Por Pedro Pablo Cortés

Con molestia y pena he leído sus palabras en la prensa, llamando a darles una oportunidad a quienes están condenados por “defender a la patria”. Con respecto a eso, déjeme decirle algunas cosas:

No defiende a la patria, sino que la ensucia y traiciona, quien tortura. No defiende a la patria, sino que la ensucia y traiciona, quien golpea y viola a mujeres indefensas. No defiende a la patria, sino que la ensucia y traiciona, quien le dispara 44 veces a una persona (Víctor Jara) sólo por cantar. ¿No basta con una bala en la sien para matar a un hombre? ¿También hay que torturarlo, romperle los dedos, acribillarlo y dejarlo botado como un perro?

No defiende a la patria, sino que la ensucia y traiciona, quien secuestra y degüella a tres personas por pensar distinto. (Caso Degollados, que provocó la dimisión del general César Mendoza y la disolución de la Dicomcar).

No defiende a la patria, sino que la ensucia y traiciona, quien envía a matar a un compañero de armas. No defienden a la patria, sino que la ensucian y traicionan, quienes planifican y cometen el atentado de Orlando Letelier. No defiende a la patria, sino que la ensucia y traiciona, el que dijo que los cuerpos fueron lanzados al mar y luego aparecen en alguna fosa común.

Podría seguir enumerando uno a uno los casos de violaciones a los derechos humanos, que existieron, y no son justificables bajo ningún punto de vista. Los que dicen que no todos eran “blancas palomas” pueden tener razón, pero existe algo que se llama honor, y también existe la dignidad.

Si alguien era culpable, bastaba con hacer un juicio y condenarlo a muerte. A la horca, al fusilamiento, como hombres. Pero matar degollando, desmembrando, por la espalda, acribillando, con electricidad, lanzando al mar amarrado, a golpes, a culatazos, por ser gay, por pensar, por disentir, por tener libros de la Quimantú, porque tuvo mala suerte y se topó con una patrulla alcoholizada, por leer a Marx, por perderse en el toque de queda, por mirar feo, por parecer extremista, por tener el pelo largo, por cantar a Silvio, por leer el Fortín Mapocho……. ¡Qué pena me da¡

Esos civiles y militares, que cometieron atrocidades, son despreciables. No tienen honor. Deshonraron a su institución y a su patria. Y a Dios, ustedes que son tan religiosos y se golpean el pecho en misa. Les negaron la posibilidad a sus víctimas de morir dignamente. Y a muchos familiares el derecho a sepultar a sus seres queridos. Y tener un lugar donde recordarlos.

Sra María Angélica: usted tuvo un hijo preso por un caso de drogas. ¿No cree usted, que merece mucho más los beneficios carcelarios alguien que tenía marihuana que un maldito que secuestró, torturó y mató?

Por favor revisen sus valores y convicciones. Su conciencia, y pregúntense si está bien lo que hacen. Pueden llevarse una sorpresa.

Atte:
Pedro Pablo Cortés