Candonga Carreño recargado

“En los tiempos míos entrar a una cancha de fútbol y defender a una hinchada era una cuestión era un honor”. Debido al gran interés que despertó la entrevista a Candonga Carreño, agregamos aquí el resto de la conversación que no pudo ser incluida en el papel por razones de espacio.

Por Claudio Pizarro • Fotos: Alejandro Olivares.

Antes de ser futbolista trabajaste en la construcción…
-Sí, dejé el colegio a los 13 años y me puse a ayudar a mis papás. Trabajé haciendo unas poblaciones en San Fernando y embalando frutas. Manejaba una carretilla de 150 kilos, fue mi primer Mercedes.

¿Cómo llegaste al fútbol?
-A los 14 años me vine a Santiago y empecé a jugar en un equipo de la población La Legua. Ahí me vio un preparador físico y me llevó a probarme a la Católica. Arturo Salah no me dejó. Parece que andaba con lentes de cuero.

¿De ahí te probaste en Colo-colo?
-A la semana siguiente el mismo preparador físico me llevó a Colo-colo. Bernardo Bello, que era el técnico de juveniles, me vio un rato y me dijo que fuera a buscar mi pase.

Tres años después ya estabas disputando el mundial juvenil de Chile.
-Fue todo súper rápido. Imagínate que venía del barrio, de la construcción y don Luis Ibarra me vio jugar en cadetes tres partidos y me llevó altiro a la selección.

Fuiste compañero de Lucas Tudor y el Mumo Tupper. ¿Cómo se viven las diferencias sociales en el camarín?
-Ellos eran los encargados de hablar con la prensa. Tudor de hecho era el rostro de esa selección. Era el 9, el rubiecito de la católica, a la prensa le gustaba, hacía goles, pero a mí no me afectó mucho porque en la cancha no se notaban las diferencias.

Esa generación fue la primera en sufrir el acoso de la prensa ¿Cómo vivieron la fama?
-La palabra famoso es demasiado especial. En realidad fuimos conocidos. En los entrenamientos estaba lleno de escolares detrás de uno. Era una locura. Firmábamos autógrafos, nos llevaban a programas de televisión. Hasta Pinochet nos fue a ver antes de empezar el mundial.

¿Cómo fue el encuentro?
-Para mí fue espectacular. Yo le tenía respeto porque mi abuelo le tenía mucha barra al viejo, independiente que a los 17 años uno no medía lo que estaba pasando. Después con el tiempo uno se da cuenta de las injusticias, los errores y las fuerzas de poder…

¿Qué les dijo?
-Que representáramos lo mejor posible al país, que confiaba mucho en nosotros y que no lo dejáramos mal puesto.

¿Cuáles son las diferencias del jugador formado en cadetes y el que viene de la “pobla”?
-El jugador de cadetes viene formado con una estructura física, técnica y mental. Tiene valores, se cuida como un profesional. Yo partí de cero, llegué del barrio, traía mis ripios. Era muy llevado a mis ideas.

¿Parado en la hilacha?
-Siempre fui parado. A los 17 años creía que era un mounstruo. No me gustaba ser reserva, no tenía paciencia. Tonteras de cabro. A los técnicos les gustaba mi carácter dentro de la cancha pero afuera querían que fuera una monja. Nadie tenía tiempo para esperar a un muchacho rebelde como yo.

Garothinas

Tu mejor campaña fue en la mítica Unión Española del año 94 que llegó a la semifinal de la copa libertadores. ¿Cómo llegaste a ese equipo?
-Se había ido Juan Castillo y Marcelo Vega a Colo-Colo y necesitaban suplir esos puestos. El pelao Acosta dijo que si traían a Carreño los supliría a los dos. Yo le dije que sí, que no tenía problemas y asumí de inmediato mi responsabilidad.

¿Cómo definirías al equipo?
-Tenía una defensa guapa, brava en el juego aéreo, un mediocampo de siete pulmones con Mario Salas, Perdomo y el Coto Sierra que te dejaba solo con el arco en cualquier momento. Era un equipazo en todas sus líneas.

Jugaste un partidazo contra cruzeiro.
-Sí, fue el mejor partido de mi vida. Estuve inspirado. Sabía que esa copa libertadores era para mí. No iba a permitir que Ronaldo fuera la figura de esa noche y me creí el cuento. Gracias a dios hice el gol del triunfo a seis minutos del final.

Jugaron tan bien que después del partido en Santa Laura los brasileños pidieron examen antidoping.
-Los brasileños decían que éramos chilenos y que no podíamos correr tanto. Fue el doping más arreglado que viví en el Fútbol. Casualmente llamaron al Coto y a mí. Pero igual los eliminamos.

¿Es cierto que cuando clasificaron en Brasil les tenían preparada una sorpresa en el hotel?
-Sí, tuvimos una comida, celebramos tomando whisky en la piscina y al rato llegaron como 30 garotinhas. Le habíamos ganado al mejor equipo del torneo y había que celebrar.

Es verdad que el Pony Ruiz se fue con dos mulatas a una pieza…
-Te juro que no me acuerdo…

¿Dónde estabas?
-En la pieza de al lado… ja ja ja.

Da gusto celebrar cuando se les gana a los mejores.
-Lógico, quién te va a reclamar si después de clasificar a un mundial o jugar una semifinal de la libertadores te pillan tomando un trago en el Lucas Bar. Nosotros estábamos dejando afuera a Cruzeiro de la Copa Libertadores. Además, el partido que venía era cuatro meses después.

Ni comparado con el “Puertordazo”.
-Primero hay que lograr cositas. No te podí limpiar el trasero antes de ir al baño. El “puertordazo” fue un fracaso y más encima hubo hueveo. Si yo perdía un partido no salía en una semana a la calle. Nunca me ha gustado perder.

¿Eres picado?
-Sigo siendo picado y me voy a morir picado.

Otra mentalidad

¿Hay mucha inmadurez en la nueva generación de futbolistas?
-En el fondo son niños con plata y fama y ahí vienen los peligros. La fama es complicada porque nadie te la enseña, se aprende, se vive. Los futbolistas de ahora viven para la fama. Están más preocupados de andar en discotheques, de ir a programas, sin haberle ganado a nadie como futbolistas.

¿Qué pensaste cuando se supo sobre el supuesto intento de suicidio de Manuel Neira y al final se descubrió que estaba pasando “la mona” en la casa?
-A lo mejor se quería suicidar tomando…es cosa de preguntarle. Cuando nosotros salíamos a tomar una copa pasábamos la mona entrenando, sacándonos la cresta porque el día domingo había que rendir. El problema es que ahora los jugadores pasan la mona en la casa. Esa es la diferencia.

¿Pero tú tampoco le hacías el quite al carrete?
-Es cierto, pero hay una diferencia. Mi generación era heredera de una escuela que primero se dedicaba a jugar y después a hueviar. Nadie puede negar que el ballet azul no tomaba o que el Colo del 73 tampoco. ¡Tomaban en carretón! La diferencia es que eran jugadores extraordinarios y casi salieron campeones de la copa libertadores. Era otra la mentalidad.

¿Cuánto ha influido la farándula en el cambio de mentalidad?
-Harto…los jugadores ya no se conforman con jugar bien al fútbol y ganar millones de dólares, ahora les gusta aparentar, agarrarse a la mujer más conocida. Empieza como una competencia y después terminan casándose con ellas.

El “Murci” Rojas comentó en una entrevista que “las mujeres modelos están enteras pa’ desconfiar”. ¿Compartes su opinión?
-Comparto un poco eso…No creo que sea amor esa huevá. Por ejemplo yo tengo una foto con la Cecilia Bolocco pero no me voy a poner a andar con ella aunque hubiese tenido una posibilidad porque no tengo ningún futuro. Uno se tiene que ubicar un poquito.

¿Son desubicados los futbolistas?
-Son pocos los que se ubican, como Matías Fernández o Alexis Sánchez, pero hay otros personajes que realmente te dan rabia, te da pena ver como se farrean su carrera.

¿Imposible no hablar de Pinilla? ¿Qué piensas de él?
-Es un muchacho que fácilmente pudo ser el reemplazante de Salas y Zamorano. Ya no va a ser nunca más lo que fue, tenía unas condiciones tremendas y las perdió en las discotheques.

Cuestión de honor

El “Fantasma” Figueroa, DT de Cobreloa, dijo que sus jugadores “eran vagos, borrachos y glotones”. ¿Qué piensas al respecto?
-Nuestra cultura, del chileno en sí, es buena para el alcohol, no tenemos cultura etílica, pero no es bueno generalizar. Yo no creo que todos los jugadores de fútbol sean borrachos. Hay de todo.

¿Y qué piensas que le haya ofrecido combos a un jugador?
-Es que busca los jugadores del calibre de él. Tuvo suerte.

¿Y si hubieses jugado en su equipo?
-Me hubiese llamado a comer, nomás. Un técnico amariconado que empieza a decir cosas por la prensa no merece mi respeto.

Comentó, todo sobrado, que le daba cinco combos de ventaja.
-¡Yo le doy cinco! Al fantasma se le subieron los humos a la cabeza en México. Conoció los millones de dólares y se agrandó mucho. Primero que se dedique a dirigir un rato y después que hable.

Pero no es el único que piensa así. José Basualdo, DT de Santiago Morning, dijo que el jugador chileno es “flojo, atorrante, borrachín e inculto”.
-Me extraña su opinión viniendo de un extranjero. Si yo estuviera en su equipo le pego altiro o me pega él.

De tu época, ¿Recuerdas otro “duro” dentro de la cancha?
-El paraguayo Delgado. Me acuerdo que un partido con la Chile le echo a correr la pelota por la orilla y se me tira con las dos piernas al lado de la barra de la “U”. Me di como tres vueltas y caí en el maicillo de la pista de recortan. Casi me mató.

Conociéndote, me imagino que no te quedaste…
-Después que me dejó comiendo tierra le meto otra de vuelta y casi lo maté. El “negro” Gamboa, que estaba arbitrando, se me acercó y me dijo: “Candonga, si arrugai, te echo”. En ese partido el paraguayo me las agarró todas pero, faltando un minuto para el final, le pego un amague en un córner, me tiro para atrás, pasa la pelota, le cabeceo al segundo palo y le hago un gol. Esas cosas te marcan en el fútbol: encontrarte con un tipo guapo, clavarlo al último minuto y hacerle un gol. Al final del partido me dio la mano y me dijo que le gustó jugar con un chileno como yo.

¿Es cierto que una vez casi te agarraste a combos con Eduardo Gamboa?
-Sí, fue en ese mismo partido con la “U”. Iba a patear un tiro libre y corro la pelota como un metro más adelante y él me dice que la corra más atrás. Así empezamos a echarnos la “choriá”. “Qué tanto color le poní, ¿y qué tanto?…pongámosle…pongámosle”. Nos íbamos a agarrar afuera pero al final no pasó nada. El “negro” era un árbitro bueno, era “parao”, tenía barrio, venía de las poblaciones bravas de Santiago. Le tengo un gran aprecio. Siempre andaba detrás de la jugada y te dejaba jugar. Era un personaje.

¿Y algún jugador mala leche?
-Danilo Chacón, un jugador del montón que jugó en Audax y La Serena. A ese siempre le quise pegar, dentro y fuera de la cancha. Lamentablemente siempre se me arrancaba porque era un cagón.

¿Qué te hizo?
-Cuando estaba jugando con Coquimbo la Copa Libertadores fuimos a jugar un beneficio con La Serena. Ellos tenían problemas económicos y, más encima, me tira a cortarme los testículos con un planchazo con “toperoles” de aluminio. Sulantay me quería sacar y le dije que esperara cinco minutos. Me acuerdo que entré y le tiré un combo que, si se lo pego bien, le corto la cabeza. Después se tiró al suelo a patalear. Eso es lo que me dejó más caliente. Siempre que lo veía quería hacerlo tira.

Se confunde al jugador guapo con el “mala leche”.
-Fernando Astengo y Héctor Díaz eran jugadores parados, iban a la pelota fuerte, jugadores que hoy día ya no se ven. Pero hay gente que confunde la guapeza con pegarte una patada, un codazo o botarte los dientes descaradamente por atrás. Esos para mí no son guapos. Para mí el guapo es el que va fuerte a la pelota pero sin mala intención.

¿Son unos especimenes raros los futbolistas?
-Ahora el fútbol tiene otro rol en la sociedad. Hoy en día ser un jugador es ser un tipo exitoso, de millones. En los tiempos míos entrar a una cancha de fútbol y defender a una hinchada era una cuestión era un honor. Uno se creía el cuento. Ahora es puro marketing.

Después de todos tus años de carrera ¿Cómo ha sido traspasar tu experiencia en una escuela de fútbol para niños en Chimbarongo?
-Espectacular. Estoy devolviendo todo lo lindo que me ha dado la vida. Sé los peligros que se corre en la calle en cuanto a delincuencia, alcohol y drogadicción. Soy la persona indicada para decirles a los niños “esta agua no hay que beberla porque yo la bebí, no me lo contó nadie, no lo leí en un libro del Inaf”. En la vida me he parado y quiero que estos niños tengan una oportunidad igual que yo.

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