Lector declara: “Es hora de apagar la TV”

Esta tarde escuché por la radio sobre la erupción de un volcán submarino en el Atlántico, cerca de Australia.
Esperé hasta las nueve de la noche para ver la impresionante grabación que había registrado el acontecimiento. Pasadas las nueve de la noche encendí el televisor. No sé por qué tenía cierta esperanza en que está vez hicieran un análisis más o menos a fondo sobre este violento fenómeno de la naturaleza. Recordé inmediatamente al volcán Chaitén y sus terribles consecuencias en tierra.
El noticiario central se tomó su tiempo para hablar de la condena a cadena perpetúa del monstruo de Amstetten, lo cual ya se conoce como “el juicio del siglo”; le siguió la noticia de la visita del Papa Benedicto XVI al continente africano, en dónde reconoció públicamente que las multinacionales son las responsables del hambre, las guerras y las plagas que azotan esa extensa zona del planeta, en donde muere un niño cada cinco segundos; en el ámbito nacional, mostraron las reacciones de la máxima autoridad de gobierno, la cual inició su declaración con la frase: “Chile está preparado”, tras la cual señaló que se continuará por la vía diplomática iniciada por Perú, para zanjar el tema marítimo; el resto de notas nacionales se centraron en robos, estafas y juicios. Tras varias pausas, repasaron las temperaturas del día.
Ya por fin, después de la última pausa comercial, mostraron las prometidas imágenes del volcán en plena erupción, en el océano Atlántico, cerca de Australia. La nota tenía un tono casi festivo, mezcla de curiosidad y asombro ante este nuevo fenómeno de la naturaleza, atribuido al movimiento de dos placas tectónicas. La nota duró escasos segundos y finalizó el noticiario.
Perplejo por la poca importancia que le habían dado a ésta última erupción volcánica, llegué a pensar que me estaba transformando en un ser pesimista y apocalíptico. Un ser que ya no cree que las cosas sucedan en forma aisladas unas de otras.
Intentando encontrarle un sentido a lo que acababa de ver, recordé la visita del Papa a África. El Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, parecía cercano a la gente con sus declaraciones sobre las multinacionales. En un momento del discurso manifestó que su visita tenía la finalidad de llevar consuelo a los que sufren como consecuencia de estos abusos. En realidad se trató de un discurso “políticamente correcto”, dirigido a los más de dieciséis millones de católicos del continente africano, quienes celebraron hasta el éxtasis las declaraciones de la ilustre visita. Entonces surgen preguntas como: ¿es que al ilustre visitante no le llamó la atención la cifra de un niño muerto cada cinco segundos por las plagas? ¿No le llamó la atención que la gente se esté muriendo de hambre o víctimas de las guerras? ¿Esa alarmante perdida de vidas humanas, no merece algo más que un mensaje de consuelo?
Todo esto me llevó a otra breve a una noticia que leí esta misma semana en la prensa, en la cual científicos anunciaban que el derretimiento de un importante glacial del sur de Chile, llegó a un punto irreversible. Es más, sentenciaron que se necesitarían varias decenas de miles de años para volver a tener el volumen de hielo perdido. Consecuencia directa de esto es el aumento de las temperaturas de los océanos, lo que su vez acelera el derretimiento de los escasos glaciales que van quedando. En pocas palabras: comenzó el efecto dominó.
Ahora bien, si examinamos un mapa mundis, vemos que estos cambios climáticos son consecuencia directa del acelerado derretimiento del hielo en el Polo Sur. Todo esto en el siguiente orden: deterioro de la capa de ozono producto de la emisión de gases tóxicos = deshielo de glaciales = aumento de la temperatura oceánica = erupciones volcánicas = incremento de las temperaturas de los océanos. Todo esto quiere decir que el efecto dominó anunciado por científicos, no eran alucinaciones de gente pesimismo y apocalíptica, sino, una realidad contundente.
Llama la atención entonces que la televisión abierta no profundice en estas noticias. Muy por el contrario, se esfuerzan en llenar su programación con dibujos animados americanos; películas de cuarta categoría; mediocres teleseries extranjeras y nacionales; bellas y sensuales señoritas vestidas con lo mínimo imaginable, bailando y hablando estupideces; sketch`s obscenos y de mal gusto; entrevistas que rozan el sadomasoquismo, protagonizadas por curiosos especimenes de la farándula criolla; y el infaltable fútbol nacional y europeo. En días especiales, regalan a sus fieles televidentes alguna taquillera película hollywoodense, de argumento absolutamente predecible, protagonizado por algún simpático e irreverente ex héroe de guerra, cuyo pasatiempo preferido es matar a sangre fría, con la mayor variedad de armas posibles, a la mayor cantidad de gente.
Toda esa programación es el esqueleto de una red. Y lo que une los hilos de esa red son los avisos comerciales de las multinacionales. Habría que ser muy ciego, o estar demasiado anestesiado como para no ver que los espacios comerciales únicamente llaman a consumir y a endeudarse. Es más, a endeudarse para pagar las deudas. La televisión hoy en día existe única y exclusivamente por los auspicios comerciales. Así como el cigarrillo es un medio para crear adicción y dependencia a la nicotina, la programación de televisión es un medio para mantener y estimular el consumo. Y es que a pesar del evidente fracaso del sistema capitalista, la maquinaria del consumo sigue su curso, ciega en su ambición y tozudez.
Al ver los documentales sobre la crisis mundial del petróleo en Internet, se comprenden muchos aspectos del actual funcionamiento del mundo y del deterioro del medio ambiente. De todas las multinacionales, las compañías petrolíferas son las principales responsables del nefasto presente de los seres humanos y del planeta.
Tal vez deba disculparme por parecer aguafiestas. Pero me parece grave lo que está aconteciendo en el planeta que habitamos. Y aunque tengo la tentación de hablar de “nuestro planeta”, “nuestra tierra”, todo me dice que no es así. El planeta Tierra es un ser vivo. Tan viva y maravillosa creación, que contiene, literalmente: una infinidad de formas de vida; de las que con suerte llegaremos a conocer una millonésima parte en toda nuestra vida. Y nosotros seguimos creyendo que la tierra es nuestra, que es de nuestra propiedad, como un televisor, como un automóvil, como una casa.
Desde hace pocos años que venimos escuchando a los científicos advertir que falta muy poco para provocar un colapso irreversible en el ecosistema. Esta semana, esos informes dejaron de ser una advertencia, los daños son irreversibles. Ya comenzó el efecto dominó.
Ya por la mañana, lo primero que leo en la prensa es que 128 comunas en 6 regiones de Chile, tienen serios problemas por falta de agua para el consumo humano. Y los canales de televisión, como cada año, se concentran en ganar la guerra de la teleseries

Jaime Hanson
20/03/2009

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