Un destacado militante de la UDI definía al partido en tres castas: Los fundadores y amigos de Jaime Guzmán, que estuvieron con él en los albores del movimiento gremialista y que conformaban su círculo de hierro. Uno de ellos, quizás el más activo públicamente, es el senador Jovino Novoa, quien anunció el miércoles que no repostulará a la Cámara Alta. En esta esfera está también Máximo Silva y estuvo hasta su muerte el empresario Ernesto Silva Bafalluy.

La segunda cepa son quienes se unieron al partido como discípulos del ideólogo de la dictadura, los llamados coroneles. Ahí están, entre los personeros más destacados, los ministros Pablo Longueira y Andrés Chadwick y los hermanos Gabriel y Cristián Villarroel. La tercera generación corresponde a quienes conocieron a Guzmán como alumnos, pero fueron reclutados como militantes por los coroneles. Se trata de figuras como Rodrigo Álvarez, José Antonio Kast y Marcela Cubillos.

El resto es el grupo que hoy se hace cada vez más grande en la Cámara de Diputados y que son quienes ingresaron a la colectividad en medio del éxito electoral, personeros que escasamente responde al perfil doctrinario de Novoa y que han transformado a la colectividad -en palabras de un cercano a Longueira- en un “poodle gordo sin dientes”. En esta última cepa está el ex alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett, quien ayer fue escogido para suceder a Novoa en Santiago Poniente en desmedro del presidente del partido, Patricio Melero, quien finalmente declinó seguir en carrera aunque por años esperó precisamente este ascenso que, según comentan en la tienda, le correspondía por años de servicio, pero que le arrebataron las encuestas, tal como le pasó a Longueira con la presidencial.

Al comunicar su decisión, Melero dijo que “siempre ha estado en la impronta de este partido, de sus fundadores de Jaime Guzmán y de sus líderes privilegiar antes que los proyectos personales el bien común del país y el bien común institucional y creo que en esta hora tenemos las capacidades de enfrentar un proceso electoral que va a ser muy demandante, tenemos un desafío mayor y es la hora de que el presidente de la UDI sea el primero en enfrentar ese desafío y por eso no postularé al Senado en Santiago Poniente y en ninguna otra circunscripción del país” y tras estas palabras dio un paso al costado para las “nuevas” generaciones.

Zalaquett -simpático, conciliador- tiene una distancia en raigambre partidaria con Melero y es además la antítesis de Novoa, el auténtico defensor de la doctrina empresarial de la derecha.

El ex presidente de la UDI -que fue reelecto después del escándalo del caso Spiniak con el lema “la fuerza de la verdad”- fue quien más dificultades puso a la reforma o más bien maquillaje tributario que impulsó la administración de Sebastián Piñera; el único que cuestionó el rol activo del Sernac cuando el organismo quiso intervenir en el cobro de estacionamientos en los mall (en la ocasión dijo que “estamos en un sistema de economía libre donde tiene que respetarse la libertad de las personas. En el caso de los estacionamientos de los mall, quienes van a un centro comercial hacen una operación comercial, van en auto, no son personas indefensas de las que el Estado tenga que hacerse cargo”); el que ha defendido a ultranza todos los proyectos eléctricos que se han caído (Barrancones) y los que podrían caerse (Hidroaysén). No será popular ni lo extrañará The Clinic Online, pero para la derecha dura la decisión de Novoa de no postular, la renuncia de Melero a competir y la asunción del postulante más light es asumir la muerte de la doctrina en la UDI.