aunque parezca broma, la mamá de ella trató de convencerlo de que no se juntara con nosotros -cuenta entre risas- ¡Imagínate lo absurdo! Los que conocen a don Agustín sabrán que no miento. En todo caso, David es un gran caballero y el último personaje que queda del antiguo Nueva York. Una leyenda. Obviamente, es tan diplomático y correcto que no le hizo caso a una petición tan absurda. Pero bueno, ya estamos acostumbrados a esos tratos de parte de ellos”.