Y la guarde en su Santo Reino. A ella y a sus bailarines que se suben al escenario del Teatro Caupolicán vestidos como romanos sadomasoquistas, con cadenas y casco para bailar ¡Qué te pasa!
Que Dios la bendiga porque es cristiana, porque se agarró a un mino menor (Rodrigo Espinoza) cuando todavía no era moda y [...]
Por Lorena Penjean, en memoria de Guillermo Hidalgo

El Guille fue mi primer jefe hace diez años. Hasta su oficina llegué con mi bicicleta, un par de ideas peregrinas y ganas de hacer la práctica en el Clinic. Así se transformó en mi editor. Y también en mi amigo.
El Guille fumaba como gitana vieja y solía usar poleras y camisas que le quedaban como a Coné, dejando asomar el ombligo. El Guille mordía sus uñas y cuando tomaba vino, fijo que se manchaba. También sabía diálogos completos de películas y poemas y se emocionaba hasta las lágrimas cantando “Dueño de nada”. Por Dios que era sensible.
Al Guille le gustaba su pega en el pasquín. Lo recuerdo entrando al Clinic repartiendo piropos, saludando a todo el equipo y luego encendiendo un Marlboro Light para buscar en Internet fotos de minas de los sesentas, sendas actrices mega guapas en blanco y negro: sus viejas calenturas como le gustaba decirles. Continúa leyendo ›
Ya, me puse buena. Esta navidad en tiempos de crisis y sin que ninguno me lo pida,-como deben ser los regalos bienintencionados- asesoraré a los candidatos presidenciales: Frei y Piñera. Tomen nota.
Por Lorena Penjean, periodista-peluquera.
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Hay quienes creen que ese rucio anaranjado que el sol provoca en nuestro cabello en el verano es ultra taquilla. Como el sueño de recuperar el rubio perdido que nuestras madres aseguran que teníamos cuando chicos. Mentira. Lejos de ser chic, esas mechas más claras son la prueba fehaciente de que el sol está causando estragos en nuestro cabello.
Por Lorena Penjean, periodista-peluquera Continúa leyendo ›

Cuando chica, antes de que empezara a meterme mano sola, me llevaron a una peluquera que me hizo el peor corte que una niña de diez años puede llevar. Era como una melena con el frontal corto, como la mina de Dinastía, ultra rancio. Mala cosa, mis compañeros me decían cabeza de corcho, plumero y otras barbaridades que prefiero no recordar. Continúa leyendo ›
Lo confirmé: se teñía. Gente que fue a su misma escuela y que lo conoció me lo dijo. Mino-mino, Elvis la sigue llevando con sus peinados.
Por Lorena Penjean, desde Memphis, Tennessee
Esta bien podría ser una declaración de amor de una nerd. Entonces, antes que nada lo aclararé: lo amo. También su pelo y su primer look tan rockabily. Continúa leyendo ›
Cuando tenía quince años una de mis mejores amigas llegó con la mala noticia: tenía piojos. Y lo que era peor, la muy infame nos los había pegado. Así, las tres mejores amigas teníamos una razón más para juntarnos, esta vez, para despiojarnos. Eso sí, nadie debía saberlo.
Por Lorena Penjean. Periodista-peluquera.
Era verano. Eso nos libraba del suplicio del colegio, pero nos lanzaba a otro: el de las vacaciones. Nosotras nos creíamos la muerte y nos hacíamos las lindas con los chiquillos del barrio. Obviamente esto de tener piojos no nos ayudaba en nada. Entonces empezamos a despiojarnos. P (la que nos contagió) hervía en piojos y liendres. Y tenía el pelo largo y ruliento como la Shakira. Terrible. M, también tenía el pelo largo pero liso y tenía ene, pero nunca tanto como P. Yo, tenía el pelo hasta el hombro y tenía pocas. Verdad. Una que otra liendre loca, nada más. Continúa leyendo ›
Es lo que hay, chicas. Ser baja y medio robustita es la condición de muchas chilenas. Yo soy así, -ultra mina, todo el rato-, pero apenas friso el metro sesenta y me la paso en la quemada con los kilos. Y siempre pensé que tener el pelo largo me estilizaba. Nada que ver. La contextura es vital a la hora de hacerse de un buen corte. Por lo mismo, aquí algunos consejos para que te atrevas y cortes tu pelo. Harto cuello y orejita coqueta. Qué onda Josephine Baker, Mía Farrow o Halle Berry. Prepárate, que te van a mirar. Continúa leyendo ›
Azuzada por lo caro y taquilla de los productos 100% naturales decidí fabricar los míos. Estaba embalada. El plan era perfecto: los metería a un frascos choris, así como de jarabes, les haría una etiqueta ondera y se los regalaría a mis amigos. Se llamarían My Lady.
Por Lorena Penjean, periodista-peluquera
Si hay minas que venden jabón de carbón, que no es otra cosa que champú natural con carbón molido, por qué yo no, ah? Quillay, miel, manzanilla y, bueno, carbón, serían mis ingredientes. Cuento corto: la empresa no prosperó… Continúa leyendo ›
Por Lorena Penjean, periodista-peluquera
Una antigua receta egipcia contra la calvicie, consignada en la Historia de la Peluquería escrita por Cristina Sans, consistía en hacer un ungüento con órganos genitales de perro, excremento de moscas, suciedad de las uñas de un hombre y un ratón hervido en grasa, para luego aplicar en la cabeza y dejarlo hasta que apestara. Aquí algunas soluciones algo más modernas contra la alopecia. Continúa leyendo ›
Los probé yo misma. Nada de menjunjes extraños. Nada que huela a problemas. No más de un ingrediente que además tenga la condición de ya estar en casa. Acá simples recetas para masajes caseros que en 15 minutos garantizan brillo y suavidad. Vamos, soltá tu pelo. Continúa leyendo ›
Tener un pelo bonito es utra fácil. Parte con el lavado y sigue con el cepillado. Y cuando hablamos de cepillarlo no nos referimos a peinarlo (que es más bien lo último que hacemos antes de salir de casa), no, hablamos de un simple ejercicio que las viejas antiguas solían hacer antes de acostarse. ¿Por qué? Muy sencillo: porque al cepillarlo lo limpiamos (ayudándonos a evitar el lavado tan frecuente, que como ya vimos hace ultra mal), porque estimulamos las glándulas cebáceas transportando desde la raíz hasta las puntas los aceites naturales que necesita nuestro cabello para evitar que se quiebren las puntas y que lo hacen lucir brilloso y saludable. Al cepillar, también activamos a circulación de la sangre del cuero cabelludo, acción que algunos incluso sostienen, ayuda a que el pelo crezca más rápido. ¿Qué tal? Continúa leyendo ›
Amo el pelo limpio. Quién no. O sea, hay pocas cosas más decidoras de una persona que un pelo sucio, opaco, grasoso. Nadie puede. Ni hablar de cuando uno está pinchando y entre abrazos apretados y cariñitos se encuentra con un pelo que cuesta acariciar y que huele mal. Como que la mano no pasa, que se queda atascada, enredada. Atroz. Continúa leyendo ›