Estas líneas van dedicadas a ensalzar a la mejor primera dama que ha tenido nuestro país, una mujer con más propiedades y virtudes que ninguna otra.

Doña Lucía, (porque así la llamamos todos quienes formamos parte de su círculo íntimo, mucho antes de que esa tal Alejandra Matus escribiera aquel librucho lleno de calumnias) escribo esta carta porque me parece necesario reforzar de cara a la opinión pública nuestra relación de amistad (y algo más) en este difícil momento. Por favor, cuente desde ya con mi total respaldo y apoyo en todos los sentidos, menos en el económico.

Quienes formamos parte de la familia militar vivimos días aciagos. Podríamos considerar que el primer paso de esta caída en desgracia fue el sensible fallecimiento de su Ex Excelencia el Ex Capitán General y Ex Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden, el Ex Presidente de la República Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, deceso que trajo no sólo dolor entre sus deudos, sino que más importante aún, el envalentonamiento del marxismo que esperaba agazapado el momento de dar rienda suelta a su venganza contra los héroes de la gesta heroica del 73.

Por supuesto que en esta confabulación no iban a estar ausentes medios de comunicación bolcheviques como el The Clinic, quienes con la premeditación y alevosía que caracteriza al neocomunismo inventaron una “investigación” a cargo de un tal Mauricio Weibel (a quien aprovecho de avisarle que sé donde vive) con argumentos tan absurdos que podrían perfectamente formar parte de la trama argumental de un libro de Dan Brown (si no lo han leído me imagino que al menos han visto sus películas, zurdos flojos). La investigación se tituló ofensivamente el “MilicoGate”, demostrando que toda esta charada no es más que una sarta de calumnias destinadas a desprestigiar a nuestra noble institución. Además todo el mundo entiende que las planillas excel son incapaces de manejar los exorbitantes números del presupuesto del ejército de Chile. Hago desde ya un llamado a Bill Gates a ponerse las pilas (si no tuviéramos el Office pirateado le habríamos puesto flor de demanda).

Pero la guinda de la torta fue el fallo que dictaminó esta semana la Corte Suprema. Dígame usted con la mano en el corazón ¿En qué país del mundo la justicia se atreve a quitarle todo su patrimonio (de apenas 1,6 millones de dólares) a una pobre y desamparada viuda a la que probablemente no le quedan más que unos ochenta o noventa años de vida? Dios mío, este sí que es un atentado a los derechos humanos.

Pero no es esta una misiva quejumbrosa, no señor, la real intención de mi carta es mostrarles la verdad respecto de esta mujer que tanto se ha sacrificado por nuestra patria, y que la izquierda se ha empeñado tanto en denostar. Una “limpieza de imagen” justa y necesaria, no como las de Imaginacción. Fuck you Guatón Correa.

Se me viene a la mente el recuerdo de aquella vez que estábamos tomando once en su casa y escuchamos el coro de esa famosa canción de Andrés Calamaro “No se puede vivir del amor” a la que Lady Lucy (así le digo yo en la intimidad) respondió con su sentido del humor característico “Pero se puede vivir del Estado”. Reí y le contesté “Ya se puso de las comunistas” , ella se puso de pie y me tiró la taza de té por la cabeza. Menos mal que ya se había enfriado.
Otra cualidad que se desconoce es su extrema generosidad, en especial con su familia. Tanto es así que lleva años apoyando a Augusto III, su nieto que tiene una fuerte adicción a la coca. Espero no cometer una infidencia al contar que incluso una vez estuvo a punto de golpearla porque le compró, por error, una pepsi.

El ejemplo de vida de Doña Lucía es probablemente lo que más indigna al zurderío que busca implementar su agenda del diablo. Y es que cada día que pasa más me convenzo de que ella es la quintaesencia de la mujer chilena: estatura pequeña, trutro corto, buena pa lo dulce, que llama a los gritos a sus seres queridos para tomar once, madre abnegada que se levanta incluso antes que la alcaldesa de Maipú, preocupada siempre de lo que hace su marido y aconsejándolo para bien, aunque el nunca se lo haya pedido.

Adorada Doña Lucía: Hay mujeres generosas y de buen corazón, otras tantas son finas y elegantes, pero la única mujer que puede asegurar que cuenta con todas esas propiedades es usted.