Por Alejandro Ovalle / lector

Cada vez que se atrapa a un niño de la calle, se lo encierra (con las puertas abiertas eso sí), en una fomedad con patas: las casas de acogida del SENAME. Sin asumir que la mayoría son drogadictos, es decir, que están sufriendo todas las fases de la angustia y la abstinencia y se lo trata de meter a la fuerza a la escuela que, reconozcamoslo, es tan aburrida que, para que un niño normal, que no conoce la libertad de la calle, los placeres y angustias de la droga, la adrenalina de la vida a millón, como el Cisarro que con diez años ya maneja autos y escapa de los pacos en ellos, ya les es difícil y necesita un par de años de adapatación, por favor piensen en lo que ocurre con un Cisarro. Yo no veo tan difícil la solución si pensamos que estos niños extremadamente chicos serían, según la autoridad, menos de 300. Plata y plata. Con plata se los puede someter a un programa de compensación química por el uso prolongado de droga, sin el cual los estamos dejando que luchen.
solos contra la abstinencia. Luego tener una escuela donde manden las cosas entretenidas: fútbol, instrumentos musicales, un play, tíos bien pagados que los traten bien, pasto, salas cómodas, hasta un pool y ahí meterles de a poco la escuela, las reglas, las tareas. Una vieja amargada va a decir, ¿pero por qué les vamos a dar una escuela de lujo a estos delincuentes?. señora, porque así evitaremos que algunos de ellos entren a su casa y en una de esas si van muy volados se la violen. ¿A lo mejor es mucho dinero para un país pobre?, diría otro saco de huea. Pico. Chile tiene plata, o mejor dicho el estado, y una prueba es que da dos mil quinientos millones de pesos al año para que unos sacos de hueá hagan películas malas, documentales que los dan quién sabe dónde y que no devuelven un peso al estado. Yo creo que con dos 25 mil millones de pesos en diez años, se podría comprar un par de héctareas, hacer una cancha de fútbol, un pequeño gimnasio, buenas
habitaciones,hasta una piscina temperada. pagar buenos profesores, comprar instrumentos musicales, enseñar teatro y fundar una escuela moderna, poderosa capaz de salvar las vidas de estos niños y de las que un día terminarán a manos de estos. Pero no va a pasar nada. Van a meter millones en el NEOSENAME, pero que van a ir a parar a sicólogos chantas, directores de servicios designados para pagar favores políticos, profesores frustrados, auxiliares mal pagados, camas feas, baños repulsivos, casas horribles, dando vida a una escuela más fome que todas las que dan la hora en los barrios pobres. No lo van a hacer jamás, pero hay que tratar de meterse en la cabeza de un cabro chico que con diez años, luego de haber escapado conduciendo un auto de los pacos, salir en la tele, pegarle unas cuantas patadas a los paparazzi, fugarse a punta de pistola de una cana, está tomando cerveza, fumando cigarro o cisarro, con una minas en la plaza de su pobla. No pueden mandarlo al otro día
a clases a una escuela fome. No va a resultar.