Poli Délano, escritor, y el Premio Nacional: “Que haya que postular es muy desagradable”

Foto: Alejandro Olivares
Acaba de publicar “Y tú no me respondes”, novela que narra las penurias de dos hombres que sufren por amor no correspondido. Hablamos con el autor de “Neruda me llamaba Policarpo” sobre lo que rodean al Nacional de Literatura (recién concedido a Isabel Allende) y sobre la tomatera que un día se mandó con Bukowski.
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“Y tú no me respondes” relata las penas de amor de dos hombres a quienes las mujeres de sus sueños no los pescan ni en bajada. Las historias son cruzadas: por un lado, la de Gaspar de la Encina, un colonizador que tiene que dejar botada a su esposa en España para establecerse a la ribera del río Papaloapan, cerca del puerto de Vera Cruz, a mediados del siglo XVI; y, por otro lado, la de Gaspar Encina, su descendiente, que vive en la misma zona pero cinco siglos después. “Uno manda cartas que se demoran tres o cuatro meses en llegar y lo mismo se va a demorar la respuesta que no llega nunca. Y el contemporáneo manda mensajes por celular o email y tampoco le responden. Por ahí se fue armando la historia”, cuenta Délano, y agrega: “El libro surgió de una canción que escuché, de la Isla Margarita, que dice ´María, María, María, te estoy llamando María, María, María y tú no me respondes` ”. Me quedó dando vuelta esa frase y dije que alguna vez escribiría algo que se llamara así”, dice Délano.

¿Qué lo instó a escribir sobre el amor, un tema archi repetido?
-Es el gran tema de la literatura. El amor es el tema más perenne. Claro que el amor es archirepetido, pero la vida misma es archirepetida. Comer es repetido. Todo es repetido. Quise hacer una reflexión sobre la adicción, más que al tabaco o al alcohol o a las drogas, a las personas de manera obsesiva.

EL NACIONAL

¿Por qué merece usted ganar el Premio Nacional de Literatura? (la entrevista es previa a la entrega del premio a Isabel Allende, ganadora de este año)
-Esta me la salto, paso.

Si no gana usted, ¿quién le gustaría que ganara?
-Prefiero no referirme a esos puntos. Pero puedo referirme a otros puntos del Premio.

¿Cuáles?
-A mí me postuló la Universidad UMCE, que está en el viejo Pedagógico, donde me formé como profesional y donde desarrollé mi carrera académica durante 20 años. Creo que soy un candidato que tiene derecho a estar en esa nómina, como creo que hay otros que también lo tienen. Pero no me gusta que de repente los medios traten de convertir este premio en una carrera de caballos. No lo siento de esa manera. Yo me quedo al margen. Porque no me interesa seguir en la copucha ni alimentar la farándula. Esa cosa no me gusta.

Hay algunos que dicen que el jurado no es el más idóneo para decidir.
-No tengo idea. Siempre fue así. Recuerdo que en otras veces un jurado como el rector podía delegar en un escritor de su confianza su voto. Podía hacerlo y no hacerlo. Porque habían algunos que no conocían toda la literatura y no estaban al tanto de lo que pasaba. Porque antes tampoco se postulaba, sino que había que elegirlo entre todo el conglomerado. A mí me parece que debería ser así. Ahora hay que postular, y eso es muy desagradable. Uno tiene que estar así…

Candidateándose…
-Hay gente que no postula, que no quiere hacerlo y que también debería tener acceso o posibilidades sin que lo estén postulando, como se maneja la cosa hoy.

Muchos creen que este año sí o sí es el año de Isabel Allende…
-No me voy a pronunciar sobre eso. Lo que te puedo decir…

Marco Antonio de la Parra dijo que “si le dan el premio a Isabel Allende sería coherente con un gobierno de derecha, que cree en el mercado”.
-Pero no me referiré a ninguno de los otros candidatos. Pero sí te puedo decir que al escritor que le tocaba ser jurado, Efraín Barquero, declaró en una entrevista que su candidato era yo. Quien debiera reemplazarlo era José Miguel Varas, el último premiado antes de él, y se inhabilitó porque también había declarado que yo era su candidato. En ese sentido, tuve mala suerte. Para mí, no está claro nada. Cualquier cosa puede pasar.

BUKOWSKI

Este mes Bukowski habría cumplido 90 años. Usted carretió con él en su casa en Los Ángeles. ¿Cómo fue?
-Fui a verlo porque tenía un amigo que lo conocía, el poeta chileno David Varjalo. Eso fue hace unos 28 años, cuando aún vivía en México. Bukowski era un tipo rústico. Me recibió como se ve en sus fotos, con una barba de 3 ó 4 días, con el pelo desgrañado, a pata pelada, con una camisa afuera. Cordial. Llevé unas botellas de vino y él puso otras en la mesa. Y estuvimos conversando durante varias horas. Y él estaba en una buena casa, en San Pedro, el puerto de Los Ángeles, viviendo con una mujer linda, que lo cuidaba mucho. Y ya su estatus era otro que el de un desadaptado. Ya estaba más dentro del sistema. Estaba ganando dinero con sus libros. Pero su escritorio era igual que un sitio eriazo, los puchos en el suelo y los tarros de cerveza rodando. Un desorden tremendo, como el que describe en sus libros. Me pareció una persona muy afable, me cayó muy bien. Nos tomanos seis botellas de vino. Hablamos de todo..

¿Y conocía algo de Chile?
-Lo único era Pablo Neruda. Sólo lo mencionó. Pienso que conocía su nombre, pero que no lo había leído.

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