foto: Alejandro Olivares

¿Te defines como un hombre de derecha?
Soy una persona de derecha, a pesar que hoy la palabra derecha es rara.

¿Cuántas derechas existen?
Van a quedar tres derechas: la de Piñera, la de la UDI, y la de RN, que cumplió el rol de liberal y que hoy vuelve al conservadurismo.

¿Van a quedar dos partidos conservadores y uno un poco más liberal?
Es raro lo que pasará con RN, porque está en la mitad del sándwich: es como una UDI mal hecha. En su origen RN era un partido muy conservador, y lo liberal del partido sólo pasaba por la Patrulla Juvenil: su ethos es totalmente conservador, pinochetista, agrario, un partido que quiere cantar las dos estrofas del Himno Nacional en sus consejos.

¿Cuál derecha te representa más?
Estoy más cerca de la derecha de Piñera, pero creo que este proyecto requiere de mayor contenido. El drama de esta derecha es que le pertenece a Piñera, y no se ha constituido aún sobre un cuerpo de ideas. Esta derecha se aleja del pasado pinochetista, asume el tema valórico, y también hay algo con lo público. A mi juicio, la nueva derecha no se define sólo por estar a favor del matrimonio homosexual.

Pero si quieren ganar van a tener que aprender a convivir.
Si queremos tener más del 50% tenemos que agrupar desde la derecha más dura hasta la derecha más liberal. Hay que convivir como lo hace el PC con la DC. Los pinochetistas son como los comunistas, en términos de radicalidad.

Tengo la sensación de que los pinochetistas son muchos más que los comunistas.
Sí, eso se notó en el episodio de los cómplices pasivos. Esa frase fue genial y no me pareció escandalosa, porque es verdad. Si hubo gente que tuvo información concreta de las violaciones a los derechos humanos y no hizo nada fue un cómplice pasivo. Me sorprendió que mucha gente se sintiera ofendida, y creo que hay mucho más arraigo pinochetista en la derecha del que uno cree, y ese es un problema.

¿No caben los pinochetistas dentro de esta derecha amplia que incluye a la UDI, RN, y el tercer partido?
Todo cabe en una elección, pero no sé si van a caber. Para ganar una elección hay que aliarse con los enemigos, pero si la división es profunda la derecha nunca va a volver a gobernar.

¿Qué es para ti Pinochet?
En mi persona, la figura de Pinochet ha ido evolucionando. Cuando tenía 13 años y fue el golpe militar, lo vi como un héroe. Después fui ayudante de Miguel Kast en la Universidad de Chile, y él me llevó a trabajar a la Odeplan, y cuando degollaron a los profesores decidí renunciar. Pinochet se fue transformando en una figura un poco odiosa y comenzó a desenmascararse ante mí una persona que, al final, le hizo más mal que bien a Chile. ¿Qué es lo que queda de Pinochet para la derecha? El modelo económico, y creo que no era necesario que estuviera él para que se instalara. Finalmente, todos los países evolucionaron hacia allá. Capaz que hubiésemos llegado a lo mismo sin necesidad de pasar por eso. Pinochet es una figura nefasta en la historia de este país.

Una vez dijiste que si la derecha no se unía se trasformaría en un club.
Esto no puede constituirse en clubes de ideas: ‘yo soy de la UDI y aquí están mis amigos’. Hoy estamos en la crisis de la derrota y recién se están conformando las fuerzas, pero claramente la derecha va a quedar formada por tres tercios, y divididos no van a llegar a ninguna parte.

¿Qué es el piñerismo?
Piñera es la primera persona de derecha que alcanza el poder democráticamente desde hace 40 años, y eso no es menor. El piñerismo es un proyecto que llegó al gobierno, y en un país de centro izquierda ese es un éxito.

Poco menos que tuvieron que confluir los astros para que la derecha llegara a gobernar.
Dentro de los astros que tenían que confluir, Piñera era el candidato. Piñera es de derecha y tiene orígenes democráticos muy alejados del pinochetismo. El piñerismo también tiene una suerte de épica: la épica de aquel que ha logrado hacer cosas. Si Piñera ganó, pese a ser empresario y millonario, es porque la gente entendió que él había hecho algo y podría hacer cosas por el país. Hasta ahora yo lo veo como un intento de hacer una derecha más moderna.

¿Por qué se perdió?
La presidencial se perdió porque al frente estaba Michelle Bachelet y porque tuvimos tres candidatos. En el caso de las parlamentarias, se perdió porque los partidos se pusieron cada vez más conservadores. Su discurso fue el de la derecha más dura: Allamand en las primarias hablaba de los militares. ¿Y qué obtuvieron? El tercio que tiene la derecha no más, el voto duro. El aporte que le hacía el gobierno tampoco era un gran respaldo.

¿Qué roles deben ocupar Jovino Novoa y Carlos Larraín en esta nueva configuración de la derecha?
Esto de pasarles el partido a los jóvenes lo encuentro una tontera. En la política se requiere mucha experiencia y hay jóvenes con ideas muy viejas. Yo no jubilaría a nadie, salvo aquellos que no aportan nada, sean jóvenes o viejos. Con Jovino Novoa tengo pocas afinidades políticas, pero no creo que deba jubilarse. Dentro del grupo conservador, él es una persona que aporta.

¿Y Carlos Larraín?
Carlos Larraín no aporta nada, es un payaso de la política, tiende a frivolizar todo. Él dice: ‘¿Qué es la asamblea constituyente? Va a haber un huaso, un araucano…’. Caricaturiza todo. Carlos Larraín ha sido la persona que le ha hecho más daño a la derecha en estos cuatro años y hay que sacar de su estado de relevancia a los que no aportan. Lo mismo pasa con Patricio Melero. Él puede ser diputado, pero no el presidente de la UDI, aunque tampoco se la entregaría a Ernesto Silva. Ésta es una pelea de perros grandes.

¿Quiénes?
Andrés Chadwick, por ejemplo. Me hubiese encantado que él fuese el presidente de la UDI.

Si Piñera quisiera volver a postularse el 2017 ¿apoyarías su candidatura?
Depende quién sea el otro. Él va a quedar muy bien posicionado y tiene todos los méritos, pero debe reflexionar sobre lo que salió mal. En esto hay que ser práctico: hay que apoyar al mejor candidato y si no es Piñera, no es no más. Puede ser que en cuatro años más él sea el tipo más nefasto del planeta.

LAS NUEVAS IDEAS

¿Es importante para la nueva derecha estar a favor del matrimonio homosexual?
Esto es una cuestión en evolución.

¿Tú eres partidario de que a los homosexuales se les permita adoptar hijos?
No conozco mucho el tema de la adopción, pero en principio no tengo problemas. En un país donde los niños viven solos con su madre o criados por abuelos, cuál es el problema que vivan con dos madres o dos padres. En materia de valores una parte de la derecha tiene que estar abierta. Recordemos sí, que esto cambia con el tiempo, Bachelet no estaba de acuerdo…

Pasito a pasito, decía ella.
Pasito a pasito. Con este tema me pasa lo mismo que me pasó con el divorcio: terminamos siendo los últimos locos del planeta que no teníamos ley de divorcio. Bachelet tenía razón, esto es pasito a pasito, pero atar a la nueva derecha sólo a los temas valóricos no es la solución.

¿Eres partidario de una nueva Constitución?
No entiendo lo que es una nueva Constitución. Para muchos, esta idea es cambiar los quórums, terminar con el rol del tribunal constitucional, y acabar con el binominal, y con eso ya tenemos una nueva Constitución. Nadie está hablando de redactar el párrafo uno, porque eso sería una pérdida de tiempo. Hay que hacer difícil el cambio cuando se trata de materias muy importantes, pero no impedirlo.

¿Cuál es el desafío de la derecha en temas sociales?
El éxito en la derecha hoy es que tú salgas de la escuela para ir al colegio, salgas del hospital para ir a la clínica y que salgas de la micro para andar en auto. Ese es el éxito que te vende la derecha. Pero resulta que el 80% del país va a la escuela, se atiende en un hospital y toma la micro. ¿Qué tenemos que hacer entonces? Enamorarnos de lo público. Decir: ‘nosotros creemos en la iniciativa privada, pero también vamos a darles las mejores escuelas públicas y los mejores hospitales a la gente’. Hay que sentirse orgulloso de lo público.

Eso implica tener un Estado más grande y no más chico, como siempre ha querido la derecha.
Sí, pero por sobre todo un Estado mejor. Siempre me he preguntado por qué eligieron a Piñera, y yo creo que la gente se imaginó que él, que había sido exitoso en lo privado, al ser presidente iba a ser exitoso en lo público. Se hicieron muchas cosas, pero el TranSantiago, los colegios y los hospitales siguen siendo malos.
Dicen que no hay plata para invertir en las escuelas y en los hospitales. ¿Por qué no hacer una gran reforma tributaria que acabe de una vez con estos problemas?
Yo no estoy en contra de las reformas tributarias, pero llega un punto en que yo tampoco te puedo cobrar tantos impuestos.

¿Cuánto pueden pagar los grandes empresarios?
Los empresarios pueden pagar mucho.

¿27 por ciento? ¿30 por ciento?
Nada es dramático, pero más del 30 ya es un impuesto alto. Se puede hacer una reforma tributaria y no va a alcanzar, porque este país aún no tiene tantos ingresos, la torta no es tan grande. A mí me preocupa más el énfasis en lo público. La derecha como que pone el énfasis en querer reemplazar lo público, no le gusta. Hay que dejar la tontera de que el Estado debe participar lo menos posible, vamos a solucionar los problemas de la gente con el Estado y con el sector privado.

¿Qué es para ti el lucro?
En educación eso se entiende como el tratar de sacar excedentes, que es algo que está prohibido.

¿Lucrar es malo?
No lo tengo claro. Me parece interesante que se permita explorar el lucro en la educación, pero bajo otras condiciones. Por ejemplo, el que lucra no recibe fondos del Estado. Si lo hacen bien ¿cuál es el problema? El verdadero lucro de la educación lo comete el que cobra por mala calidad, ese sí es un problema.

Entonces, no estás a favor de la gratuidad en la universidad.
Estoy en desacuerdo con la idea de que toda la educación universitaria sea financiada con los impuestos. La universidad es gratis para quienes la necesiten, pero los que pueden pagar que paguen.

Pero cuando alguien paga por la educación, ésta deja de ser un derecho. Mejor hacer una reforma tributaria y que la educación sea gratis para todos.
Hay que asegurar educación para todos, y eso no significa que haya que pagársela a todos. A la gente que viene de estratos marginales sí le regalaría la educación, pero a la clase media le daría un crédito muy barato, que se pueda pagar en diez años. Creo que no corresponde dar gratuidad cuando el beneficio es muy personal. Yo haría la reforma tributaria, pero tampoco le daría educación gratis a los ricos: que paguen más y que paguen su educación.

LA ELITE

En una columna, Carlos Peña hablaba del clasismo en la derecha. ¿Qué tan clasista es la derecha?
Súper clasista. Es más, Chile es súper clasista y somos un país de tribus.

¿El clasismo es más fuerte en la derecha?
Hay una derecha más apatronada, la de Carlos Larraín. Pero también hay una especie de tribu en Andrés Velasco: para ser de su grupo hay que ser moderno, medio guapo, tener un par de posgrados… hay códigos. La derecha tiene un componente clasista y en este gobierno se notó muchísimo, porque no sólo eran una congregación de colegios particulares pagados, sino que también porque el 90% de los ministros eran de la Universidad Católica.

Nicolás Eyzaguirre quiso referirse un poco a eso también cuando habló de las redes de sus compañeros del Verbo Divino.
Eso es como descubrir la pólvora. Uno entiende lo que quiso decir, pero no tenía para qué tratar a los compañeros de idiotas. Yo creo que hay redes, pero también hay realidad. Un alumno de cuarto medio del Verbo Divino profesionalmente es distinto de un alumno de un liceo de una población marginal, incluso si hubiesen aprendido lo mismo. El del Verbo Divino es un alumno que en su casa tenía libros, que comía bien, que fue a un hospital bueno, viajó, habla inglés. Es una persona que llega con habilidades distintas. Una vez un rector de la Universidad de Chile me dijo que el 20% de los alumnos no deberían estar allí. Por eso yo digo que está sobredimensionado el tema de la educación, hay que apoyar a la gente en todo. Tú no puedes trasplantar a un gallo y decirle: ‘ahora tienes 700 puntos’. ¿Y qué hacís? El tipo no sabe hablar, no sabe relacionarse, no tiene habilidades. Hay redes, como las hay en todas partes, y en Chile la meritocracia claramente es una deuda.

¿Qué es para ti la igualdad?
La igualdad como concepto no existe, somos todos distintos. En un mismo colegio del barrio alto hay gente que tiene éxito y que fracasa; que es fea o que es bonita ¿Qué vamos a hacer con eso? ¿Vamos a operar a todos los tipos? Hay gente que es más inteligente que otra. Un Chile más igual debería ser menos clasista y más integrado, pero el peso de la cuna es tremendo. En el 1% más rico hay desde un profesional exitoso hasta el empresario más rico de Chile. Pero el profesional no le tiene envidia al empresario, porque sabe que tuvo las oportunidades, vive bien y se ha realizado, por lo tanto acepta la diferencia. ¿Qué quiero decir con esto? Que cuando se llega a un determinado nivel de bienestar las diferencias son aceptadas. Cuando tú entras a un avión ves a todos los guatones sentados en primera clase tomando champagne, pero no se arma una revolución social por eso. Al contrario, aunque no hay movilidad social, arriba van todos felices, porque todos vamos a Disneylandia. El problema en Chile es que cuesta mucho subirse al avión, la mayoría se queda abajo. Yo me siento hijo del esfuerzo, he trabajado por tener esta casa, por ser rector de una universidad, pero reconozco que junto con mi esfuerzo yo nací en un hogar donde me dieron todo lo que necesitaba: un colegio particular, la universidad de Chile, estudié afuera. Si hubiese nacido en otro lado más vulnerable no hubiese sido lo que soy, y ese es el problema: es dramática la condena de la cuna.

¿La desigualdad de la cuna fue causada por el modelo?
Siempre ha habido desigualdad y el modelo no la ha corregido.

La ha profundizado.
Yo creo que no. Chile siempre ha estado muy mal distribuido y el modelo no ha sido suficiente. Además, vivimos de una fantasía. La gente dice: ‘Antes, la educación era mejor’. Mentira: antes la gente ni siquiera iba al colegio. Éramos muy pobres y hoy tenemos más acceso. El país ha progresado, pero no se ha igualado a la velocidad que quisiéramos.

Felipe Berríos hablaba de eso en la columna sobre la “cota mil”, sobre la burbuja que rodeaba a la gente que se educaba en el barrio alto. ¿Qué te pareció esa crítica?
Bien, entiendo a lo que va. Hay un problema de segregación espacial. Pero cuando se habla de integración en las escuelas se me complica la cosa, es como lo que decía Benito Baranda. ¿Va a viajar un gallo de La Pintana al colegio de Las Condes? El tipo te va a decir que estamos locos. ¿Cómo va a viajar tres horas para venir a integrarse? La ciudad está demasiada atomizada y hay una parte de la gente que vive en esta ‘cota mil’, que significa vivir en un mundo propio: nacieron en Los Domínicos, van al colegio y a la universidad de Los Domínicos, y trabajan en El Golf. Eso crea una desconexión súper grande. Este país está lleno de gente a la que le da susto ir al centro.

¿Te sientes parte de la elite?
Yo no pertenezco a una elite tradicional, pero por mi cargo yo pertenezco a una elite. Soy una persona que está siendo entrevistada por un medio y escribo columnas, por lo tanto me considero de esa elite profesional. La pregunta de fondo es si uno para llegar a esto tiene que tener meritocracia o apellido. ¿Hasta dónde importan los códigos sociales?

¿Cuáles son esos códigos?
Desde dónde vives, hasta dónde veraneas. A este grupo se entra por linaje, o por mérito, pero con algún linaje igual. Esto tiene que ver con la cuna, aunque en el último tiempo la variante éxito ha comenzado a adquirir más peso. Al ‘hijo de’, que es un vago, ahora no se le da pega, y los exitosos cada vez son más aceptados: hoy la elite premia la meritocracia.

Alguien que se crió en una población y que tiene méritos ¿puede llegar a ser parte de la elite?
No, porque no está en el grupo. El grupo es el mismo, pero lo que cambian son las variables: desapareció la valoración de la herencia y se ha comenzado a apreciar el éxito, al tipo que le va bien. Se instauró como pregunta importante el ‘¿qué es lo que hací?’, que es muy gringo. Otro título nobiliario es la universidad: dónde estudiaste, qué posgrados tienes, y en qué universidad lo hiciste.

¿Qué universidades dan más prestigio en Chile?
Ir a la Universidad Católica importa más que estudiar en la U. de Chile. Finalmente, un gallo que hizo un posgrado es mejor que uno que no lo hizo. Antes esta cuestión era: yo nací acá, y acá me quedo. Hoy no. Se sigue viviendo de los símbolos –el que veranea en Cachagua, el que esquía en La Parva-, pero hoy hay que aportar algo más. Siendo muy difícil entrar a la elite, se abre una pequeña puerta a los exitosos. Como los Luksic, una familia que llegó hace 40 años y que no eran nadie, y que hoy son parte de la elite. A puro ñeque. Eso es meritocracia.

En una columna que una vez escribiste sobre la elite dijiste que había que saber inglés para pertenecer a este grupo. ¿Toda la elite habla inglés?
Hay una conciencia mundial de que hay que hablar inglés, y un gallo profesional de la elite hoy debe hablar inglés, es fundamental. La gente hoy trata de elegir colegios bilingües, pero saber oro idioma no es un requisito fundamental para estar en la elite, porque hay mucha gente allí que no sabe hablar inglés. Es bastante vergonzoso. Vas a un seminario en Casa Piedra y si el invitado habla inglés, los asistentes siempre evalúan mal el evento y los audífonos de traducción simultánea se agotan rápidamente, porque nadie entiende. En ese sentido, esta elite es medio de pueblo.

En esa columna también hablabas del burgués-bohemio. ¿Qué es eso?
Esta elite es relativamente fome.

¿Nerd?
Esta es una elite tradicional, poco audaz. Uno siempre dice: ‘la fiesta de la izquierda debe ser mucho más entretenida que la fiesta de la derecha’. Deben ser hasta más tarde y hay más carrete. La gente de la elite se mueve en códigos muy estables: le gusta ir a comer, al cine, al teatro, a Nueva York, a Londres, hacer un safari, o subir el Everest. Pero hay una cierta elite bohemia, que es la que explora.

¿Tú vas a bares?
Fui, pero ahora voy muy poco. Ya estoy viejo.

¿Cuáles son los bares que visita la elite? ¿Dónde comen?
No es tan raro, pero irán al Km 0, al Club de Golf, al Club de Polo.

¿En esos lugares se toman decisiones o sólo se pasa bien?
No sé, nunca he hecho una reunión de trabajo en un restaurante. Más que en lugares, la elite se mueve en barrios, porque los restaurantes de moda van cambiando: un día es La Mar, el Cuero Vaca, entre otros. No digo que haya un problema acá, sino que es poco variado. Es un drama para la elite el ser poco curiosos, porque mal que mal son la elite y toman decisiones, y se supone que tienen roles. Un político por naturaleza debería ser abierto, un tipo que conoce, que mira.

¿Les da miedo ser curiosos?
Por comodidad. La gente valora estar con gente conocida. Si tú quieres saber qué está pasando en Chile deberías darte una vueltecita por el centro.

¿Vas habitualmente al centro?
Por trabajo. Trabajé en el centro, en Bellavista, cuando fui director de Las Últimas Noticias. Yo tuve mucha suerte, por dos cosas: primero, porque estudié en la Universidad de Chile y allí me abrí, no sólo por estudiar, sino por los panoramas después de clases; y segundo, porque trabajé en Las Últimas Noticias. Allá descubrí que estaba todo pasando, que estaba en una jaula de cristal y había algo muy interesante en otro lado, que era bueno y de calidad: en bellavista había buenos restaurantes, había onda, se pasaba bien.

¿Fumaste marihuana en la universidad?
No, nunca. La he probado, pero por curiosidad. Aunque no tengo rollos con la marihuana y creo que legalizarla probablemente es la mejor solución.

¿La elite fuma marihuana?
No mucho, pero hay, como en todas partes. Tomar, fumar y tener sexo son actividades que no tienen patrón social. Creer que las niñitas de acá se portan distinto es no abrir los ojos a la realidad.