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LA CALLE

13 de Mayo de 2013

Vivencial: los detalles del submundo de los empaques de supermercado

En tiempos de explosivo ingreso a la universidad, trabajar de empaque se ha convertido en hábitat natural para decenas de miles de muchachos de entre 18 y 25 años. Yo fui uno de esos y acá les cuento lo más bacán y lo menos glamoroso de ser tipper en Chile.

Por

Yo, como la mayoría de los universitarios que son la primera generación en llegar a la educación superior, trabajé alguna vez de empaque de supermercado.  Trabajar embolsando mercadería me ayudaba no sólo a juntar las monedas pa la fiestoca, sino también a cubrir los gastos que se quedaban fuera de la sagrada mesada materna (¡feliz día mamí!).

Sin embargo, no todo era tan fácil o bonito para este imberbe jovenzuelo. Ser empaque tiene varias complejidades que asemejan el rubro a una misión de alto riesgo sólo para valientes. Primero, la explotadora obligación de pagar para tener un turno o la inseguridad laboral de no contar con un contrato de trabajo y depender sólo de la propina (a nosotros si nos dan como caja, tío Piñera). Por otro lado, la convivencia con el jefe de turno, una especie de capataz campesino del mundo posmoderno y que es el único trabajador que recibe un pago fijo por parte de las empresas.

Aún así, ser empacadador tiene sus bacanidades, además de una serie de códigos que sólo los que hemos conocido los sórdidos vericuetos de poner los detergentes aparte de la comida en las bolsas, conocemos:

A continuación, los aspectos más representativos de la vida como empaque.

-Los cuicos, con la dictadura de la red compra, no dan propina: Cuando se está métale abriendo bolsas con cualquiera de los métodos existentes; cuando los últimos tres clientes te dieron gamba, ver una pareja cuica con doble carro lleno hasta las cachas es el paraíso. Incluso antes de que se metan a la fila de tu caja le haces ojitos al posible matrimonio para que se compadezcan de tu necesidad de trabajo. Dignísimo, pones tu mejor pinta para atraer a los posibles empleadores.

Una vez que ya empezaron a pasar hasta el más extraño producto, de esos que sólo Dios sabe que existen, tu espíritu se vigoriza y tu mente no piensa en otra cosa más que en esa luca (como mínimo) que va a llenar tu pechera de pleno empleo. Sin embargo, toda la actitud de gloria se va a la cresta cuando uno de los tórtolos se acerca a  pedir perdón por haber pagado con Redcompra. ¿acaso no conocen la opción de pedir vuelto? “Para la otra te pago doble”, dicen mientras caminan con una boleta de $200 lucas a cuestas.

El pago con dinero plástico es un peligro para las arcas del gremio de los empaques, ya que es alta la probabilidad de que el cliente no ande con sencillo y por consiguiente, no dé propina.

Repudio a los clientes que se autoempacan para no dar propina. Repudio a las viejas que van a comprar con un carro de feria (es muy difícil acomodar la mercadería y se pierde tiempo). Repudio a las señoras que llevan bolsas ecológicas de género (ídem dificultad).

-La caja de la tercera edad: En el tradicional sistema de turnarse las cajas para que todos pasen por las más llenas, es necesario empacar por lo menos una vez a la semana en la de la tercera edad. Más allá de la ternura senil, la experiencia es pobre. La cajera está chata y se enoja fácilmente con los tatitas reclamones, por lo que la conversa no fluye. En cuanto a plata, lo abuelos se especializan en dar como máximo $150 y suelen estar tapizaos en monedas de $10. Si en la caja pulenta se pueden hacer $15 lucas en la hora peak, en la senior $8 lucas es bueno.

-Empacar regalos (de dulce y agraz): en la mayoría de los supermercados el empaque jefe de turno te hace sacar un papelito para cachar a qué hora te toca empacar regalos. Cuando sabes el horario de tu turno no sabes si reír o llorar. En tiempo no festivos, se ríe porque se saca la vuelta y si te toca alguien que te cae bien o que te gusta podis echar la talla y/o jotear.  Si te cae mal, es media hora de tedio y pérdida de plata. En hora baja pasa una vieja por cuarto de hora y lo más que te puede dar son $300.

Sin embargo, en tiempos festivos (navidad y año nuevo; días del Niño, Mamá y Papá) hacer regalos es más codiciado que el palacio de La Moneda. De una pasá, fácilmente te podis hacer diez lucas, para volver a seguir ganando miles en las cajas saturadas de consumo. En esos días de compra pontificada, un empaque se puede llegar a hacer $60 lucas por jornada.

-La amistad y el joteo (bacán): en casi todos los sistemas de empaque las cajas se turnan, dependiendo de cuáles estén desocupadas. Cuando no hay ninguna disponible, hay que esperar. Es ahí cuando nacen grandes relaciones interpersonales. Preguntando las clásicas “de dónde eris”, “qué hacis”, “qué música te gusta” agarrai rápidamente la confianza para llegar al “qué vai a hacer el viernes”.

A la hora del cambio de turno, todos los chiquillos se van a cambiar de ropa a la pieza habilitada por el supermercado, que generalmente está en el subterráneo. En el lugar, los trabajadores se desvisten detrás de los casilleros donde se guardan las mochilas. Es en ese momento cuando se decide el local del Barrio Bellavista donde se gastará parte de las utilidades obtenidas. Más allá de los éxitos o fracasos del “eris linda/lindo” la buena onda sirve para que el jefe de turno te deje trabajar más días o mentir sobre reemplazos.

-Los clientes frecuentes (bacán): la figura del cliente frecuente es habitual en los supermercado de Ñuñoa para arriba. Caerle en gracia a una veterana es la llave del éxito; llenarle el ojo a una milf puede pagar aranceles completos. La clienta frecuente te busca cuando va al supermercado, y aunque lleve un kilo de pan la propina no baja de $500. Eso sí, hay que darse la lata de preguntarle cómo le ha ido y cómo están los niños. El objetivo final de atender a una de ellas es que te pida llevarle el carro para la casa. En ese caso la propina parte de los $2000 (o dossssssmil).

-La conversa con el personal (bacán): los trabajadores de supermercado son grandes personajes. Nadie pasa desapercibido y todos tienen algo que contar, lucir o menospreciar. Las cajeras son las reinas y los guardias los campeones. Cuando pasan a comprar al final del turno de noche (23 horas) igual te dejan sus moneditas y, aunque no sea mucho, la despedida con amor llena el alma. Una buena onda con las chiquillas facilita un rápido cambio de monedas. Homenaje a la simpatía de Fiambrería y Carnicería.

-Que te toquen celebridades (bacán): siempre dan caleta de plata, generalmente todo el vuelto. En el barrio alto es preferible que te toque un famoso hippie tipo Claudia Di Girólamo, quien además de buenas vibras pasa mínimo $1500. La entretención continúa cuando llegai a la casa diciendo “hoy le empaqué al Salfate”. Juajuajua.

-Los empaques que hacen carrera: como en toda pega, siempre la posibilidad de un colega mala onda existe. En el rubro de los empaques, ese rol suele ocuparlo el jefe de turno genuflexo de los dueños de la empresa. Ese compañero que cuando llegai cinco minutos atrasado te caga sin pudor y te manda pa la casa. Ese mal amigo que se acomoda los turnos con sus secuaces y en vez de darle posibilidades a todos los cabros, hace carrera a turno completo (puede llegar a ganar siete gambas al mes).

-Pagar por trabajar (¿En Chile?): este es un tema que pasó piola hasta que el programa de TVN “Esto no tiene nombre” realizó en 2011 un reportaje que desnudó el trato dado por los dueños de las empresas de empaque a los trabajadores. Hasta ese momento, se pagaba hasta $800 para poder trabajar, y hasta a $25 lucas por el uniforme (una polera y la pechera). Con ese sistema, el supermecado amigo se hacía millonario a costa de la necesidad de estudiantes que, yendo a la profundidad del problema (pongan música de revelación), no tienen la protección del Estado para estudiar en paz.

Homenaje y larga vida a los empaques.

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