Con la premura del envío del proyecto de ley para dar permanencia definitiva al bono marzo han resurgido numerosas reflexiones acerca de la efectividad de este instrumento, por lo que creo importante insistir en lo ineficiente que es esta política pública para superar las injusticias de manera más estable, dado su bajo impacto en la modificación permanente de la realidad de exclusión y pobreza de las personas y familias más marginadas.

Las transferencias económicas directas mantienen la negación de los derechos básicos (educación de calidad, viviendas integradas, trabajo con salario digno y atención de salud adecuada), aún entendiendo lo necesarios que son los ingresos inmediatos para estas personas. Sin embargo, la vida es muy dura -en particular en períodos de alto desempleo-, y puede ser que al final de gobiernos tan breves el peso que éstos adquieran sea cada vez mayor, sin asegurarnos el cambio de las condiciones sociales ni la claridad que le permita a las personas ser más dueñas de su destino, arriesgando así una dependencia perjudicial del Estado que debilite sus luchas sociales.

Además, inevitablemente, los bonos son portadores de clientelismo, se adulteran instrumentos públicos para obtenerlos (recuerden el caso de una alcaldesa y ahora de una gobernadora), y se tiende a armar una nueva burocracia de funcionarios que se dedica a pasar ‘fichas’ y ‘encuestas’, para dar puntaje y clasificar a las personas y familias como elegibles o no.

Como referencia de éxito se han presentado los casos de México y Brasil, pero ¿existe algún estudio serio –no interesado- que demuestre su efectividad en la superación de la pobreza, la exclusión social y la reducción de la desigualdad de manera sostenida? Lamentablemente, al revisar la literatura existente, la respuesta es negativa: por un lado son programas muy recientes para tener datos seguros y por otro, hay demasiados intereses políticos que tienden a destacar su éxito, perdiendo la objetividad científica. No obstante, hay notable literatura que se relaciona con los programas similares del siglo 17 y 18 en Inglaterra, más una muy actual que se refiere a los efectos de la ley de oportunidades económicas de EEUU de mediados de los ’60. En ambos casos, da pavor ver sus efectos sociales, culturales y económicos.

Para que los bonos no se transformen en ‘opio’, es urgente dar prioridad a las políticas que favorezcan la inclusión social, reduciendo las brechas de oportunidades y de ingreso, y que establezcan con claridad los derechos que les han sido negados a las personas y familias más excluidas, para que efectivamente se aminore la desigualdad y los efectos de ésta. En ese sentido, la anunciada reforma educacional –que ha generado grandes expectativas- es un paso en el sentido correcto. Sin embargo, si queremos que sea efectiva en el largo plazo debe ir acompañada de una profunda modificación de las políticas habitacionales –causante primordial de la segregación espacial/geográfica-, de una disponibilidad de programas de inclusión educacional, social y laboral para los jóvenes más marginados (donde ha existido una ausencia de políticas macizas con las sabidas consecuencias), y de una política salarial que deje de ser generadora de pobreza e indignidad.

No se puede tapar el sol con un dedo, dice el proverbio popular. Por suerte, según una de las últimas encuestas CEP, las personas creen cada día menos en la efectividad de los bonos para superar la pobreza y los datos entregados hace algunos años por la Fundación para la Superación de la Pobreza en su estudio ‘Voces de los pobres’ apuntan a la educación, capacitación y trabajo como trampolines para dejar de vivir en exclusión.

A las corrientes populistas de derecha, centro e izquierda (especialmente en nuestro continente) les encanta seducir a la población con ‘medidas parche’ y nos pretenden convencer de que son necesarias mientras esperamos las otras más profundas. Espero que en nuestro país no descuidemos lo esencial y sigamos avanzando a paso firme en aquellas modificaciones que nos permitirán de verdad tener una nación más justa, con mayor paz y felicidad.

*Presidente América Solidaria.