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El 22 de noviembre de 1988, un mes después de que el dictador Augusto Pinochet fuera derrotado en el plebiscito, la abogada Carmen Hertz pudo constatar que el terror de la represión aún la acechaba. Ese día, la joven que le ayudaba en las labores domésticas, Sofía Yáñez Calfupan, con 23 años y un embarazo de dos meses, fue degollada en su casa de Ñuñoa.

Quince años antes, el esposo de Carmen, Carlos Berger, había sido torturado y ejecutado en Calama por la Caravana de la Muerte y desde ese minuto ella, una viuda de 26 años y con un hijo de 11 meses, se dedició a denunciar las violaciones a los derechos humanos del régimen.

El nombre y la sombra de Manuel Contreras Sepúlveda, fundador de la Dirección Nacional de Inteligencia -organismo represor-, estuvo siempre presente en la vida de Hertz, pero nunca lo tuvo frente a frente hasta que éste fue detenido en enero de 2005 por el secuestro calificado del sastre mirista Miguel Ángel Sandoval y fue notificado, tras resistirse al arresto, por el ministro Alejandro Solís en Tribunales de su sentencia.

“Me fue posible verlo cuando lo llevaron a tribunales. Esto fue después del desafuero de Pinochet por los crímenes de la Caravana. Gracias a la brigada de la PDI de Derechos Humanos, compuesta funcionarios valientes y brillantes, que lo detuvieron en su casa y lo llevaron a tribunales para que lo notificara un ministro, lo vi. Contreras literalmente tenía los pantalones mojados. Parece que se hizo pipí del susto de que estábamos funándolo, de que le gritáramos asesino y cobarde. Eso le provocó un miedo atroz, atroz”, rememora Hertz sobre el hombre que murió a los 86 años condenado a más de 500 años de cárcel por los crímenes de la Operación Cóndor y Colombo, el asesinato del canciller Orlando Letelier y del ex general Carlos Prats; la muerte y desaparición del sacerdote español Antonio Llidó Mengual, del líder socialista Víctor Olea Alegría y del mirista Miguel Ángel Sandoval, entre otras causas.

¿Quién fue Manuel Contreras para el país?
Contreras encarnó el perfil del represor. Esto no es casual porque él está formado en la doctrina de la seguridad nacional, al igual que la mayoría de los oficiales del Ejército chileno al momento del Golpe, que pasaron por la Escuela de las Américas que funcionaba en Panamá y Fort Benning. Ellos para parar todos los movimientos progresistas en Latinoamérica que en aquel minuto estaban llevando a cabo reformas estructurales que las sociedades latinoamericanas atrasadas necesitaban, instalaron este concepto ideológico de la guerra fría donde el opositor político es un enemigo que hay que exterminar y eliminar por todos los métodos posibles. En esos lugares a los oficiales chilenos se les enseñó a torturar, a aplicar tormentos brutales y crueles. Y la prueba de eso es el exterminio de los funcionarios de confianza de Salvador Allende que eliminó la Caravana de la Muerte compuesta en su totalidad, salvo Sergio Arellano Stark, por la cúpula de la Dina.

-Marcelo Moren Brito, Armando Fernández Larios…
Sergio Arredondo González, Juan Viterbo Chiminelli. En la Caravana las víctimas fueron asesinadas con pausas, fueron mutiladas con corvos, y no hubo un solo sobreviviente. Todos ellos actuaron de esta manera brutal, creo que para aterrorizar no sólo a la población sino a todo el Ejército. Posteriormente cuando se crea la Dina en 1973 y formalmente a través de un decreto a mediados del 74, ahí Pinochet nombra a Contreras, que es un hombre de confianza de él, de quien había sido profesor en la Academia de Guerra, quien convoca a una cantidad de oficiales formados como él en la Escuela de las Américas. Contreras ya tenía, como comandante del Regimiento de ingenieros de Tejas Verdes, una trayectoria de brutalidad que es quizás de las peores.

Que incluyó violencia sexual.
Sí, inmediatamente después del Golpe de Estado en Tejas Verdes se hicieron los experimentos más brutales con los presos políticos. Se violó sistemáticamente a las mujeres, se violó a hombres y les aplicaron tormentos para exterminar a los opositores. Cuando en este país se habla de violaciones a los derechos humanos es casi un eufemismo, porque aquí a las violaciones a los derechos humanos sistemáticas y masivas constituyeron una práctica genocida. Aquí se exterminó a un sector de la población, a la izquierda chilena en concreto.

¿Qué te parece que esta política de Estado sea aún definida por ciertos sectores de la derecha como “excesos”?
Esto fue terrorismo de Estado. Se usó el terror para exterminar. La Dina no era una montonera o una patota, era un organismo jerárquico creado por Pinochet. Y las políticas de exterminio fueron avaladas por la derecha pinochetista que avaló estas políticas y las justificó, y hasta el día de hoy trata de explicar lo inexplicable. En este mundo, Contreras era un genocida, una figura siniestra y extremadamente cobarde. La metodología de él, que era un hombre limitado, muy basto, no era de inteligencia, sino de exterminio, de sacar información con las torturas más extrema, sin dar pie a que alguien se les pudiera enfrentar. Él secuestraba a las personas en toque de queda, con estado de excepción, llevaban a las personas a centros clandestinos donde las torturaban y asesinaban y después ni siquiera entregaban los cuerpos, sino que clandestinamente, en vuelos de la muerte, los hacían desaparecer. En muchas ocasiones a los reos les aplicaban pentotatal y cianuro, luego les amarraban rieles a los pies y los lanzaban al mar. Este fue el método favorito de la Dina. En otras ocasiones, concretamenete en Peldehue, en cuesta Barriga, los enterraban, para posteriormente hacer desaparecer esos restos.

En lo que se conoció como Retiro de Televisores.
Eso fue en 1978. Eso lo planearon como consecuencia de Lonquén, donde todos los comandantes de división del Ejército están en conocimiento porque se les entrega la orden de hacer un catastro de cementerios clandestinos y cubrir como operación militar el retiro de restos de cuerpos que lanzan al mar. Sólo los restos de restos que se les quedaron permitió identificar a las víctimas. Esa fue la historia en un país que es extremadamente mezquino con la memoria. La comparación con Argentina, que es un país que se mira y se reconoce, es espantosa para Chile donde se habla del “hasta cuando”, “demos vuelta la página”.

Y donde Contreras muere como general del Ejército.
Eso me parece una vergüenza más porque todos estos represores que se mueren bastante viejos, muy longevos frente a las víctimas que murieron a los 20 años, mueren con sus grados. La degradación no se produce y eso le hace muy mal a la sociedad chilena porque eso es un hueco de memoria muy importante, que un genocida como Contreras muera como general y que haya individuos que quieran que se le rindan honores, muestra que no somos una sociedad muy decente, que no hemos reconstruido bien a medias. Estamos tan mal que mientras en Argentina el propio presidente Néstor Kirchner retiró el retrato de Videla de Colegio Militar (2004) en Chile hay una sala con el nombre de Pinochet.

Contreras nunca pidió perdón y negó hasta el final sus crímenes.
Eso es un cinismo y cobardía que no llaman la atención. Nunca creí que pudiera actuar de una manera distinta, sobre todo cuando está protegido y garantizado todo para él. Él cree que “ganó una guerra” contra gente indefensa e inerme. No espero nada de un sujeto como Contreras. Muere como general, en el hospital militar, pero condenado a más de quinientos años.