Sailor Moon se ha convertido en un ícono de la comunidad LGBT+ internacional y sus protagonistas se han utilizado en repetidas ocasiones en campañas feministas como Fight like a girl, debido a las temáticas que ha tratado este manga y anime de la autora Naoko Takeuchi, en todos sus formatos.

En Chile, el anime original se transmitió en su versión de doblaje latinoamericano por primera vez entre 1996 y 1999 en Chilevisión y fue recibida por el público chileno con sentimientos encontrados. Mientras la serie tuvo un éxito innegable, demostrado entre otras cosas por los cuatro álbumes lanzados por la extinta marca Salo – que en paz descanse – entre el 97’ y el 98’ y la enorme cantidad de mercancía original y pirata que llenó tiendas y ferias de un momento a otro; parte del público adulto consideró Sailor Moon como no apropiada para niños.

De hecho, este rechazo no estuvo solamente limitado a la década de su primera emisión o a la siguiente. El 2012, el canal ETC TV, en su transmisión por VTR, censuró tres capítulos correspondientes a la tercera temporada Sailor Moon S en los que la relación entre Haruka o Sailor Urano y Michiru o Sailor Neptuno, toma protagonismo, mostrando un cierto nivel de afecto romántico semi explícito. Ante la denuncia del Movilh, la cadena respondió que la censura no provenía de una discriminación por parte de la empresa, sino de una respuesta a una multa emitida por el CNTV, luego de recibir denuncias en relación a la falta de “discreción” de VTR en el filtrado de contenido adulto de otra serie animada en emisión, South Park en MTV. Finalmente, VTR decidió mover Sailor Moon fuera del horario de protección a menores.

Pareciera que hacer un paralelo entre una serie como South Park y Sailor Moon en cuanto a contenido “adulto” es algo risible, pero la reacción de VTR pueden explicarse fácilmente dentro del conservadurismo del que deben haber provenido las denuncias.

Más allá de la historia principal, en la que vemos a un grupo de colegialas convertirse en heroínas con poderes mágicos, que se verán constantemente enfrentadas a vilanos que buscan la destrucción de la tierra, el sistema solar, o la galaxia, Sailor Moon explora temas como la maduración emocional, el inicio del desarrollo sexual y el papel de la mujer en la sociedad. Con personajes que desde la primera temporada desafiaron la heteronormatividad y todos los aspectos de la concepción binaria del género, Sailor Moon fue para muchos niños y jóvenes LGBT+ la primera instancia de representación televisiva de un símil.

Los esfuerzos del doblaje latino por censurar o disimular a los personajes no heterosexuales de la serie dejaron extraños resultados, por algún motivo fueron mucho menores que los del doblaje español o inglés norteamericano y claramente no lograron su objetivo.

En la primera temporada conocemos a la primera pareja homosexual de la serie en las filas del Dark Kingdom, Zoycite y Malachite son villanos, cuya relación traspasa las barreras del simple compañerismo en varias ocasiones, especialmente al momento de la muerte de Zoycite en brazos de su amado. Aunque ambos personajes claramente son hombres y fueron doblados por actores masculinos en la versión original, Zoycite es doblado al español latino por una mujer, aprovechando las características más bien asociadas a lo femenino del personaje para generar una confusión en el espectador sobre la homosexualidad de la relación.

Lo mismo sucede con Ojo de Pez en la cuarta temporada, Sailor Moon SuperS. Este villano es doblado también por una mujer y muchos de sus diálogos son alterados para disimular el hecho de que es un hombre que gusta del travestismo y que quizás podría considerarse como transgénero. En la versión norteamericana la censura había sido tan dura con este personaje, retratándolo ya derechamente como mujer, que tuvieron que cortar dramáticamente muchos de los planos del capítulo 140 en el que aparece de torso desnudo.

Las censuras a medias crearon personajes bastante confusos, pero en el caso de la pareja más destacada de la serie, Haruka y Michiru, la censura es casi nula. A diferencia de la versión española, que las hizo primas para explicar su convivencia y afecto, en Chile pudimos ver su relación romántica claramente desde un primer momento, aunque hay algunos capítulos en los que otros personajes se dirigen a Haruka con artículos masculinos, ella se encarga de dejarnos claro que es una mujer.

Haruka es interesante como personaje en los 90´ ya que se trata de una mujer cisgenero, es decir, que se identifica con el sexo que le fue asignado al nacer, y que además tiene una expresión de género masculina. En un primer momento, la preferencias de vestir, lenguaje corporal e inflexión vocal de Haruka hacen pensar a las protagonistas que se trata de un hombre. Lo maravilloso de la serie es que al momento de enterarse de que no lo es, el comportamiento de los demás personajes hacia ella no cambia en lo absoluto. Más aun, todos los personajes LGBT+ de la serie están casi totalmente normalizados dentro del contexto de los acontecimientos.

La relación de Haruka y Michiru nunca es cuestionada y aunque el contraste de sus personalidades podría dar paso a la reproducción de estereotipos negativos sobre las relaciones entre mujeres lesbianas, bisexuales o queer, como por ejemplo la idea de que la integrante de la pareja con características más asociadas a lo masculino asumirá el rol de hombre/macho dominante por sobre la otra, ellas se relacionan siempre desde la paridad y su relación es mirada por las demás como madura e imitable y ambas se constituyen como modelos a seguir desde sus singularidades.

Ya en su última temporada, Sailor Moon Stars, aparecen tres nuevos personajes, las Sailor Star Light, que fueron tan controversiales a nivel internacional que la temporada entera fue censurada en Estados Unidos en la primera emisión del anime.

Estos personajes que conocemos primero como hombres luego se nos “revelan” como Sailor Scouts y como mujeres. En la historia original del manga, Naoko Takeuchi plantea a estos individuos como mujeres que se disfrazan de hombres, pero Toei Animation decidió llevarlo un paso más allá en el anime y generar seres que fuesen capaces de transitar entre los sexos. Al momento de ver las transformaciones de Seiya (Sailor Star Maker), Taiki (Sailor Star Maker) y Yaten (Sailor Star Healer) se hace totalmente evidente, el plano hace un recorrido por el cuerpo de características claramente masculinas y las reemplaza por curvas femeninas, pasando por una transición clara del azul al rosado ya sea en el cuerpo de las Star Lights o en el fondo, dependiendo del episodio.

Aunque los diálogos fueron fuertemente editados en esta temporada para el doblaje latino, se dejan entrever muchas pistas que no dejan clara la identidad de género de estos personajes. Los vemos tanto en sus formas masculinas como femeninas, pero no sabemos exactamente con cuál de estas identidades se identifican. Aunque hablar de transexualidad en estos personajes tiene sus dificultades por tratarse de seres alienígenas que tienen la habilidad de transitar de un sexo al otro, podríamos decir que en esta temporada de Sailor Moon se produjo uno de los primeros acercamientos por televisión abierta en Chile hacia personajes de género no fluido o no binario, que estuvo dirigido a un público de niños, niñas y adolescentes, en una época en la que estos términos ni siquiera se conocían. Una vez que las Sailor Scouts se enteran de la verdad, el tema de la transexualidad se considera eventualmente como algo normalizado dentro de la serie, pasando a ser solo una de las características que definen a estos individuos que se constituyen como las mismas personas sin importar la forma que toman, algo impensable para cualquier otra transmisión televisiva en nuestro país en los 90’.

Sailor Moon desafió la imposición de parámetros binarios del género desde todos los frentes, dando plataforma a orientaciones sexuales, expresiones e identidades de género no heteronormadas por un lado, e instalándose en su totalidad desde un punto de vista feminista por el otro. Naoko Takeuchi creó un mundo en el que las mujeres llevan la batuta; son las heroínas y las supervillanas más poderosas, son médicos y amas de casa, corredoras de carreras y músicas de prestigio internacional, idols y científicas doctoradas. Logrando sobrepasar incluso las propias características machistas de la cultura japonesa que se permean en algunos aspectos de la serie inevitablemente y considerando las miles de diferencias culturales que diferencian una postura feminista tomada desde el Japón y una tomada en occidente, Sailor Moon tuvo un impacto internacional enorme en la generación millenial y lo continua teniendo en los más jóvenes.

En Chile, uno de los países a nivel mundial que consume más anime, la influencia de Sailor Moon se deja ver en las referencias de conocidas figuras para la comunidad LGBT+, como Joven y Alocada (Camila Gutiérrez) que se refiere a su interés romántico como Sailor Jupiter, el Rey Feliz, que frecuentemente utiliza imágenes de Sailor Moon, de Serena en particular, en sus redes sociales o (me llamo) Sebastián, en su video musical de la canción “♥”, y en crecientes comunidades de fanáticos compuestas por miles de personas de todas las edades, sexos, orientaciones sexuales, expresiones e identidades de género, que se ven representados por estos personajes, que nos robaron el corazón en los 90´ y hoy forman parte irremplazable de nuestra identidad.

*Licenciada en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile