No es no me guste el traje de huaso. Es que me produce una acidez-país, así como las empanadas, la cueca y la chicha le daban acidez al tío Lalo apenas llegado septiembre. Es de los hitos del fashion folclórico chileno que más indigestión me produce en Fiestas Patrias, junto con la aparición de las nutricionistas de tv que advierten cuánto colesterol se acumula por cada choripán consumido y cuántos triglicéridos tiene un anticucho.

Mi tío Prosperino Rosamel, el huaso, sabe que lo adoro y que no tengo nada contra el dignísimo hombre de campo chileno, sea que lo encarnen el huaso Filomeno, Víctor Jara, los hermanos Campos, Condorito o Pepe Tapia. Es el atuendo fantasioso de patrón de fundo en día de inspección a caballo a los hipotéticos inquilinos lo que me hace subir la acidez. Y tener que bancarme todo el mes a la manga de ministros, ministras, alcaldesas, senadoras y diputados disfrazados todos con ese look de terratenientes de unas hectáreas que no tienen. O peor aún, que sí tienen, además de tener el cargo político.

Si solo fueran los Quincheros y los Cuatro Cuartos disfrazados con el engendro y cantando juerajuerajuerajei, vaya y pase. Pero se me atraviesa que el llamado traje de huaso elegante sea el look asociado a la autoridad política en este mes.

Ninguna autoridad se viste como el huaso de Rugendas, de temporera o se calza ojotas Firestone de campesino destripaterrones, no. La autoridad política escoge siempre el atuendo del patrón, del dueño de la tierra y de los animales, y hasta la Reforma Agraria, dueño también de las personas de su fundo y de sus destinos. Es demasiado poder representado en una sola persona.

El traje de huaso pije desciende directamente del traje del señorito pijo andaluz, dueño de tierras, heredades y toros, celebrando la Fiesta de la Virgen del Rocío. Del señorito, no del campesino que sobrevive a pan y cebolla como en los poemas de Miguel Hernández.

El no va más de la ostentación fashion&política de septiembre es posar en las páginas sociales del Decano en la inauguración de las fondas locales calzado de pies a cabeza con traje mil rayas, chamanto de Doñihue de dos millones, chupalla de 200 mil, espuelas de plata de medio millón. Si es mujer, se viste con ropón de huasa de 500 lucas montada de lado en un caballo corralero, como la Argandoña inspeccionando Pelarco cuando era alcaldesa o la Pilar Jorquera de Cardoen paseando por Santa Cruz.

Entre las decisiones fashion que más agradezco de Ricardo Lagos y de Michelle Bachelet es que jamás dieron la cacha disfrazados de huasos terratenientes. Lagos, elegante y fino él, solo recurrió al manto doñihuano una vez, como regalo típico para una cumbre Apec el 2004. De esa cumbre data la foto de Vladimir Putin y George Bush hijo posando como los dueños del fundo mundial que en ese momento efectivamente eran.

Salvador Allende se puso manta doñihuana una vez, pero a su incomparable estilo, enrollada. Detalle fashion que nunca le advirtieron, por ejemplo, a Fidel Castro, quien sí perpetró el 71 su instantánea de huaso pituco con chupalla y manta de Doñihue en plena reforma agraria.

Con Su Excelencia actual tengo sentimientos encontrados: por mucha manta doñihuana que se ponga, y debe tener una docena, uno no le cree que haya sido huaso a caballo jamás. Pero supongo que es de los pocos en Chile que posee las hectáreas de sobra y las acciones en empresas agropecuarias varias, como para pasearse vestido como uno de los patrones ciertamente por este fundo llamado Chile.

Mis recuerdos a Juan La Rivera, el único disfrazado de huaso pije que he tolerado, porque creo que el Festival del Huaso de Olmué lo ameritaba. Y a Eglantina Morrison, en Blanca María, la más glamorosa chilena en ropón.

Rivers Asesorías Fashion&Política. Especialidad en imagen, poder y ridículo