En política la cuestión no es binaria: pura imagen o profundas ideas. “Gente que todavía cree que las ideas se miden por cómo te vistes…”, pataleaba hace unos días Gabriel Boric por tuiter, probablemente después de leer el comentario nº 3 millones 435 mil respecto a su look.

Y no pues, en política, la imagen proyectada, el look, la apariencia expresan en sí mismas profundas ideas. Y todo el mundo lo sabe, lo dice Foucault, lo dice Watzlawick, y lo dicen los papers del Cómo Influye el Fashion en la Política (The Sesabe University). Lo saben los nuevos liderazgos políticos emergentes chilenos y, sobre todo, Boric lo sabe.

La ropa refleja el poder, el look indica hacia dónde aspira a moverse fulano o fulana en el mapa político y los detallitos fashion siempre son un guiño al posible votante o adherente: la imagen también determina ganar o perder espacios simbólicos de poder. Es así desde que a un sapiens, como cuenta el muy de moda Haruri, se le ocurrió ponerse encima la piel del dientes de sable que había cazado para mostrarle al resto de la tribu quién llevaba la macana. Usar o no usar corbata también es ubicarse de un lado u otro del poder.

Boric tuvo la gentileza de mencionarme en una entrevista (mi ego no se resiste al halago), así es que vamos a hacerle el análisis fashion-político porque eso de que “las ideas no se miden por cómo te vistes” es algo que una solo le acepta a Hegel. Boric maneja el arte de construir su imagen con bastante destreza y ha escogido sus looks para representar sus ideas de acuerdo a la ocasión. El cabro sabe. Pero insiste en decir que no, si sí.
Boric sabía que presentarse el 2014 a jurar como diputado con gamulán y sin corbata era una declaración con más contenido político que los libros de Mayol y el documento del Frente Amplio juntos. Su look a lo gitano Lazlo Boric es una manera de decir “aquí está mi pecho velludo y honesto, nada que ocultar tras una corbata. No me voy a poner corbata para parecerme a estos honorables encorbatados, que dudosamente son honorables”. Algo así sería la declaración de principios.

Boric se ha dejado ver como el samurái que da la pelea con honor contra los pacos; como el vecino de shores cortos que se inunda igual que usted con la lluvia y sale a pata pelá a enfrentar el barro y la desgracia; ha sido el grunge que entiende a los espinilludos sin esperanza, y ha sido el punketa antisistema con mohicano.
Y está el famoso gamulán. ¿Cada cuánto untará con grasa de foca o de oveja ese gamulán? ¿Lo masticará su señora para ablandarlo cada mañana, igual como las mujeres inuit mastican las botas y anorak del marido antes de que salgan a cazar osos o votos? Yo veo en el gamulán de Boric la encarnación del ovejero magallánico, solitario, paciente y rudo, recio ante el temporal, pero que guiará a su rebaño (nosotros) a buen recaudo frente al neoliberalismo voraz.

Que en la política valen tanto o más las imágenes que las ideas, lo sabe también el Contralor. Por eso es que decidió llamar al orden a la alcaldesa Cathy Barriga, esa hada madrina de ChileVamos y ordenarle que la corte con poner su caricatura hermoseada en todos los folletos de servicios y actividades de la municipalidad de Maipú. Se presume que puede incurrir en abuso de imagen para fines personales.

Ella es otro liderazgo político emergente que, patinazos más o patinazos menos, sabe que la imagen cuenta más que 10 gestiones públicas. Fue Robotina y chica pechugona Mekano cuando había que parar la olla. Nada que cuestionar. Pero en algún momento, y tengo la idea que nadie la asesoró en ese plan (lo que es terrorífico), decidió que su imagen encarnaría el sueño de la chiquilla C3, promotora, madre soltera, preocupada de su apariencia, una leona proveedora del hogar. Ésa que a puro ñeque puede aspirar a casarse vestida de Cenicienta, tal cual, con un príncipe de la UDI. Y lo hizo.

Y hoy, que Cathy Barriga es alcaldesa, hace una gestión fashion notable. Se autodiseñó un look igualito al de la alcaldesa de Ponyville, severa, pero de infinitos colores pastel. Reparte monos de peluche, aritos de perlas falsas (que Robotina nunca usaría) y proyecta a una autoridad cariño-osita. Ella expresa que no hay necesidad de parecer mayor de la Gestapo, como otras en Providencia, para ser eficiente. Pregúntenle a las encuestas. Maipú imparte cursos de princesamiento y superación personal, y cursos de gimnasia para estilizarse. Y con esa gestión alcaldicia aparece en LUN tanto o más que su suegro. Lo importante: con ese manejo de la ropa y la imagen, ¿alguien sabe qué fue de Joaquito Lavín Jr o qué hace, salvo ser el marido de Cathy Barriga?

*Rivers Asesorías Fashion&Política.
Especialidad en imagen, poder y ridículo