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En su clásica columna de el domingo en El Mercurio, el rector de la Universidad Diego Portales, aseguró que la verdadera muerte de Pinochet se está dando hoy, una década después de su fallecimiento, cuando ni la derecha ni la izquierda lo recuerdan ni valoran. Asimismo, analizando el escenario de ésta última desde el psicoanálisis, explicó que ese fenómeno responde a que “ha desplazado el rechazo que le provocaban Pinochet y la derecha hacia sus propios compañeros”.

“Ayer se cumplieron exactamente diez años desde que Pinochet abordó la barca que (afortunadamente en su caso) nunca ha de tornar. Y como suele ocurrir, los sollozos y la contención emocional que entonces sus partidarios vivieron han dado paso a la lenta tormenta de arena del olvido. En la derecha y en la izquierda”, abrió.

El académico argumentó que “la UDI, que tanto le debe a Pinochet, no ha de haber tenido tiempo siquiera de recordarlo, ocupados como han estado sus miembros o de ocultarse (Novoa o Longueira) o de competir por la presidencia (los más jóvenes). La izquierda, que tantos motivos tiene para insultar una y otra vez su memoria, tampoco ha tenido demasiado tiempo esta vez para las invectivas, ocupada, como está, de buscar los enemigos, los que merecen el rechazo y la condena, entre sus propios miembros”.

“La derecha y la izquierda -cada una con tantos motivos para recordar al finado Pinochet- están unidas, en cambio, inexplicablemente, en la niebla del relativo olvido. Ni quienes medraron a su sombra, o sufrieron por ella, parecen ya tener tiempo de ocuparse de él. Ni la derecha ni la izquierda recuerdan de veras a ese cadáver”, agregó.

Peña explicó que ese olvido se debe en el caso de la derecha a que “estando cercana al poder, sabe que nombrar siquiera a Pinochet o pensar en él, ahuyentará al electorado. Y entonces su actitud resulta naturalmente obvia (pero igualmente innoble): hay que tomar distancia, instituir a aquel que alguna vez se apoyó con fervor, en alguien a quien nadie siquiera se atreve a recordar. El antiguo empleador transformado en un innombrable”.

“Se trata de un gesto viejo, que ha sido varias veces descrito. En el capítulo VII de El Príncipe, Maquiavelo relata cómo Ramiro D’Orco, “un hombre cruel y expeditivo”, en poco tiempo, usando el crimen, logró establecer la paz y la tranquilidad en la Romaña. A poco andar, sin embargo, se hizo claro que ya no era necesaria tanta violencia y que incluso su recuerdo era insoportable para los habitantes. Para espantar la memoria de esos crímenes, se hizo decapitar a Ramiro y se lo exhibió en medio de la plaza. El pueblo, relata Maquiavelo, quedó así, al mismo tiempo, “satisfecho y estupefacto””, sostuvo.

“Pues bien, la derecha, y especialmente la UDI, está en la disyuntiva de consentir que se haga de Pinochet un Ramiro D’Orco o, en cambio, reconocer su propio origen sombrío”.

Para el columnista, “la situación en el caso de la izquierda es más complicada y requeriría, más que un análisis político, un verdadero psicoanálisis”.

“En efecto, la izquierda, en virtud de un raro fenómeno, ha desplazado el rechazo que le provocaban Pinochet y la derecha hacia sus propios compañeros. Los rivales de la izquierda hoy no se encuentran, al parecer, en la derecha, o en los herederos de Pinochet, sino ¡en la propia izquierda! ¡Ya no es Pinochet, es Lagos!”, afirmó.

“Alguna vez los historiadores dirán qué extraña época esta en la que las mejores cabezas de la izquierda apuntaban a otras del mismo sector y eran indiferentes hacia la derecha. El fenómeno, conocido como desplazamiento en el psicoanálisis, indica cuán fuerte debe ser en la izquierda el recuerdo de Pinochet (y de los herederos a los que su imagen está asociada), para que la asociación inicial (v.gr. entre la sociedad chilena actual y Pinochet) se perciba como intolerable y por eso se le sustituya por otra (v.gr. la asociación entre el Chile actual y la Concertación) que es más fácil de aceptar. Solo el temor irracional -o el miedo a la verdad- es capaz de explicar un desplazamiento semejante”, argumentó.

“En ambos casos, tanto en la derecha como en la izquierda, se refleja lo más propio de la condición humana, y que en el Gran Gatsby, de Fitzgerald, se expone de un modo inmejorable: Lo seres humanos (y los partidos) son barcos contra la corriente, navegando sin cesar hacia el pasado”, cerró.