María Pincheira (78)

“Desde el 2016 que estoy aquí, porque el local es de mi sobrina, ella me da un lugarcito para ayudar a mi jubilación que es muy mala, 15o y tanto, no me alcanza. Acá me pagan por día y es variable lo que saco, de $1o.000 a nada. Me gusta trabajar acá, porque hago algo, poh señorita. Yo soy del sur, de Temuco. Llegué hace cualquier año a Santiago, porque me vine muy joven. En los tiempos de la Unidad Popular tuve un negocio en La Vega, pero lo perdí, me lo quitaron por momia, porque me peinaba en peluquería, porque andaba mejor. No hubo caso de recuperarlo señorita. Sigo siendo de derecha. Me gusta mucho José Antonio Kast, pero voté por Piñera, las dos veces. No me gustó el gobierno de Bachelet. Me gusta el Kast porque no chutea con ningún pie, es de una línea, me encanta como persona.”

 

María Navarrete (79)

“Hace como diez años que hago esta pega, señorita, de recolectar cartones. Trabajé más de 30 años en los Carabineros, era lavandera, pero mi comisaría se fue y no los quise seguir poh. Yo vivo acá cerca. Este año no iba a trabajar, porque ya estoy pisando los 80 señorita, pero lo hago para ayudar a mi hijo que quedó sin trabajo y tengo otro con síndrome de Down. Venimos los cuatro, el caballero mío y mis dos hijos. Señorita, hay días buenos y días malos. Ahora vendemos a $45 el kilo de cartón, antes lo estábamos vendiendo a $30, imagínese, Calcule usted cuántos kilos tengo que juntar para comprar un pollo, así que comemos pura carne molida. En los días buenos, si la corremos, hacemos 500 kilos. Hay que moverse, señorita. Aquí uno se encuentra de todo señorita. A veces se pelea con la gente, porque hay mucha gente atrevida, entonces una no se va a quedar callada poh. Yo con lo poco que gano, ayudo a mis hermanos, algunos siguen en el sur. Nosotros fuimos nueve hermanos. El desgraciado de mi padre, era panadero y jamás me compró un par de zapatos, yo salía al campo, señorita, chica a trabajar. Somos de la provincia de Ñuble, de Bulnes. Mi mamita se murió hace unos cinco años -se le llevan los ojos de lágrimas- y no de vieja, se cayó arriba del fuego y vivía solita. Tenía 94 años. Yo me vine el 58 a Santiago, porque allá no se gana nada. Gracias a Dios siempre he tenido trabajo. Trabajé de empleada doméstica, vendí cabritas. Lo he pasado bien señorita. A mi marido lo encontré aquí y este mes vamos a cumplir 50 años, pero la verdad es que yo vivo con el no más.

 

Paola Altuve

“Llegué hace cuatro meses a Chile y hace dos que trabajo aquí. Me vine con mi esposo, que también trabaja en La Vega. En Venezuela trabajaba de enfermera, estoy esperando para empezar a tramitar los papeles y poder ejercer acá, eso se demora como un año, pero por mientras estoy contenta acá. Es un trabajo súper bueno, activo, hay que llamar a las personas. Vendo las empanadas de pino, que son las típicas chilenas de ustedes y son muy buenas, demasiado ricas. Me han acogido muy bien en Chile, los chilenos son muy amables, nos han ayudado mucho, nos han regalado cosas, porque cuando llegamos no teníamos nada. Los hombres me dicen cosas como “ay, guachita, muy bonita, es muy guapa esta niña, uy Venezuela, lo mejor”, pero todo con respeto.”

Olga Nuñez (61)

“Hace 28 años que llegué a La Vega, antes tenía negocio, como un minimarket en Conchalí, pero me empezó a ir mal y como todos me conocían, me quedé trabajando con la gente de aquí. Empecé sólo con empanadas de horno, vendiendo alrededor de toda la Vega, por dentro y por fuera. Como cinco años después, les agregué mis anticuchos. Llego a las siete de la mañana y soy la última en irme, como a las 21:30. Es duro trabajar aquí, ahora la sufro por el calor, porque camino todo el día, pero en el invierno es más rico. Me dio artrosis por tanto caminar y cargar cosas, pero de esto vivo. Me dicen la tía Olguita, la reina de los anticuchos, la reina de la empanada, la mamita. Yo soy cristiana y usted sabe que esto tiene altos y bajos. Un día tenía muchas empanadas y ya era tarde, así que me fui a un restorán, hice una pequeña oración, le pedí a Dios que me ayudara porque ya era tarde y tenía que ir a ver a mis hijos, porque en ese tiempo estaban chicos. Entre al restorán y estaba un caballero al que le dicen el Ñatito aquí, él me llama y me pregunta cuántas empanadas me quedan, le digo que me quedan muchas, “envuélvamelas todas para llevar” me dice. Eso siempre se lo cuento a la gente, cuando andan agobiados, tienen días malos, que confíen en Dios.”

 

Doris Araya (55)

“Llevo 40 años trabajando aquí en La Vega y me encanta, me fascina. Uy, mi amor, aquí han pasado tantas cosas. Este hombre que tengo aquí al lado, el cafetero, salía en el Kike Morandé como Luciano Bello, cuando tenía el pelo largo y los dientes largos, ahora se los cortó. Aquí pasa de todo y lo pasamos bien. Se ponen a cantar, a bailar, un día salí bailando en un video musical de ese cantante que canta “pico, pico, pico, la cebolla pico”. Mi papá trabajaba acá, trajo a todos mis hermanos y quedé yo aquí. Soy arrendataria y me va bien, pude sacar a mis hijos adelante. Cuando La Vega era vega, el local se abría a las 5:30 de la mañana y a las dos de la tarde ya estábamos todos en la casa. Pero ahora viene más gente a comprar en la tarde que en la mañana y me quedo como hasta las 19:30. Me voy a quedar aquí trabajando hasta que me muera.”

 

Beatriz Fuentes

“Soy de Venezuela, llegué hace tres meses a Chile y me puse a trabajar inmediatamente en La Vega. Me levanto a las 5:15 y me voy a las cinco de la tarde. Me gusta este trabajo, es dinámico, el público me trata bien, les gusta que sea venezolana y siempre me preguntan cosas sobre mi país, si es verdad todo lo que se dice. Allá era docente y me vine con mi esposo y mis dos bebés. Aquí se gana bien, el sueldo fijo $500.000 y con comisiones saco unos $650.000, alcanza bien. Quiero seguir trabajando aquí. Vivimos en Quinta Normal. Me gusta Chile.”

 

Mirta Alfaro (65)

“Llegué a los 20 años a trabajar a La Vega, me he pasado una vida acá. Este local era de mi papá. Soy de Maipú,  a las 5:30 ando en pie, despierto sola por la costumbre. Aquí me quedo hasta las siete de la tarde. Dejo a mi marido de dueño de casa, yo llevo la batuta. Me encanta trabajar en La Vega, lo paso bien, me olvido de los problemas y me alcanza la plata. Le tengo de todo bueno para ofrecerle. Espinaca, ciboulette, albahaca, yerba buena, perejil, cebollín. Me voy a quedar aquí hasta que Dios me de fuerzas, pero tengo cuerda para rato.”