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Cultura

6 de Diciembre de 2013

María Constanza Contreras, “MC Aire”: “Mi historia está en poder de la Teletón”

Se hizo nacionalmente conocida cuando su vida se televisó sin parar en la Teletón desde los ochenta hasta hace pocos años. Hoy, recién egresada de sociología, dedicada a la música, la pintura y su tesis, Constanza Contreras reflexiona sobre los costos personales que tuvo su rehabilitación y cómo es ser discapacitado en un país como Chile.

Por

Foto: Marisa Niño

En una pequeña casa de la población El Olivar, en Viña del Mar, vive Constanza -Conty- Contreras, 30 años, socióloga, discapacitada, junto a una hermana y su mamá. Conty, que nació sin extremidades superiores, llegó a vivir con la que después sería su familia cuando tenía un mes de vida. Ellos, sus cuidadores temporales, se encariñaron tanto con Conty que decidieron adoptarla de inmediato.

Sus primeros tres años de vida fueron esenciales, cuenta Conty, para desarrollar su motricidad fina y aprender a caminar. Una displasia de cadera, acarreada en conjunto con su discapacidad, hizo más complicado todo, arqueando su postura hacia un lado.

-Al final terminé con una escoliosis severa que me comprometió pulmón, costillas, corazón- dice.
Entre el tema estético -se estaba jorobando- y los órganos -que se estaban aplastando- comenzaron las intervenciones quirúrgicas. Más de veinte operaciones entre los 3 y los 13 años, a columna abierta, en el Calvo Mackenna. Conty y su familia vivían en esa época en Valparaíso, donde no se practicaba esa operación, lo que los obligaba a viajar constantemente.

Las primeras veces que viajó a Santiago fueron complicadas para Conty. Sumado a eso, la Teletón conoció su caso y la metieron a la campaña desde que era chica.

-Fue bien estruendosa mi crianza. Harta bulla, harta cámara, harta gente y harto lloriqueo. Yo siempre estuve acostumbrada a hablar de mí y que los demás hablaran de mí. En ese sentido no tenía tanto problema; lo que sí me afectó fue dejar mi casa y hospitalizarme una o dos semanas en Santiago – dice Conty.

Entre contarles chistes y darles ánimos a los demás pacientes, conoció qué es estar hospitalizada por casi un mes, que te conecten un respirador, que te saquen costillas y el miedo al dolor y la muerte.

-Fue bien power pero sobreviví. Así que el tema de las cirugías, las cicatrices, los tatuajes, ha sido todo bien vinculado -cuenta.

Conty luce con orgullo sus tatuajes, que se reparten entre el pecho, las piernas, el cuello. Ninguno está emplazado sobre sus cicatrices. Le gustan los tatuajes, dice, porque son simbólicos, representativos de la sobrevivencia. Los diseña ella misma. Son dibujos relacionados con el misticismo, el politeísmo, la naturaleza.

-Hay gente que me mira y me dice, “oh, esa es la estrella de David”, o “eso significa tal cosa”. Me interesa saber qué es lo que ve el otro, no siempre cuento al tiro qué es. Me gusta rallar la papa y hacer que la gente hable también. Si a mí también me gusta entrevistar, jaja.

Entre tanta operación y traslado, Conty comenzó a desarrollar afición por la música y por el arte. De las paredes de su pieza cuelgan delicados y coloridos cuadros que pinta dirigiendo el pincel con sus pies.

Mientras acaricia a su gata Selina -que ayer le comió el mouse y la letra C del notebook depositado en el suelo- Conty recuerda que sus primeras aproximaciones a la música fueron los tangos que escuchaban sus papás y la música de sus hermanas mayores: Michael Jackson, Madonna. En su casa siempre hubo música.

-Lo del arte fue innato, una cosa muy natural, de fluir a través del canto, de la pintura. Es una cosa que uno no planifica, y nunca fui a un curso, a nada, hasta que fui más grande. Después empecé a escribir música, a estar más madura, necesitaba sacar un poco tanto pensamiento, tanto cuento que tenía adentro y empecé a escribir mis canciones, como a los ocho años, y a cantar lo que escribía. Y de ahí para adelante.

LA TELETÓN

A los 16 años, Conty se puso de nombre artístico “MC Aire”. Fue cuando conoció el rap, música que aún desarrolla participando en tocatas en el puerto y que de vez en cuando se escapa a escuchar a Santiago, sola, en bus.
-Me gustó mucho el rap para canalizar mis estados depresivos, de ira. Antes yo era mucho más seria. La gente llegaba a mí por la Teletón. Querían verme, tocarme, sacarme fotos. Todo eso a mí me dejó mal. Muy chata. Me sentía violada en muchas formas, hasta por los doctores que me operaban.

¿Cómo?
-El doctor que me operó hasta los trece años también me sacaba fotos, porque de repente quería llevar mi caso a Estados Unidos, mostrar la discapacidad, las cicatrices, y desnuda. Y yo tenía 5, 6 7, 11 años, pubertad… yo nunca me negué, a pesar de que tenía mis gestos y mostraba mi repudio, pero siempre me dejé. Estuve muy expuesta, demasiado. A veces no me preguntaban qué opinaba yo. Y mis papás estaban agradecidos de la Teletón, por la rehabilitación.
Cuando Conty entró a la Teletón se armó todo un cuento, “una historia a base de la mía, pero distinta”, dice. Ahora,
cuando vuelve a ver las grabaciones, concluye que la historia que construyeron en torno a ella y su familia tenía que ver un poco con la de José, María y Jesús.

-Yo llegué a una familia modesta, muy pobre, pero con mucho amor y una buena moral y buenos sentimientos. Pero decían que mi papá era carpintero -dentro de muchas cosas, porque no era carpintero- y que mi mamá era poco menos que la virgen María que lavaba ropa. Fue una historia bien para sensibilizar a la gente y hacerla llorar. Desde los dos años que mi imagen está en la Teletón y quedó hasta el día de hoy. Creo que me van a seguir mostrando hasta el cansancio, porque me mostraron desde los 2 a los 24 años.

Aunque nunca fue “niña símbolo oficial”, Conty fue a los casting para los comerciales, aunque según dice, no les daba lo que querían. “Mi personalidad era bien cuática. Yo era más introvertida, más apática, por lo mismo, porque no había privacidad”.

La rehabilitación que recibió de la institución, dice, fue aporte, pero escaso. Nunca le quisieron poner prótesis. Ni siquiera cuando entre el 85 y el 87 la historia de Conty abría las transmisiones de la Teletón y la contactaban desde un hospital de Italia para apoyarla.

-Querían usarme como conejillo de Indias -aunque igual hubiese sido útil- para colocarme prótesis biónicas. Iba a ser casi precursora en eso. En ese entonces yo estaba full con las operaciones a la columna y se mezcló todo ahí, yo tenía cuatro años, y de la Teletón respondieron que no era el momento para esa oferta, por mi columna.

Con los años, Conty no se conformó con esa respuesta y fue a preguntar otra vez a la institución por qué no se siguió insistiendo con el tema de las prótesis. Ahí le dijeron que había sido por falta de medios, porque había que costear todos los pasajes y no había plata.

-Con los años, esas cosas me hicieron ponerme un poco malagradecida, poco objetiva y criticona con el tema de la rehabilitación. Fundación-rehabilitación, que todo eso va de la mano. Yo era antes full apoyo, hacía tocatas para la Teletón y me movía mucho. Y mi mamá y mi papá eternos agradecidos. El día de hoy, ella se enoja cuando yo hablo de esto. Fue un poco fome, pero así es la idiosincracia chilena.

¿Qué piensas hoy de la Teletón y todo lo que genera?
-Con el tiempo ha ido cambiando mi visión. Al principio era dejarme llevar nomás como niña y la experiencia de estar bajo un foco de luz poderoso. Yo sufría siempre de calor, entonces me tenían que cambiar cinco, seis veces de ropa, porque ellos lo pedían. El cansancio, el calor, me llevaban al escenario y todos tenían que verme, hablarme. En la calle, cuando salía, la gente se tiraba al suelo a saludarme y hasta el día de hoy me prenden velas. Es cuático. Hay un tema cultural, mental de las personas. Tiene mucho que ver con Chile. La Teletón se agarró de esa parte.

¿De una supuesta generosidad?
-Mario Ktreutzberger, con su inteligencia para la televisión, ahí se mezcló todo. Antes esto se llamaba Instituto de Rehabilitación Infantil; en las regiones que había, cada instituto tenía el nombre del doctor que fundaba ese instituto. Ellos eran una agrupación de doctores que trabajaban en kinesiología, en terapia ocupacional y fisioterapia, con los niños con discapacidad en esos años, el 78. En esa época nadie sabía de eso, los discapacitados se escondían, estaban en esas historias como la de la mujer gallina, los niños down se veían muy poco. No era muy común ver personas sin brazos. Eso necesitaba mucho apoyo y después Don Francisco andaba viendo cómo agarrarse de una campaña. Esa campaña era o Coaniquem o agarrar los institutos de discapacidad. Así se armó la Teletón, que tú sabes que Teletón no significa nada, hay en todos lados, es una palabra para la campaña televisiva. Dar reportajes y crear conciencia para reunir fondos. Yo la Teletón la apoyaba por el tema de la discapacidad, un mundo que no se conoce; pero el que sí se conoce es la mediocridad, la ignorancia para tratar el tema, cómo se trata la privacidad. Con los años me puse resentida por mi caso personal. Había gente que me enseñó cosas que no salía en la tele, terapeutas, kinesiólogos. Todo el respeto y valoración a esas personas. Pero ahora no más. Ahora quiero desvincularme, pero nunca voy a poder hacerlo.

¿Por qué?
-Porque mi historia está en poder de ellos. Nadie me preguntó a mí si yo quería ser libre o quería ser objeto símbolo de la Teletón. Me van a seguir mostrando en Canal13, en propagandas, de repente hasta en una de Pisco Capel aparecí. Entre la muerte de Lady Di y de la Sor Teresa, entre medio estaba yo. Y nadie me preguntó si quería participar en una propaganda de Pisco Capel. Nunca me preguntaron si quería que me pagaran. “Un pisquito” me decían por ahí, jaja. Entonces mi imagen ha sido muy prostituída. Quedé en los registros para siempre. El tema es complicado pero ahora me he atrevido a hablarlo más maduramente. Porque el morbo es otro tema.

Porque es lo más duro.
-Porque alguien podría decirme, ¿pero para qué mostrarte? Bueno, ¿y por qué no? Si la gente tiene que verme. Quieren llorar, llorarán, pero también tienen que ver otros aspectos, la personalidad, el carácter, que es una realidad. Y hasta el día de hoy la gente no está acostumbrado a verlo. Porque yo voy en la calle y los cabros chicos me quedan mirando, apuntando, burlándose, gritando. A mí me molesta. Cuando pequeña me daba angustia por mis papás, pensaba, qué pena, ellos deben sentirse mal y querrán protegerme. Y ellos se sentían mal por mí porque no podían evitar eso. Eso yo antes lo aceptaba, pero ahora no.

Es problema de educación.
-Claro, eso me molesta. Entonces, ¿la Teletón no sirvió de nada? Hay que sacar alguna reflexión de eso, y creo que no ha habido mucho. ¿La sociedad puede cambiar? Me importó siempre eso, que algún día yo salga a la calle y la gente vea otra cosa. Y lo he logrado, se ha logrado. Vamos por buen camino aunque hay una transformación real. Me he integrado y he tenido que dejar mis prejuicios: no todos me miran como con asco.

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