Hace una semana Franklin, ciudadano de nacionalidad peruana, murió al derrumbarse la cueva en la que vivía en las orillas de un río de Colina, a un costado del campamento Ribera Sur. Sí, literalmente una cueva, en Chile el año 2018. Vivía en esa situación luego de ser desalojado de ese mismo campamento hace cuatro meses por parte de la Municipalidad.

Hoy queremos recordarlo, ya que probablemente cruzó la frontera con la esperanza de encontrar las oportunidades que su país de origen no le entregó. Pero murió solo, recolectando cartones para poder sobrevivir, esperando vivir bajo un techo un poco mejor y sin familiares que puedan reconocer su cuerpo.

Todos somos cómplices de esta muerte. El municipio de Colina por no querer atender a las cientos de familias que viven en campamentos en la comuna, el Estado de Chile al permitir que miles de personas en el país vivan en zonas de riesgo o expuestas a enfermedades por no tener al menos un techo donde pasar el invierno y también como sociedad, por ser indiferentes al dolor que están pasando muchos habitantes en nuestro país.

Franklin nos dejó el viernes 27 de julio, pero lo mataron desde mucho antes. Lo mataron cuando le dijeron que Chile es un país que acoge de buena manera a los migrantes, lo mataron cuando lo desalojaron y no le importó a nadie que se fuera a vivir a una cueva y lo matamos como sociedad con la total indiferencia que mostramos frente a su brutal realidad.

Su vida y su muerte nos duelen y nos deben seguir doliendo. Pero no pueden ser en vano. Nos tiene que movilizar y hacer actuar con agilidad, porque hoy son muchos los habitantes de nuestro país que pueden perder la vida en cualquier momento por las condiciones en las que viven y varios seremos cómplices de esas muertes.

Gonzalo Rodríguez,
Director Social de TECHO-Chile