El próximo 5 de junio, el fiscal Pablo Norambuena -el mismo que lleva el caso CNA en el Ministerio Público Oriente- formalizará a Felipe Galleguillos Cortés, quien hizo una estafa “de relojería” y se cagó -al menos hasta ahora- a más de diez personas por un monto que supera los 2.500 millones de pesos, con el cuento de que era el representante de la empresa Nextel, encargado de instalar antenas repetidoras en el norte grande del país.

La máquina armada por Galleguillos comenzó en 2011, cuando junto a su esposa Andrea Labarca, ex subgerenta de un importante banco de la plaza y el abogado Pedro Cobo (http://www.iruabogados.cl/index.php?pp=abogados&abogados=pc&lg=es) armaron la empresa Enlace Limitada, con el fin de captar inversionistas para levantar los mentados aparatos.

Hasta ahí todo bien, pero Galleguillos mantenía un historial de deudas –una de ellas con el Banco Estado por 15 palos- por lo que el Dicom no le permitía, dijo a la fiscalía, llevar adelante cualquier negocio por lo que habría “usado” a Cobo y Labarca, para sus propósitos, aunque las sospechas de una concertación para estafar no están del todo descartadas.

Pues bien, Galleguillos, un hombre de gustos caros, bueno para viajar, alto estándar de vida y amante de los Audi, captaba inversionistas para las antenas a quienes les ofrecía un interés de 17,5 por ciento a 135 días. Parecía un negocio redondo por lo que empresarios del rubro inmobiliario, corredores de bolsa, entre otros, le creyeron el timo, e invirtieron. ¿Por qué tanta confianza? Porque Galleguillos falsificaba órdenes de compra de Nextel, así que todo parecía en regla, comentó una fuente de la fiscalía.

Por increíble que parezca todos le creyeron. Vendieron casas, pidieron préstamos y hoy algunos están quebrados y prefieren omitir su identidad.

La modalidad usada además por Galleguillos era biciletear con el dinero. Un inversionista llegaba, pasaba el dinero previo contrato mutuo donde se establecía la construcción de las antenas. Con esta plata le devolvía al otro y así sucesivamente. En buen chileno una “cutufa”.

Paraíso fiscal

De acuerdo a la carpeta de investigación a la que accedió este diario, Galleguillos a fines de 2012 se vio apretado y con el agua hasta el cuello. Según declaró ante la Brigada de Delitos Económicos (Bridec), consta en la orden de investigar 1543 del 24 de abril de 2013, llegó a juntar -sí, lea bien- más de 3.000 millones de pesos producto de sus “negocios”.

Asustado por la situación que pasaba decidió huir del país. El 6 de diciembre de 2012 tomó un avión a Buenos Aires. De allí a Sao Paulo, Brasil para luego llegar al paraíso fiscal de Luxemburgo, donde aseguró vive su tía Manón Cortés Trujillo. Luego siguió por tierra hasta Bruselas, donde abordó otro avión hasta Madrid, España para volver a Chile el 12 del mismo mes. Este periplo es sospechado por la fiscalía, ya que pudo esconder el dinero en Europa.

Una vez en el país decidió escribirle a sus víctimas un correo electrónico que consta en la indagatoria, donde pide disculpas y asegura que actuó solo, que su esposa nunca supo de nada y que su abogado Pedro Cobo nunca supo de su estafa. “No pido perdón ni olvido, porque no lo merezco”, redactó.

Como estaba con el agua hasta el cuello y para evitar que el brazo largo de la justicia le cayera con mayor peso, decidió autodenunciarse ante el Octavo Juzgado de Garantía de Santiago, patrocinado por su abogado Rodrigo Irrazabal Izikson. ¿Por qué hizo esto? Se trata de una tradicional estrategia procesal por la que una persona constituye la llamada “atenuante calificada”, lo que implica que cualquier pena que se le imponga tendrá una importante disminución de la sanción.

Esta maniobra judicial permitió que, cuando la fiscalía hace algunas semanas pidió una orden de detención al tribunal en contra de Galleguillos, no le fuera otorgada, dejando con los crespos hechos al Ministerio Público que buscaba darle espectacularidad al caso mediáticamente.

¿Donde está el dinero? Según la versión de Galleguillos en la carpeta de investigación, invertidos en un terreno en Pichilemu, acciones en distintos bancos, autos, pero cuyo monto no alcanza a más de 20 por ciento de lo que percibió. ¿Y el resto? El misterio puede estar en su viaje al paraíso fiscal de Luxemburgo.