Wekufe es tu primera película y no solo dirigiste sino que la escribiste, produjiste y la editaste, hiciste casi todo solo.
– Hay que hacerlas todas, como circo pobre. Pero igual tiene su lado bueno, porque todos están haciendo algo importante de una forma colaborativa, que no se da en películas tan grandes.

¿Afuera a la película le ha ido bien?
– Le ha ido súper bien, ya hemos ganado siete premios a mejor película y más de una docena de selecciones oficiales en festivales, le ha ido bien con la crítica y los sitios especializados del género la han alabado. Conectaron bien con los mitos y leyendas chilenos porque eran inexplorados y totalmente novedosos para ellos.

Wekufe es casi más realidad que ficción, fue filmada en escenarios reales, con historias y gente del lugar.
– Vamos más allá de la típica premisa de basarnos en hechos reales, estamos trabajando con la realidad pura, con los relatos de la gente. Todo esto le da una especie de velo de misterio que hace que sea más real. La gente del lugar participó en la película. Fue un trabajo bien delicado porque teníamos que tratar de no ser invasivos con el entorno, que nos aceptaran y se sintieran cómodos con nuestra presencia, cosa que nos pudiesen entregar su verdad acerca de los hechos y la mitología de la zona.

Hablan del Trauco y de las violaciones en Chiloé, algo que no es muy conocido por la gente.
– Es un tema delicado, a mí de cabro chico siempre me llamó la atención de que había capítulos enteros en los libros de historia que te enseñaban acerca de estos mitos y leyendas, me sorprendía que nadie se lo cuestionara, crecimos dando por sentado estos mitos. Cuando fui creciendo me fijé que esto podía ser una manera fácil de explicar algo no racional. Ahí me puse a investigar y llegué a darme cuenta que el 70% de los crímenes de Chiloé son de índole sexual, violaciones, incesto, femicidios o pedofilia y hasta el día de hoy se les siguen atribuyendo a ciertos mitos y leyendas. Todavía le echan la culpa al Trauco para no reconocer a los hijos. El Trauco antes era un protector, pero con la llegada de los jesuitas, cuando el hombre salía a pescar y después de seis meses volvía y se encontraba que su mujer estaba embarazada, ahí los curas inventaron en mito del Trauco para culparlo de las violaciones que provocaban los españoles. Fueron historias que se fueron creando en la invasión española para justificar sus crímenes. Esto tiene un trasfondo mucho más oscuro que el mito mismo.

¿Siempre fuiste fanático del cine de terror?
-Desde que era muy chico, cuando tenía tres años fue mi primer encuentro con este cine porque mi mamá me llevó a los Estudios Universales y había un Frankenstein como de dos metros que me fascinó, de hecho me saqué una foto con este monstruo, como cualquier niño al lado del ratón Mickey en Disney. De ahí partió mi fascinación por este mundo. En esa época, muchas películas de terror estaban prohibidas, o las censuraban o eran para mayores de 21 años. Menos mal existían un par de programas en la tele que pasaban en trasnoche “La Dimensión Desconocida”, “Galería del Terror” o “Alfred Hitchcock presenta”. Me amanecía viendo todas esas cuestiones y definieron mucho lo que es mi estilo. A mí más que el gore y la sangre, me interesa un terror psicológico, un terror que tiene ver más con lo cósmico.

No tan hollywoodense.
– Definitivamente. Aparte que es un género que da para mucho, me gusta cuando el miedo se utiliza como una alegoría o una metáfora para hacer denuncia social o contar cosas que tienen que ver más con la oscuridad humana que con monstruos y fantasmas.

¿Se puede hacer denuncia social con el cine de terror?
-Hay muchas películas donde se ha usado el terror para exponer temas que son más importantes. El Bebé de Rosemary de Roman Polanski era una alegoría a los derechos reproductivos de la mujer o El Exorcista, como una alegoría a la fe y hasta Godzilla, con las explosiones nucleares y desechos radioactivos.

Pero en el mundo del cine no se le da mucha bola al terror, siempre es el cine serio y social el que pega más, especialmente en Chile.
– Es verdad. Eso es un prejuicio que hoy en día, la nueva ola del cine chileno está rompiendo. Se está haciendo más cine de género. El cine chileno hoy en día es considerado uno de los mejores a nivel mundial, está arrasando en los festivales, con nominaciones al Oscar y a los Goya, pero lamentablemente ese fenómeno no se ha traspasado a las salas nacionales, todavía existe un prejuicio de que el cine chileno es más contemplativo, más fome.

¿Ya has pensando en algún proyecto más?
– Estoy metido en un segundo largometraje que tiene que ver con la migración y como los inmigrantes ocultan sus creencias religiosas en Chile.

¿Los haitianos con el vudú y las santerías?
– Exactamente, me voy a sumergir en ese mundo a través de los ojos de un antropólogo español y aparte tengo una propuesta de un productor norteamericano para hacer una película que es una serie de ocho cortometrajes de ocho cineastas de diferentes partes del mundo. Ambas películas van a ser de terror, yo creo que vamos a aprovechar el vuelito que agarramos con Wekufe, para seguir trabajando con el mismo género.