Si cierro mis ojos con fuerza, todavía puedo sentir los golpes en mi cara y espalda. Tres jóvenes que me arrinconaron y dejaron mi rostro sangrando, cuando iba caminando a casa desde el colegio. Tenía 16 años. Sus golpes fueron acompañados de gritos: “fleto”, “mujercita”, “pecador”. Más allá del dolor físico estaba la soledad, porque no podía decirle de esta agresión a nadie o sabrían la verdad y el rechazo sería aun peor. ¿Cuál verdad? Mi verdad: en efecto, soy gay.

Soy un brasileño-estadounidense que vive en Chile hace años, después de enamorarme de Juan Pablo, un arquitecto que me hizo ver que la vida efectivamente mejora. Compartimos un sinfín de cosas, entre ellas nuestras historias de bullying. Él creció con miedo a mil cosas: a los pasillos de su colegio católico, a hablar con sus profesores o padres, a llorar solo en su pieza después de pasar el día escuchando “maricón” mientras caminaba por el patio entre sus compañeros. Esa historia es mucho más común de lo que se imagina: hoy, se sigue repitiendo en cientos de pasillos, en más colegios de los que quisiéramos.

A nivel mundial, estudios norteamericanos demuestran que adolescentes lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT) son cuatro (4) veces más propensos a suicidarse que sus pares heterosexuales, cifra que se duplica cuando estos mismos adolescentes son rechazados por sus familias. Los estudios también muestran que las dificultades psicológicas vistas en adolescentes LGBT se deben a la discriminación de la que son objeto, y no a su orientación o identidad sexual.

Según UNICEF, en Chile el mayor grado de prejuicio en los adolescentes sigue estando vinculado a los homosexuales. El 35,3% de los adolescentes le ha dicho “maricón”, “camiona”, “fleto” o “gay” a alguno de sus compañeros, con el simple afán de molestarlo.

Lamentablemente, las cifras no paran allí: Chile también cuenta con las peores cifras de suicidio adolescente, que se incrementarán en un 100% en esta década, traduciéndose en el suicidio de un joven cada día. De acuerdo con las Metas 2011-2010 del programa Elige Vivir Sano del Minsal, “los acontecimientos que conducen al estigma, humillación y vergüenza, pueden asociarse a tentativas de suicidio. Esto último se hace particularmente relevante en adolescentes víctimas de situaciones de abuso y violencia en el entorno escolar.”

Juan Pablo y yo tuvimos suerte. Mientras nosotros teníamos miedo de contarle a nuestras familias, ellos siempre nos demostraron su amor y preocupación. Esto, de acuerdo con el psicólogo Felipe Peña, fue relevante para nuestro desarrollo ya que “el factor más importante para el sano desarrollo de las personas LGBT y para evitar el suicidio, es la existencia de un grupo familiar que acompañe y apoye.”

Esta realidad y sus innumerables desafíos me llevaron a traer el proyecto IT GETS BETTER, “TODO MEJORA”, a Chile y América Latina. www.todomejora.org es una plataforma donde jóvenes y adultos, tanto hétero como homosexuales, pueden enviar videos con mensajes de esperanza, contando –a través de su propia historia– que mientras la adolescencia a menudo es un periodo difícil, finalmente todo mejora. Este proceso es complejo, y muchos jóvenes viven situaciones de bullying que pueden llevarlos a suicidarse. Por eso es tan importante mostrarles apoyo, pues para TODO MEJORA, cada video cambia una vida.

Participar en TODO MEJORA es un simple acto de amor y respeto a uno mismo y al otro, mediante un testimonio de solidaridad. Se que Chile es un país con un corazón enorme: vi chilenos mostrar su apoyo tras el terremoto, con la tragedia de los 33 mineros y cada año con la Teletón. Tengo la firme convicción de que éste es un país que valora a sus niños y adolescentes, que está en condiciones de comprometerse con ellos y así poder garantizar que, especialmente para quienes son LGBT, efectivamente todo mejore.