Imágenes: Héctor Labarca

De niño lo fastidiaron con esas historias sobre el “maricón del barrio”, el “maricón de a peso” al que se le chorrea el helado y que abraza para atrás. De grande, como militante de las Juventudes Comunistas, debió soportar a los compañeros que atribuían su homosexualidad al influjo siniestro del capitalismo. Pero su espacio no es ahora el observatorio de comadrejas que proclama el estereotipo. “Por fortuna –dice– hemos avanzado mucho en ese sentido y ya no necesito tener pololitas para encubrir lo que inevitablemente soy”.

En la obra de Reyes (1960), hay “penecillos florecientes” y hay “cocos fabulosos y repletos”. Hay “perineos palpitantes”, hay transeúntes que mendigan “luz de testículos” y hay “ángeles hambrientos de testosterona”. El recuento podría dar pie a la caricatura y a la risa si no fuera porque es parte de un libro habiloso, irónico, autorreflexivo y mateo como sólo unos cuantos más en el panorama actual. “Que los cuerpos cumplan su destino” (Ril editores, 2013), parece menos una antología que un box-set poético, donde no faltan las explicit lyrics y donde también se incluyen los lados B y las escenas eliminadas, las precuelas y las secuelas de los versos que Américo viene escribiendo sin que nadie o casi nadie en Santiago tome nota. Todo ocurre en un Curicó dinámico y “disfrutón”. Allí –o en la imaginaria “Ciudad Poto Bonito”– el poeta se muestra reacio a desvivirse por un puesto entre las fatuas minorías del parnaso chileno.

Tu libro contó con apoyo municipal. Uno espera muy poco por ese lado, o espera que aparezca un inquisidor con ínfulas de Harold Bloom defendiendo “los valores fundamentales”.
-Debo decir que jamás se me impuso algún tipo de censura y que gocé de absoluta libertad. Y eso que el alcalde era un gallo joven de la UDI, imagínate. Para qué nos hacemos los lesos, si en Curicó todos saben cómo soy yo. Igual dijeron ‘ahí está la platita’.

En todo caso, expresamente rechazas los rótulos que unen literatura y sexualidad.
-Supongamos que un poeta gay escribe un poema sobre el misterio de la niebla, ¿ésa sería una poesía gay sólo porque su autor lo es? Absurdo. Aquí cito la deducción de Leonidas Rubio respecto de lo que en estricto rigor debe ser una poética gay: que los elementos discursivos deben ser presentados al lector por un sujeto de igual sexo que el sujeto aludido. La poesía gay sería entonces sólo poesía de amor. Si aceptáramos la existencia de una poesía gay como propuesta, tendríamos que confrontarla con una poesía hétero, y tal situación resultaría intolerable. Poesía es poesía, a secas.

A mí me parece que tu poesía sí es amorosa, pero no sólo por el tema sino también por la habilidad de acercar mundos distantes y lenguajes que uno creería incompatibles, como la chuchada y el intertexto culto, por poner un ejemplo.
-Yo siempre he escrito así y pienso que no hay palabras descartables: las famosas ‘rendidas’ como decía mi abuelita, son un estorbo para la elite, para los refinados de buen corazón. Una vez me acuerdo que leí en el Clinic una entrevista a un filósofo rumano y todas esas respuestas profundas, tú sabes, y al dar vuelta la hoja me encuentro con unos monos piluchos. ¡Chucha, se puede, así es la vida, todo cabe…!

No te haces problema para pasar de una escritura muy lírica a la “coprolalia”. Discúlpame la palabrita sacada de la jerga de Yolanda Montecinos.
-Es que yo soy chucheta, pero también muy sensible. Cada vez que el poeta se manda una cagada, debiera dar gracias al Altísimo. Eso lo dice un personaje mío y en el texto la connotación es literal. Pero quiere decir, además, que el poeta es un mortal común y corriente, y no esa figura de divo con la que algunos versificadores se presentan. Las cagadas contundentes son tan placenteras, y las otras cagadas, las figurativas, debieran enseñarnos a depurar el alma y a ser mejores. La mierda nos hace empezar de cero y nos deja limpios cada vez, para seguir cagándola.

Algo de eso se nota en tus sonetos, que de pronto recuerdan a los que escribió Lihn.
-Escribir un soneto es un desafío, en apariencia tan cuadrado, aunque con una estructura tan linda. Que yo escriba un soneto sobre la paja o sobre las prótesis dentales puede sonar raro para algunos, no sé, pero parece que tengo más tendencia al hueveo que a la histeria. Por eso tal vez no acepté que mi libro llevase una portada donde aparecían gaviotitas y huellitas en la arena: lo típico.

Es interesante que en ningún pasaje las emprendas contra la homofobia. El enemigo sería más bien el hétero bien pensante e hipócrita, “presunto maricón de mierda, bisexual de pacotilla”.
-Lo que te decía antes: procuro no darle rienda suelta al resentimiento, y evito el trato con los amargados y los no asumidos. Me enerva esa gente que se opone al divorcio y lleva tres matrimonios, los puritanos que no se pierden ningún programa de Morandé con Compañía. Digo ‘que los cuerpos cumplan su destino’ y no me refiero solamente a nosotros y nuestros cuerpos sino también a la materia, a los cuerpos celestes, a todo…

Igual a veces dejas la impresión de deseo trunco, de destino que no se cumple.
-Bueno, es cosa de observar a un compadre que es más cagao que la chucha y se cree bueno porque es bombero, o a los católicos que se golpean el pecho y después le niegan un vaso de agua a un mendigo para que no se malacostumbre. ¿Qué es el amor al final? Eso de matar por amor no me cuadra ni aunque lo cante un cubano ni aunque lo diga el Che Guevara.

“CIVILIZACIÓN CURICHE”

En su vertiente más folk, la poesía de Américo Reyes no renuncia ni a la complejidad ni a la crítica, como un rokhiano Raimundo Contreras que hubiera salido del clóset y no se hubiera muerto tan joven. Pero Américo descree de esta comparación y prefiere resaltar los links que lo conectan con Kavafis, Panero y César Vallejo.

El Curicó que muestras no es el que se esperaría desde la mirada metropolitana. Es un Curicó nada de apacible, “que no figura ni en las cartografías ni en los pensamientos de nadie”.
-¡Tan modernos estamos que en pleno centro hay asaltos a las diez de la mañana! Una vez dije que si alguien deseaba mi muerte y contaba con los medios, no tenía más que confinarme en Curicó y cerrarme todos los accesos. Puede parecer un tanto chovinista o de huaso bruto, pero no lo es tanto.

Dentro de este Curicó tuyo, me llama la atención la cantidad de sujetos literatosos y homosexuales que haces aparecer en lugares donde de supone que no aparecen, como la fila para operarios de una frutícola.
-Son personajillos que me sirven para extrapolar las ideas que me rondan, y son ideas que, por cierto, no me identifican del todo. Salvo alguna excepción, ellos elaboran un tipo de poesía más bien popular.

Pero a veces parece un paraíso gay, una especie de San Francisco antes del sida.
-Me parece una mirada demasiado heterosexual… ¿A ti te parece que es así?

Por momentos, igual exagero…
-Es que estoy sacando provecho de las fatalidades, quizás porque tengo un lado taoísta, y en mi poesía he tratado siempre de resaltar lo bueno de algún encuentro amoroso, e incluso de los rechazos, que son los que abundan. Eso de la frutícola fue un hecho real: alguien con el que yo había trabajado el año anterior y había tenido una onda y de repente se me acerca para preguntarme cómo estábamos pa’ la otra. Por supuesto que lo entendí como una metáfora.

¿Qué te parecen los poetas regionalistas? De lárico, por lo menos, yo creo que no tienes nada. Por ahí tratas de imbéciles a quienes se la pasan celebrando la tierra llena de caca en que nacieron.
-Yo pensaba que poniendo la palabra ‘gallina’ en un poema estaba siendo lárico, pero parece que no. Bueno, no soy regionalista pero creo que los regionalistas se merecen un espacio. Y escribo sobre Curicó porque es lo que conozco. No podría hablar de Ámsterdam y ni siquiera de Concepción. Como estamos más modernos, algunos se ponen más arribistas también, y tal vez por eso hablo de nosotros como curis o como curiches, para que recordemos nuestro origen mestizo y provinciano. Lo que denuncio con eso de la caca, si te fijas bien, es la visión de ciertos transgresores al peo.

CHACREOS PARRIANOS
Autor de unas muy hueveteras “Coplas al Bicentenario de Chile”, donde repasaba los vicios de la “pillín-cracia” entronizada en los 90 y donde además llamaba a tirar los escombros por la ventana –terremoto y tsunami mediante–, Reyes dice haber desechado hace rato el nerudismo paternalista que marcó sus primeras lecturas.

La pobla está muy presente en tus textos, el tema de la pobreza. Pero al mismo tiempo eres contrario a las concepciones del poeta como portavoz de los “desapoderados”, para decirlo con una siutiquería.
-Yo no creo que la poesía cumpla un rol social, y si lo cumpliera, tendría que ser siempre desde el individuo, que para mí es un elemento inviolable. El poeta no es apoderado de nadie, quizás ni siquiera de sí mismo, tomando en cuenta la cantidad de veces que se contradice y desdice. Tampoco quiero que se piense que me es indiferente el vaivén de la estructura social. A mí me gustaría que todo fuera gratuito, no solo la educación y la salud sino también el pan, los cigarrillos y el vino. Lo que digo es que eso no depende de los poetas.

Mea culpa si piensas que pretendo dejarte como personaje pintoresco, pero igual me gustaría que hablaras algo sobre tu pega como plastificador.
-Es que a mi pesar pareciera que ya soy un personaje pintoresco, porque llevo mucho tiempo en este oficio. Para quien no tiene profesión ni otra habilidad, es lo que permite parar la olla. Y es una pega chora. Trabajo al aire libre interactuando con un montón de gente, aparte de que el negocio es ‘mío’ y todo el tiempo están llegando personas a compartir un pucho y a tomarse un café. Con mis amigos poetas hemos hecho verdaderas minitertulias entre plastificado y plastificado, y puedo llegar tarde a trabajar o no llegar cuando ando con la caña.

¿Te vinculas con otros poetas actuales de Chile? Dices que la antipoesía ha perdurado demasiado. Dices que no dispones de una generación donde protegerte. ¿Cuál sería tu lugar en la poesía chilena?
-¡El primero! Eso según una amiga que no sabe nada de poesía pero que me ama, y según otro cabro que arreglaba bicicletas pero que se murió hace tiempo. Yo escribo no más, y si a alguien le llama la atención lo que hago, o lo encuentra burdo o le es indiferente, que sepa que lo que escribo lo he escrito, más que con competencia, con una honestidad al borde de la chaladura, y también del escepticismo. Mira, al Fondart he postulado dos veces y las dos me fue mal. Y en cuanto a premios, una vez salí tercero, en un concurso que se hizo cuando Parra cumplió ochenta, o cuatro veces veinte, como dijo él. Imagínate: yo, que digo que los parritas se chacrearon y que después pido que mejor volvamos a la poesía.

FICHA:
Que los cuerpos cumplan su destino
Américo Reyes
Ril Editores, 2013
191 páginas