“Pienso que el asunto del obispo de la ciudad de Osorno, Juan Barros, va a ser central…”, dice el sacerdote jesuita Felipe Berríos en una entrevista con El País en donde, entre otras cosas, habla de lo dicho por el papa respecto del obispo y otrora brazo derecho de Fernando Karadima, ex párroco de El Bosque. Esto cuando el sumo pontífice se apresta a visitar Chile.

Consultado entonces sobre ¿qué le contaría usted a Francisco? responde que “le diría que Chile es un pueblo creyente, que tiene inquietud espiritual y está marcado a sangre y fuego por la manera en que vivió el sacerdocio San Alberto Hurtado, con un fuerte compromiso con los pobres y la justicia social. Pero que ese pueblo se siente abandonado por sus pastores y desilusionado con los casos de abusos sexuales”.

En este último punto se detiene y refiere el episodio de la polémica por el “Osorno sufre por tonta” proferido por Bergoglio cuando la gente de la ciudad del sur de Chile cuestionó el vínculo de Barros con Karadima. Al respecto, sostiene que “el Papa tiene razón en que a Barros nunca se le ha hecho ninguna acusación sobre abuso sexual. Pero Barros por muchos años fue secretario cercano de Karadima, que no solo era un abusador, sino que estaba ligado a la dictadura, al poder dentro de la Iglesia, al clasismo. Por lo tanto, Barros no puede decir que nunca supo nada de lo que pasaba, no es creíble. Y si fuera verdad que nunca supo nada durante todos los años en que fue brazo derecho de Karadima, significa que no tiene la capacidad básica de ser obispo: alguien que no se da cuenta de nada. No sé si el Papa logra comprender bien este asunto: no es un asunto de contumacia de la ciudad de Osorno. La gente no es tonta ni está engañada.

Entonces, respecto de si el papa debe hacer un gesto hacia los osorninos, Berríos es claro: “Espero por cariño a la Iglesia y al Papa que quienes están organizando la visita le hayan dicho que la figura de Barros quedó como un símbolo en Chile de la impunidad y de la Iglesia prepotente, elitista y abusadora. Yo creo que Francisco debería hacer un gesto, porque es un asunto que ha dividido y golpeado a la sociedad chilena. O no hacerlo, porque sería hiriente verlo, por ejemplo, abrazado a Barros”.