Toda la tropa atrabiliaria de demócratas se ha visto regocijada ante el sensible fallecimiento de don Agustín Edwards Eastman. Esa caterva de pelafustanes debiera estar atribulada por la muerte de uno de los hombres que más ha hecho por Chile. Ante el advenimiento del gobierno de don Salvador Allende, el Doonie tomó el toro por las astas y emprendió una lucha frontal contra la vía chilena al socialismo. Desde un principio no se anduvo con chicas, nada de exigir estatuto de garantías constitucionales y otras macanas. El hombre a sus 45 años, en la plenitud de sus facultades existenciales, se fue derechito a los Estados Unidos a buscar apoyo de toda índole para poner coto a la marea de la Unidad Popular. En esas labores de contrainsurgencia, fue líder nato y el más encumbrado de los adversarios al régimen de don Salvador Allende. Tan asertivo y competente fue en esas labores, que se ganó el odio despiadado de sus adversarios.

La inquina en contra de don Agustín no ha tenido límites. Sus contrincantes han querido verlo como el autor intelectual y material de los desmanes y las masacres habidos y por haber. Nada más lejano de la realidad. Los que sembraron el odio en Chile son otros, los irresponsables están vivitos y coleando, sacando provecho en una corrupción generalizada y patética. Don Agustín se sacó la mugre por el ejercicio pleno de las libertades públicas, con especial preocupación por la libertad de prensa, y en esa lucha pasó rabias y dolores de cabeza, pero sabía perfectamente que mantener a El Mercurio en el mejor pedestal, era primordial en la faena de dar aliento a las fuerzas democráticas. Hace mal el Colegio de Periodistas en demonizar a don Agustín. Poco menos que lo asimilan al peor de los esbirros. Los detractores del Doonie si pudieran patearle el ataúd, lo harían con el mayor gusto. Y hay que decirlo, El Mercurio tantas veces dijo la verdad y encaró a los mendaces abanicados en la sangre derramada. Los que hicieron un documental sobre el Dunny, se propusieron el insulto y la calumnia, en lugar de resaltar los méritos de un buen empresario y periodista. El tremendo aporte de don Agustín a Chile con el tiempo se irá aquilatando. A vía ejemplar, cuántos escritores no se vieron estimulados por los concursos literarios con excelentes jurados y bien obsequiados. En lo personal, me siento agradecido de El Mercurio y don Agustín. En sus páginas, mi obra como escritor ha tenido buena acogida. En cambio, los medios de comunicación de izquierdas me han ninguneado hasta el infinito.

Han dicho barbaridades de su persona, como que fue el cómplice pasivo número uno de “la dictadura”, pero el Doonie no fue el malvado que muchos pintan. Don Agustín fue un momio respetable y un hombre que dio cabida al discernimiento crítico. Así lo pudo testimoniar esa mujeraza del periodismo nacional doña Raquel Correa, sus entrevistas esclarecedoras y punzantes en El Mercurio jamás fueron motivo de censura. Cosa curiosa: muchos de los que llevaron al país al desastre, hoy gozan de buena salud. Desde luego cuando fallezca Carlos Altamirano Orrego nadie lo denunciará como uno de los mayores culpables de la tragedia nacional. Se lo llorará a mares, se le celebrará su cacareada renovación socialista. Digamos las cosas como son: el periodismo nacional ha sufrido una baja significativa. A los 89 años, ha fallecido don Agustín Edwards Eastman, un hombre respetable y de provecho, Dios lo bendiga.