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Rolando Jiménez se fue de su casa siendo un adolescente. Buscando donde militar llegó a la Jota a los 17 años. Desde ahí trabajó contra la dictadura hasta su salida del partido cuando éste lo vetó por ser homosexual. No fue fácil, dice. Recuerda que “la Jota era mi familia”.

Sin embargo, en 1991 llega a conformar el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) en un Chile donde la sodomía aún era un delito. Desde 2005 preside el movimiento y ha enfrentado críticas desde diferentes organizaciones de la diversidad sexual. A pesar de eso, hoy defiende el Acuerdo de Vida en Pareja para llegar al matrimonio igualitario y reflexiona sobre su labor en la lucha por la igualdad de derechos para las minorías sexualles: “lo que he aportado al Movilh tiene que ver con mi aprendizaje durante la dictadura. Esta feroz autonomía que yo defiendo respecto de los partidos políticos, del gobierno de turno, tiene que ver con mi aprendizaje de la dictadura”.

Un tema que generaba rechazo del AVP era la imposibilidad de heredar inmuebles. ¿Se resolvió eso?
Sí, se metieron los bienes muebles e inmuebles. Hay un estado civil. Hay un mecanismo del término del contrato unilateral que quedó impecable. Porque en principio era una carta certificada, era un desprecio a la institución feroz. El proyecto ha mejorado sustancialmente, y hay que señalar que eso ha sido con la voluntad transversal de la Comisión de Constitución. Y eso se produjo incluso antes que asumiera el actual gobierno, y ahora con la presidencia de Felipe Harboe en la comisión se ha dado dinamismo a la discusión. Incluso han habido aportes muy importantes, a pesar que en algunas materias no estemos de acuerdo, de Hernán Larraín. Y él ha sido muy respetuoso respecto de cómo plantea sus objeciones en materias que la UDI no comparte. Y él ha votado a conciencia en contra de algunos artículos, pero en otros ha hecho aportes sustanciales. Ha habido una muy buena voluntad en la comisión de constitución de manera transversal.

El Movilh ha sido un impulsado el AVP y dentro de las mismas organizaciones de la diversidad sexual hay distintas opiniones, algunos tienen varios reparos por no tener los mismos derechos de un matrimonio, ¿qué piensas de eso?
Mira, nosotros fuimos los primeros en plantear una ley de uniones civiles. Y yo también viví la experiencia respecto de discusiones sobre ley de uniones civiles y matrimonios en Argentina y en España. Fueron realidades que yo conocí de cerca. Y allí lo que ocurrió, entre otras cosas, en Argentina con mayor fuerza, fue un quiebre entre los movimientos homosexuales. Por ejemplo en Argentina la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) planteó el primer proyecto sobre uniones civiles para la provincia de Buenos Aires. Y salieron grupos más “de izquierda” a decir que eso era un premio de consuelo, que era de segunda categoría, y ahí se produjeron enfrentamientos a puñetes incluso.

¿El año 2003?
El 2003 nosotros planteamos el tema de las uniones civiles cuando nadie lo planteaba y fuimos generando las condiciones con la clase política, con los partidos, con la sociedad chilena, para ir instalando el tema. Nosotros dijimos que la agenda la definimos nosotros, no los partidos políticos. Entonces planteamos uniones civiles, pero paralelamente empujamos la discusión sobre matrimonio igualitario. Y en las elecciones pasadas, de nueve candidatos, siete planteaban matrimonio igualitario. Ya no hay discusión alguna respecto de si es pertinente o necesario las uniones civiles. Ahora ¿qué ley de unión civil? La mejor posible.

La oposición.
La tenaz oposición que hizo la mayoría de RN y casi la totalidad de la UDI. Y por eso el proyecto que se envió fue uno minimalista, que tenía muchas deficiencias. Y nosotros se lo dijimos. Pero no estaríamos en la calidad de la discusión que tenemos hoy día y en la calidad del proyecto que estamos evaluando hoy día, si ese proyecto no se hubiese enviado por parte del Ejecutivo. Por lo tanto el proyecto de ley de unión civil que está saliendo hoy día de la Comisión de Constitución del Senado es un buen proyecto que resuelve de buena manera los temas patrimoniales y los temas de legitimidad de las uniones civiles para personas del mismo y distinto sexo. Y resuelve de buena manera, de manera básica, el tema de los hijos biológicos de uno de los miembros de la pareja, particularmente cuando son del mismo sexo.

¿Cómo ves el surgimiento de los grupos que parecen luchar por lo mismo, pero de diferente forma, que empiezan a tener conflicto entre sí?
No me preocupa mayormente porque la diversidad es un dato de la realidad. Y hay diversidad política, ideológica, estratégica. Hay especializaciones de las organizaciones. Por ejemplo hay un porcentaje de la diversidad sexual organizada que le interesa de sobremanera los temas de VIH-SIDA. Y eso es tremendamente legítimo, y han hecho un camino y aportes en ese plano. Hay otros que tienen otras especializaciones. La “gracia” que tenemos nosotros es que intentamos abordar integralmente los temas de la diversidad sexual, y por lo tanto aquí hay gays, hay lesbianas, trangéneros, bisexuales. Además somos una organización plural desde el punto de vista ideológico.

¿En qué sentido?
Acá hay gente de izquierda, de centro, de derecha. A la mayoría no le interesa la cosa político partidaria, pero hay gente con y sin militancia. Eso para nosotros es una fortaleza enorme. Así que no me preocupa la diferencia. Será en la cancha, en la tramitación de las leyes, en el cambio cultural, en la relación con el Estado, con el resto de la sociedad chilena que se va demostrando cual estrategia es más aceptada. Y nosotros tenemos la convicción de que lo que hemos hecho cambios a la realidad de la diversidad sexual en Chile.

Compartes la crítica de que hay mayor aceptación al gay que es masculino, heterosexualizado, de clase alta?
Sí y no. La sociedad chilena y sus estructuras sociales políticas y culturales son de un clasismo feroz. Ese es un dato de la realidad. Nosotros lo hemos vivido. Ahora, yo diría que hay ciertos discursos muy ideologizados que plantean que aquí básicamente lo que se está aceptando es al gay blanco, de clase media alta, con cierto nivel educacional. Yo no comparto esa visión. Porque yo no soy de clase alta, no tengo un título universitario y tengo un liderazgo sostenido en el tiempo en este tema. Y lo mismo el resto del Movilh, no somos ABC1 y sin embargo, hemos logrado instalar en la agenda política, social y cultural, el tema de la diversidad sexual. Por lo tanto ese solo hecho desmiente que haya una mirada privilegiada y una “aceptación” de estos estereotipos de gay. Por lo tanto yo no comparto para nada ese discursillo.

Josecarlo Henríquez decía que tú, Simonetti y Parada eran homosexuales burguesas, fachos y arribistas. ¿Qué te pasa con eso?
Jajaja. Me parece simpático. Si es cosa de mirar mi estilo de vida: yo no tengo casa propia, no tengo carrera, no tengo patrimonio. Son discursos no más. Que no se condicen con la realidad que vivimos nosotros. Si aquí los días sábados yo hago el aseo en el Movilh. Y al otro día estoy negociando un proyecto de ley con senadores. No se me cae el cargo, ni la corona, como dicen las locas, por hacer el aseo en la sede del Movilh. Soy yo el que limpia los baños muchas veces. Entonces, ¿yo burgués? Jajajaja ¡es un chiste, po!

Y cuando decías que los homosexuales están en las Fuerzas Armadas y en todas partes, ¿crees que es importante cuando las personas públicas empiezan a salir del clóset?
Bueno, a diferencia de lo que pasó en otros países, aquí los Jordi Castell, los Pablo Simonetti, y otros más connotados, salieron del clóset después que el movimiento homosexual instaló el tema. Y por lo tanto, ellos se beneficiaron del trabajo político, social y cultural. Y bien po. No tengo quejas con eso. Pero aquí no fue lo otro primero. Y parte de la pega fue despenalizar la sodomía, fue colocar este tema en la agenda social y cultural del país.

Salir del clóset en la ilegalidad

Y ¿cómo fue para ti asumirlo públicamente en un contexto en que la sodomía era ilegal y culturalmente era distinto?
Fue complejo. Y para mí fue un proceso. Para todos los gays, las lesbianas o los trans, asumir su cuestión personal es complejo. El año ’91, cuando fundamos el Movilh, yo no me sentía capaz de salir públicamente. De hecho en la primera marcha donde aparecemos como Movilh, que fue para el primer aniversario del informe Retigg, yo fui con máscara. Y fue muy espectacular. Fue muy emocionante ver que en la marcha, en la calle, sin tener idea de quiénes éramos, gays y lesbianas que a rostro descubierto se sumaron. Mujeres, hombres que nos vieron pasar y se metieron. Y de los 20 que éramos, terminamos unos 70, 80. Y la gran mayoría no estaba con máscaras. Eso habla del proceso que yo viví. Yo no estaba preparado para aparecer públicamente. Porque además uno tenía que evaluar costos. Si las primeras veces, cuando yo denuncié el abuso policial de Carabineros, llegaban patrullas a pararse al lado de afuera de mi casa. Me seguían. Y yo como soy patudo, llamaba a un diputado y le decía: “tengo a los pacos en mi casa, voy a salir a tomar la patente y el número de la patrulla”. Y salía y les preguntaba.

Que no era dictadura, pero era una transición media rara.
No, el grado de autonomía que tienen las policías y las Fuerzas Armadas en Chile no lo tiene ningún país que se aprecie de democrático. Entonces hacían lo que querían, y siguen haciendo en parte importante lo que quieren. ¿Cuál es el control político que tienen las autoridades sobre Carabineros, por ejemplo, en las manifestaciones públicas? Cero. Entonces sí, fue un proceso complejo. Además cuando yo salí en la primera conferencia de prensa, yo estaba trabajando en una empresa de ingeniería electrónica en la que trabajé 10 años. Yo no sabía cómo iban a reaccionar. O sea, tenía ciertas pistas.

¿En qué sentido?
Porque mis dos jefes, los dueños de la empresa, habían vivido en Estados Unidos, eran gente de izquierda, de otra cultura, pero podría haber perdido la pega, perfectamente.

¿Nadie sabía que tú eras gay?
No, nadie. De hecho yo llamé la noche anterior a mi jefa, con la que tenía mayor confianza y le digo: ve mañana los noticieros. La conferencia fue un día sábado y salía el sábado en la noche.

¿Qué te dijeron?
Nada, ningún cambio. Días después, a la hora de almuerzo, con compañeros de trabajo, ahí en la conversación y ningún problema. Pero además el día lunes, cuando llegué a trabajar, fui al banco al mediodía en Ñuñoa, ahí en Irarrázabal con Los Tres Antonios. Ahí estaba el Banco del Desarrollo y estaba comprando la prensa en un kiosko de la esquina y se acerca una señora con un niño de unos 12, 14 años. Y se acerca a hablarme. Yo dije: chuta, ¿qué me va a decir esta señora? Me dice: “usted salió en la tele hablando por los homosexuales, ¿no?” Yo le dije que sí, rojo, muy incómodo. Y llama al niño y le dice: “te voy a presentar a este caballero. Este caballero es muy valiente”.

Te emocionaste.
Me desarmé emocionalmente. Eso me sigue pasando todos los días. Yo salgo al centro y escucho, claro, también un “maricón” que me grita un valiente desde el auto y arranca. Jajajaja. De repente voy por el Paseo Ahumada y alguno de los evangélicos que están ahí me gritan cosas y me mato de la risa. El otro día uno me gritó: “¡Dios te quiere! ¡Aunque seái malo!” Jajajajaja. Me dio mucha risa la frase del tipo, la tuitié incluso. Y además he visto el cambio, lo he vivido. Y una de las cosas que nosotros no queremos perder nunca es ese contacto cotidiano que tenemos con las víctimas de la discriminación. Y aquí todos los días llega una persona diciendo que la están discriminando. Y nosotros investigamos, evaluamos, y lo recibimos con el abogado, hablamos con esa persona. Y ese contacto cotidiano con el sufrimiento de la gente, que no es por masoquismo, pero el día que nosotros perdamos la sensibilidad con un caso, yo esta hueá la cierro.

¿Cuál ha sido el costo de asumirte públicamente?
Bueno, fue complejo porque por ejemplo, yo he tenido dos relaciones de pareja. Y somos súper amigos. Uno de ellos está aquí en el Movilh, es mi brazo derecho. Y tiene muchas mayores capacidades que yo, pero no le gusta la cosa pública, no se siente cómodo. Y mi primera relación de pareja que duró cinco años. Y yo tomé la decisión hace rato, ni siquiera tomé la decisión, sino que fue algo que pasó naturalmente, de no establecer una relación de pareja. Entre otras cosas porque tal vez no ha aparecido la persona indicada, pero además la persona que aparezca -si es que llega a aparecer, porque no me quita el sueño y tengo varios amigos con ventaja y con eso me basta-, pero si llegara a pasarme que me enamoro de alguien, esa persona tiene que tener clarito que primero está esta causa. Si yo tengo que dejar de ir a una función de teatro con mi pareja o ir a comer con la familia porque hay una actividad importante y relevante del Movilh donde tengo que estar, voy a estar en esa. Y son opciones. Yo me siento plenamente realizado esto. Creo que lamentablemente soy uno de los pocos chilenos que ha hecho siempre lo que ha querido.

En esta entrevista, Rolando Jiménez también se refiere a su paso por el PC y a su rechazo a las dictaduras de izquierda