chapo
Me parece horrible lo de la entrevista de Sean Penn. Es la historia de un rockstar que se junta con un criminal para tomarse una foto y enviar preguntas por video. Es una mezcla de entretenimiento y narcotráfico donde las preguntas relevantes, como la relación de el “Chapo” con políticos, empresarios, militares, abogados y todo el sistema que permitió que un campesino se transformara en el criminal más poderoso del mundo, no se responden. Porque un tipo que tiene segundo de primaria, por más inteligente y hábil que sea, no puede llegar a manejar este nivel de poder sin un sistema que lo ampare.

Conocí la historia de Joaquín Guzmán Loera porque del Channel 4, la TV británica para la que trabajo, me encargaron leer “Cazando a ‘el Chapo’, el narco más buscado del mundo”. Querían hacer un documental sobre él. En 2012 viajé dos veces a México, y rápidamente me di cuenta de que no era tan difícil ubicar a este señor. Todo el mundo sabía dónde estaba. En 2013 logré llegar a su centro de operaciones, conocido como El Triángulo Dorado, una zona limítrofe entre los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa. No sé por qué ellos le dicen selva a ese lugar, porque en realidad es un bosque lleno de pinos y plantaciones. Desde la Guerra de Vietnam que aquí se produce amapola y marihuana.

Yo creo que no habló conmigo porque sabía que no le iba a pasar un cuestionario para que eligiera qué responder. Para eso, mejor no le pregunto nada. Uno puede llegar a acuerdos, como no revelar identidades o la forma de llegar a ellos, pero yo no dejo que un narco tenga la oportunidad de ser mi editor.

¿Es verdad que el banco británico HSBC ha sido el principal lavador de dinero del Cartel de Sinaloa? ¿Quiénes fueron los últimos presidentes y políticos de México con quienes tuvo acuerdos para burlar todo? ¿O los nombres de las Fuerzas Armadas que lo protegían, o de la aviación civil que dio facilidades para que se traslade en sus aviones sin problemas? Eso es lo que había que preguntarle, no cómo fue su infancia, cuál es su sueño o si se considera violento.

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Lo que más me llama la atención de Guzmán es que es una persona de pocas palabras. Recuerdo que entrevisté a Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, un profesor que se convirtió en el rey del tráfico de anfetaminas, conocido como el Breaking Bad mexicano. Este tipo no tiene problemas en modular, hacer énfasis, gestos y manejar los silencios frente a una cámara. En cambio, el “Chapo” es una persona de campo que no se siente cómodo cuando aprietan rec. Le da miedo. De hecho, si ves el video de la Rolling Stone te das cuenta lo incómodo que está.

Guzmán no es una persona de fiestas ni de vicios, a diferencia de sus comandantes del cartel, que jalan todos. Yo los he visto. Se drogan con una coca refinada al máximo, llamada “lavada”, que es más suave. Relaja. Nadie dentro del cartel fuma marihuana, a pesar de que la planten como locos. Las cantidades llegan a tal punto que no saben cuánta tienen. Es su principal negocio. Pero el “Chapo”, si toma o usa coca es de muy, muy de vez en cuando. Ni siquiera podemos hablar de una vez en el fin de semana.

La debilidad de Joaquín Guzmán Loera son las mujeres. Ha tenido cuatro esposas, muchas amantes y una cantidad insospechada de hijos, nadie sabe cuántos son. Es un romántico. Por eso, el tuíter de Kate del Castillo declarando que lo prefiere a él antes que al gobierno mexicano fue miel para sus oídos. Le gusta ese respeto, él siendo un delincuente y ella una famosa actriz. Por eso le pidió que produzca una película sobre él, previo envío de flores.
Lo de Rolling Stone es una entrevista forzada para pagarle un favor a su amiga. Esta fascinación por la señorita del Castillo es la única razón que explica esto que llamamos “entrevista”. No la dio por Sean Penn. Él ayudó, fue la mejor ficha que ella pudo tener. Pero concedió por Kate del Castillo, por nadie más.

Los narcotraficantes pueden comprar o controlar todo, menos su propio ego. Como saben que pueden ser arrestados o morir en cualquier segundo, sus ganas de dejar un legado son enormes. En su captura, el “Chapo” fue víctima de su propio ego. De querer dejar algo a toda costa. Y mucho mejor si es en Hollywood con Kate del Castillo como socia, o a través de la literatura, como confesó hace unos días el periodista Diego Fonseca, a quien el “Chapo” quería encargar una biografía.

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El Estado mexicano es cómplice en toda esta historia. No hay otra explicación para que estos grupos criminales sigan existiendo, cuando todos saben sus nombres, dónde habitan y lo que han hecho por los habitantes del lugar. En este país la desigualdad y la corrupción son tremendas. A pesar de que desde el 2006 hay más de 100 mil muertos, el Estado sigue funcionando, al igual que las inversiones de las empresas. Hay una complicidad completa de dinero sucios en la economía.

Estoy a favor de la legalización de todas las drogas, así se evitarían las consecuencias del narcotráfico. Los problemas son la baja que puede experimentar la industria de las armas y el temor a que existan narcoestados sin políticas claras que regulen el porte, tenencia, consumo y venta. El humano es un animal de vicios, todos los tenemos y los administramos de distintas maneras. Es imposible aminorar los niveles de drogadicción ya que siempre hay alguien dispuesto a comprar una sustancia que cambie la manera cómo se siente, y otro que se la vende. Hay una fascinación por lo prohibido.

La captura de Guzmán no significa nada. Él no es el problema. Este cartel es una trasnacional presente en más de 50 países. Una organización que tiene autos, aviones, submarinos y barcos. Que tiene un sistema financiero que lo conoce, resguarda y avala. Porque el “Chapo” no guarda los millones de dólares bajo el colchón. Cuando cante quiénes lo ayudan son varios los que van a caer. Un político mexicano me dijo una frase que tengo grabada: cuando te metes a la cama con el diablo ya no te puedes levantar en la mañana.