“No puede ser la única finalidad de la educación escolar estar respondiendo pruebas”. Eso dice Amparo Lobos, presidente de la Federación de Estudiantes del Pedagógico y una de las voceras del movimiento Alto al Simce, grupo que junto a los estudiantes de un grupo de liceos “emblemáticos” han desafiado a la prueba que lleva 25 años midiendo a los escolares de todo Chile.

Con un justificativo para que los apoderados liberen a los alumnos de la prueba, una marcha en contra de la medición y el apoyo de los secundarios del Liceo Alessandri, Tajamar, Liceo 7 de Providencia, Confederación Suiza, el INBA y el Manuel de Salas, los estudiantes abrieron un nuevo flanco de conflicto con el Ministerio de Educación que dirige Carolina Schmidt, el que tomó especial relevancia el martes cuando un menor de 14 años murió mientras desarrollaba el Simce de Educación Física.

“Con lo que ocurrió quedó en evidencia la tensión a la que están expuestos los estudiantes. Nosotros creemos que la forma de realmente medir a los estudiantes es un proceso donde haya una participación activa de ellos y de toda la comunidad escolar. No creemos en ese sistema de medición”, dice la vocera de la Aces, Isabel Salgado.

Junto a ella, el vocero de la Cones, Moisés Paredes, y representantes de distintas federaciones universitarias, ayer mostraron su apoyo a los escolares que decidieron no presentarse al clásico examen y llamaron a debatir sobre la real relevancia de una prueba que, según explican, no ayuda en nada a mejorar ni frenar la segregación educativa en el país.

Dispositivo del mercado

El Simce, Sistema Nacional de Evaluación de Resultados de Aprendizaje, debutó en 1988 y tenía como objetivo levantar información para el proceso de desarrollo curricular, mejorar la asignación de recursos y la calidad educativa. Sin embargo, a 25 años de la primera prueba la medición agotó a los alumnos.

“El Simce hoy es un dispositivo más del sistema mercado que produce competencia, rankings y segregación, que es el fiel reflejo de como formamos a los niños en Chile. Es la educación en función de la preparación de una prueba, dejando de lado otros aspectos mucho más importantes dentro de un proceso educativo”, dice Lobos.

Ella, junto a un grupo de educadores, estudiantes e investigadores vienen desde agosto advirtiendo sobre los problemas de la famosa prueba. Según ellos, esta hoy arrastra a las comunidades a destinar gran esfuerzo en el resultado de la prueba y una importancia indebida que genera estrés y malestar, tanto en alumnos como profesores.

Eso, además de la crítica de que este instrumento sirve sólo para un sistema económico que segrega y genera desigualdad educativa, y que ve completamente en contra de las medidas que los estudiantes quieren que se de bajo una lógica de educación gratuita y de excelencia. Algo que viene mucho más atrás de los polémicos semáforos Simce que propuso Lavín a mediados de 2010 y que le asignó colores a los peores colegios para definir dónde se necesitaban más recursos desde las corporaciones municipales.

Desde 2010 en adelante, además, se han creado nuevos Simces. A los clásicos de Lenguaje y Comunicación (Comprensión de Lectura y Escritura) y Matemática, en los últimos años se han agregado los de Ciencias Naturales, Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Inglés y Educación Física.

Estos se aplican a alumnos de 2°, 4°, 6°, 8° básico y 2º y 3º medio. Es decir, el primero de ellos a alumnos de siete años y el último un año antes de la PSU, otra de las mediciones ampliamente criticadas por los estudiantes.

En segundo básico sí que es nefasto, dice Lobos. “A esa edad tienen que estar preocupados de estar felices, de jugar, de explorar a través del juego. Pero no someterlos desde tan pequeños a esta lógica. Además, uno no puede medir de manera igualitaria a todos, tienen proceso educativos distintos. No puede ser la única finalidad estar respondiendo pruebas”, señala.

“El Simce tiene resultados que son nefastos para el desarrollo de la vida académica, porque tenemos a colegios que en octubre lo único que hacen es preocuparse de ello”, señaló Moisés Paredes ayer, a la par de una marcha organizada por la Aces que terminó con varios estudiantes detenidos por Carabineros.

Mineduc en la dura

Ante la ola de reclamos y el foco de atención que obligó a suspender ayer el Simce de Educación Física, tras la muerte de Héctor Solés Sotela, un niño de 14 años del Colegio Inglés San José de Antofagasta. Según el Mineduc, la evaluación prevenía complicaciones con visitas a los establecimientos para revisar los antecedentes de salud de los estudiantes para acreditar impedimentos y considera la aplicación del test de Cafra para detecar eventuales riesgos antes de rendir el test de Navette.

Sin embargo, el adolescente antofagastino cayó fulminado después de realizar el test y posteriormente sufrió dos infartos que terminaron con su vida.

Según Alto al Simce, esta es una muestra de cómo el foco está desmedido y de cómo se debe discutir por un sistema evaluativo que no sea el Simce y que contemple otros elementos como el sentido de pertenencia de los estudiantes. “Muchos han dicho que no podemos medir porque evalúa, pero hay que decir que el Simce no evalúa sino que clasifica y califica. Es necesario tener un sistema de evaluación que alguien monitoree la estrategia educativa que ponen los profesores. El Simce ya no evalúa”, dicen.

En tanto, ayer el gobierno salió a defender la prueba y a decir que la “funa” liderada por los liceos emblemáticos no fue tal, ya que “más del 99% de los alumnos que podían ser testeados rindieron el examen”.

Según la ministra, es relevante tener herramientas para mejorar y seguir avanzando en calidad, aunque toda prueba puede ser perfectible. Además, criticó la intención de los estudiantes de complotar contra la prueba.

“No es razonable que niños pequeños decidan sobre la rendición de una prueba, tampoco es razonable que alumnos decidan si sus compañeros pueden asistir o no a clases”, manifestó Schmidt sobre la negativa de los estudiantes. Una frase que no cayó bien en los estudiantes, quienes respondieron que el Simce no es obligatorio y que esta decisión la han tomado “dentro de lo que es su experiencia y de lo que viven día a día en su educación”.

Con todo, los estudiantes dicen haber terminado la primera fase de la campaña. Lo que ahora viene, cuentan, es sumar a más agentes en contra de la medición e iniciar un debate serio sobre cómo evaluar de mejor manera a los estudiantes secundarios, sin exponerlos a otra prueba u otro sistema de control.