El ‘caso Mohor’, crisis iniciada por una denuncia contra el Presidente autonomista de la FECh, ha implicado una fisura en las relaciones entre las dos orgánicas emblemáticas del Frente Amplio, Revolución Democrática y Movimiento Autonomista. Si la denuncia contra el dirigente era cierta, no parece tan relevante si RD operó con el mismo criterio que la derecha. Si la denuncia no era suficientemente robusta o si estaba en proceso, el gesto de desconfianza de RD es reprobable. Pero ya la crisis no tiene que ver con esto. Incluso da lo mismo. Hoy el tema está en el destino de ambas fuerzas. Y por ello lo pertinente es analizarlas.

RD y MA son dos movimientos orgánicos esenciales del Frente Amplio. Son las estructuras de militantes más grandes y marcan el espíritu fundacional de la coalición. Provienen ambas del mundo estudiantil y cada una cuenta con liderazgos que fueron fundamentales en la construcción del Frente Amplio (Jackson, Boric fundamentalmente, a los que se sumó hace menos tiempo Sharp). Ambas orgánicas son muy distintas: RD es un partido cuyo nivel de estructuración es elevado. Es burocráticamente consistente. Eso se percibe desde el carácter efectivo de las decisiones políticas de su directiva y liderazgos, hasta la preocupación por la conversión del movimiento en partido formal (exitosamente) e incluso se puede detectar observando el completísimo informe de la página web de RD respecto a transparencia activa. Por otro lado, el Movimiento Autonomista es fragmentario, las decisiones orgánicas se toman y luego son revisadas (e incluso modificadas o anuladas) informalmente, sus liderazgos tienen una relación con la estructura orgánica relativamente débil, no han construido partido a pesar de ser del mismo tamaño que RD (o incluso más grandes en tanto militancias activas) y si se ejercita comparando la página web de ambas fuerzas en términos de transparencia; quedará claro el fuerte foco de organización burocráticamente eficiente de RD respecto al bajo foco formalista del MA. De hecho, es frecuente la enorme cantidad de rumores internos del Movimiento Autonomista incluso sobre su destino, al punto que normalmente ha tenido que aclararlos, pues se habla de muchas posibles fusiones con otras fuerzas, lo que luego de meses de rumores no se ha confirmado ni descartado. En RD las cosas son más simples: no les interesa sumar orgánicas, tienen una estructura liviana y bien conformada, con un partido inscrito a nivel nacional gracias al trabajo de todo el Frente Amplio. Su inscripción nace con un acto de astucia de su directiva: el partido tendría carácter de instrumento político para candidaturas y, en tanto tal, fue apoyado por casi todo el Frente Amplio para inscribirse nacionalmente y viabilizar las primarias legales; pero el partido nunca se comportaría como partido instrumental de todos, sino que operaría como si fuera un partido formado por militantes de RD. Entonces el partido recibió el servicio de apoyo de muchas personas para inscribirse, pero decidió a qué personas otorgar la posibilidad de postular desde su lista.

RD es un partido serio. Eso no es necesariamente bueno y sano, pero es indispensable para crecer. Su brutalidad negociadora es parte de su espíritu ‘serio’. Y su talento para ser la vanguardia de las decisiones del Frente Amplio ha dejado con frecuencia al Movimiento Autonomista como el acompañante rebelde que todo líder ordenado necesita para matizar su falta de energía vital o estilo. Políticamente hablando esto se traduce en un hecho muy sencillo: el Movimiento Autonomista considera que su forma de hacer política y sus visiones son radicalmente distintas a las de Revolución Democrática, pues los autonomistas son anticapitalistas y en RD hay un fuerte antineoliberalismo en sus bases, pero no es tan intenso en sus cúpulas. En definitiva, si se quiere simplificar, el Movimiento Autonomista es más izquierdista que Revolución Democrática.

Las diferencias políticas, sin embargo, no se han expresado orgánicamente. Aun cuando los diputados han votado con algunas diferencias (o matices), la verdad es que a nivel de los partidos el Movimiento Autonomista ha sido más bien un obediente seguidor de la ruta marcada por Revolución Democrática. Han secundado normalmente las definiciones para el Frente Amplio, siendo lo más claro que Beatriz Sánchez fuera fundamentalmente una candidata de RD y, en segundo orden, del Frente Amplio. RD se fue convirtiendo durante 2017 en el partido administrador de la coalición y el Movimiento Autonomista es un amigo, rebelde discursivamente, pero fiel.

La clave ha estado en la alianza de Gabriel Boric y Giorgio Jackson. Pero si Jackson subió muchos peldaños en 2017, Boric bajó algunos. Su peso político, en términos comparados con Jackson, se redujo.

La crisis de la FECh ha sido el momento donde se desnuda la tensión lógica entre dos fuerzas distintas que se aliaron artificialmente y sin profundidad política en un escenario electoral y que requieren un tratamiento de mayor densidad política. Si para los autonomistas el anticapitalismo, el feminismo radical y el anticolonialismo son esenciales; no tenía mucho sentido operar con una política liviana en contenidos y de carácter amable y simpático, escondiendo el bulto a las palabras duras, como fue la estrategia de Revolución Democrática.

Hoy, sin elecciones de por medio, el mundo autonomista parece rebelarse ante el lazo que los une, pero que también los minimiza, con RD. La pregunta es obvia: ¿se trata de los últimos esfuerzos autonomistas del autonomismo antes de aceptar como norma esta condición de determinación desde RD? ¿O se trata de un nuevo orden donde el autonomismo asume la necesidad de tomar protagonismo real en la coalición disputando el control político de la misma a RD?