Camila, ¿por qué escribiste la nota?

Yo en verdad la escribí porque me salió del alma, a mí eso es lo que me ha tocado vivir; y vivir con el estigma de tener depresión es difícil. Y no solamente para mí. Mi mamá también ha tenido depresión y yo vi cómo a ella desde la Isapre le rechazaban la licencia y la perseguían para poder demostrar que sus licencias eran falsas; y ella vivió con depresión hasta que descubrieron que su enfermedad era a raíz de otro problema. Entonces, también para mí ha sido bien difícil. Yo soy joven, tengo 24 años y sé que cuando me enfrente al mundo laboral voy a tener que vivir con el estigma de haber tenido depresión.

¿Y tú cuándo tuviste depresión?

Durante el año 2010, cuando tenía 21 años.

¿Y para ti como persona común y corriente, que no es político influyente, te trataron diferente a Pablo Longueira?

Claaaaro. O sea, obviamente que el estado de Facebook está publicado desde la rabia. La rabia de ver que uno tiene que enfrentarse a estigmas, a que te miren mal, a que te digan que eres débil y piensen que estás loca. Pero la tele lo que muestra son puras muestras de solidaridad y la solidaridad no la tienen con los trabajadores que les rechazan las licencias.

¿Ha habido cinismo?

Claro, la solidaridad ha sido muy cínica, porque cuando una persona común y corriente tiene depresión no se le cree, se les dice que son flojos, que se quieren tomar vacaciones. Pero claro, como le está pasando a una persona entre comillas influyente, un candidato presidencial, obviamente los medios se sensibilizan. Hicieron una nota el otro día casi como si se está muriendo. La solidaridad chilena es muy cínica.

Eso habla mal de la sociedad chilena en general…

Sí, habla de cómo nosotros nos sensibilizamos sólo ante lo que nos dice la tele.

En tu nota haces una diferencia entre cómo se vive la diferencia entre ricos y pobres…

Mira, yo en particular he tenido el privilegio de que mi familia tiene los medios para poder tratarme; pero donde yo me he tratado he conocido gente que vive con depresión, pero no tiene los medios para hacer todo lo que mis papás han hecho por mí. Yo sé cómo funciona el sistema público. Yo también me he atendido ahí, por lo que sé que hay médicos que no atienden en el sistema privado y con ellos se consigue una hora con suerte una vez al mes. Pero cuando uno tiene una crisis depresiva no puedes esperar un mes. Y si te dan una hora de urgencia te dicen “venga a las 5 de la mañana”.

¿Cómo sería un día de Pablo Longueira con depresión y en la pobreza?

Tendría que enfrentarse a lo que se enfrentan todos los chilenos. Lo llevan a un hospital público, es mirado como bicho raro y los médicos ni siquiera le hablan. Además, tiene que esconderle a su jefe que está en una crisis depresiva. De verdad, no se lo deseo, porque yo vivo con depresión y no le deseo a nadie este sentimiento. Pero si él como persona influyente tuviera que pasar por todo esto las cosas cambiarían inmediatamente. Cambiarían las reglas para que se acomodaran a estas personas poderosas.

¿Pero esta es una oportunidad para hablar del tema o la gente se va a olvidar al rato?

A mí me gusta mucho que se esté discutiendo el tema de la depresión, que se esté poniendo en el tapete y estemos hablando a calzón quitado. A mí en lo particular me tocó asumir ante la mitad de Chile, que leyó la nota, que yo tenía depresión. Algo que yo había escondido siempre. Entonces mientras podamos discutir esto y la gente se sienta más empoderada de decir “yo estoy enfermo, no estoy loco”, va a ayudar a generar un cambio cultural.

¿Y ahora como te mira la gente?

Mis amigos me han felicitado, me han dicho que fui muy valiente para enfrentar esto. Siempre los comentaristas de internet asumen que uno es una comunista resentida porque no está contenta con las formas en que funcionan las cosas. Pero también he recibido el apoyo de mucha gente que no conozco. Me han dicho “muchas gracias por tu historia porque a mí me pasa lo mismo y nadie lo dice”. Nadie nos defiende.

Pero de derecha no eres tampoco…

“No po, jaja, para mí ser de derecha es como contrario a los valores que tengo”.

Gracias.

Gracias a ti. Ojalá que esto se siga discutiendo.

LA CARTA

“Hablando muy desde las enfermedades que he padecido y muchos hemos padecido, no le deseo una depresión a nadie. Pero sí me gustaría que Longueira tuviera que enfrentarse a ella desde el mismo sistema público de salud al que acudo.

Que tuviera que pasar por el Auge, que le dieran 3 sesiones con un psiquiatra (de 15 minutos cada una) y 6 con un psicólogo (3 una vez por semana y el resto mensual) y tuviera que pararse frente a su jefe (desearía también que tuviera uno) a explicarle que no es flojo sino que esta enfermo (ojo).

Desearía que le rechazaran la licencia, que tuviera que peregrinar por mil contralores en su isapre intentando que le creyeran que la licencia no es trucha. Que no pueda cambiarse de plan en la isapre por la “preexistencia” y que de ahora en adelante cada vez que vaya a un médico tenga que convencerlo de que lo que le duele no es porque está loco sino que tiene dolencias físicas reales.

Que de ahora en adelante lo consideren “débil” aun cuando ya no este pasando por una crisis. Que tenga que vivir con el estigma de haber sufrido (o sufrir de por vida) una enfermedad psiquiátrica.

Que viva la depresión como cualquier otro chileno y que la tele dejara de tenerle pena. Eso sí le desearía. Porque cuando le pasa a un rico la gente se escandaliza. Porque cuando le pasa a un rico las cosas cambian. Y puta que le hace falta un cambio a esta gueá de país.”

Camila Sepúlveda B.