1. Todo comienza con un grupo de personas, porque lo característico del melón con vino es que se trata de un trago que se comparte entre amigos, de donde surge de pronto un líder natural que agarra el melón y procede a abrirlo con la cuchara, para luego sacar todas las pepitas de él. Así, los tragos siguientes serán limpios, sin ripios. Por esto hay que acompañar el ritual de una bolsa de basura para depositar los desechos del encuentro, o bien devolverle el fruto a la pacha mama.

2. El orificio puede ser decorado con una boquilla para no derramar el trago, aunque esto no es obligatorio. El azúcar también puede ser una opción, siempre y cuando se tenga a la mano, pero como el melón con vino es más bien un trago de playa y plaza, esto es excepcional.

3. Vayamos a lo fundamental, porque lo fundamental es una caja de vino de mínimo litro y medio para que rinda. Si es de dos litros, ideal. Lo simpático de este trago es que el vino no tiene que ser de calidad. De hecho, el vino de calidad se pierde en las carnes del melón, por lo que se recomienda un Santa Helena, un Gato o un 120, en aquel orden de prioridad.

4. Para asegurar el estado que luego se podrá describir como “chopico”, es recomedable tomar grandes sorbos cada vez que el melón llegue a las manos. Porque, como ya se advirtió, el melón con vino, mal llamado “melvi”, es un trago social, comunitario, el equivalente a la olla común. Por ende, se acaba rápido, y si no quiere cagar, hay que avivarse. Al primer sorbo puede que no se sientan aún los efectos, a menos que claro, uno no tenga demasiada comida en el estómago.

5. Si lo que se desea es hacerse bolsa, entonces la forma más simple de llegar a dicho estado será cucharear el melón. Al igual como sucede con el vino arreglado, es posible curarse sólo consumiendo la fruta porque ésta concentra mejor el alcohol o simplemente porque comer copete es más efectivo que beberlo, de la misma forma en que meterse un tampón con vodka en el ano es más efectivo que todo lo demás.

6. Los efectos a la tercera o cuarta ronda ya podrán apreciarse: calor, mareo leve, risa tonta y sin motivo aparente. Pero estos serán atenuados si uno se encuentra sentado. Los verdaderos efectos se manifestarán en el momento en que haya que pararse a mear. Entonces, si se nota un tambaleo, se estará en el camino correcto.

7. Con un par de rondas más, el mareo debería subir, al igual que el color en la cara. Cuando el melón vaya perdiendo grosor uno debería ponerse ya brillante, con menos palabras disponibles para expresarse. Hay que recordar que esto se logrará siempre y cuando se haya puesto empeño en comerse el melón a cucharadas. Si se ha acompañado el melón con otras sustancias ilícitas, mucho mejor. A estas alturas, cuando la conciencia escasea, la boquilla del melón ya es puro adorno, porque el vino se chorreará en igual o mayor proporción que el que se beberá.

8. Cuando ya el melón comienza a gotear es porque ha perdido su vida útil. Entonces hay que proceder a beber lo que quede de vino directamente de la caja, procurando ser lo más dama o señorito posible. De todas maneras, el vino blanco de mala calidad pasa piola en la ropa. En este momento uno debería encontrarse ya sin control del cuerpo, olvidando cosas que acaban de suceder. Si está en la playa, báñese. Si está en una plaza, puede ir a atentar contra el espacio público o bien, buscar un lugar para echarse a dormir y terminar la guerra. Sea cual sea el caso, procure alejarse siempre del meado.