El expresidente uruguayo José Mujica fue hoy la estrella de la Mostra, a su pesar, y aprovechó el escaparate para defender a las mujeres y a los pobres, alertar del brutal crecimiento de África, de que la crisis inmigratoria es cosa de todos y para pedir a los mexicanos que tengan paciencia.

A sus 83 años y con una energía desbordante, Mujica presentó en Venecia el documental “El Pepe, una vida suprema”, dirigido por Emir Kusturica, pero poco habló de cine y mucho de la política que ha guiado su vida.

“Tengo una profunda preocupación por las clases humildes y, sobre todo, por las mujeres que se quedan solas (…) Quisiera que el feminismo nunca se olvidara de que existen clases sociales y que lo primero que hay que socorrer es el fondo de la sociedad”, afirmó en rueda de prensa.

Porque las mujeres son la clave y el mundo cambiará cuando las mujeres “tengan la posición de controlar el nacimiento”, agregó.

Sobre la situación en Venezuela y Nicaragua, expresó su solidaridad con el pueblo, con sus dolores y desgracias. Y agregó: “A veces los pueblos necesitan ayudas, pero hay ciertas ayudas en el mundo que más vale andar solo”.

“Lo que menos necesitamos en América Latina es que nos intervengan, lo que necesitamos es que se nos ayude”, y citó a países como México, Nicaragua o Venezuela que deben arreglar sus propios problemas.

Porque, “cada vez que nos metemos de afuera es peor. Los europeos tienen que recordar lo que pasó con Libia”, dijo Mujica en un encuentro previo con un reducido grupo de periodistas.

Una idea que enlazó con la inmigración, a través del recuerdo de los millones de inmigrantes que llegaron a América -en el encuentro se refirió al millón de españoles que fueron acogidos por México en 1940-.

“Hoy parece que el mundo más rico está más pobre” y que “no puede organizar el refugio de gente que anda desesperada”, lamentó Mujica, que alzó su voz además para decir que “los pobres del mundo, no de África o de tal lado, son de la Humanidad”.

Y África fue otro de los temas de los que habló largamente. De la explotación colonial y la destrucción de sus sistemas agrícolas, de los millones de esclavos “arrancados” de sus tierras y, sobre todo, del brutal crecimiento de la población.

“En 50 o 70 años la mitad de la población será de África, es una bomba de tiempo, la mujer africana pierde dos hijos pero pone 5 o 6 en el mundo. Es una obligación para la Humanidad entera ayudar a África tras tanto daño que se le hizo”.

Y agregó rotundo: “O Europa enfrenta este problema y es capaz de hacer un Plan Marshall para África o Europa termina café con leche porque, por grande que sea el cementerio del Mediterráneo, son mas fuertes las mujeres africanas”.

Multitud de ideas de un expresidente y exsenador que se ha convertido en una figura internacionalmente conocida y respetada, algo que sobrelleva con sonrisa y muchas explicaciones.

“No soy yo, es la necesidad de la gente de tener un símbolo, Me agarraron a mí como chivo expiatorio. Los seres humanos necesitamos creer en algo y los tiempos modernos no dejan creer en nada. Yo no soy otra cosa que un viejo sencillo”, señala mientras bebe un maté antes de la rueda de prensa.

E insiste en que si dedicara mucho tiempo al compromiso económico, no tendría tiempo para vivir. “Y creo que hay que hacer las cosas que a uno le gustan. Hay que tener tiempo para los afectos y las relaciones personales porque la vida se nos va”.

Ese es precisamente el principal mensaje que lanza a los jóvenes. “Les diría que tienen la libertad en la cabeza, que no se dejen llevar. Que yo, cuando estaba en la cárcel, el día que me ponían un colchón ya estaba contento. Porque las cosas fundamentales son muy pocas”.

Una veneración hacia su persona que se repite, resalta, en el caso de Luiz Inácio Lula da Silva, y que en el caso del expresidente brasileño se justifica como una reacción a “las medidas que está tomando el Gobierno en Brasil”.

Y preguntado por el futuro cercano de México con la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, pidió a los mexicanos que “tengan paciencia” y que “todos tienen que ser gobernantes de México” porque “todos tienen una responsabilidad”.

Lamentó eso sí, que por la frontera entre México y Estados Unidos pase “de todo, menos esperanza” y que ahora a los mexicanos les haya tocado “un presidente raro” al otro lado.