En una editorial titulada “Universidades estatales: ¿Regresión en elección de rectores?” el diario El Mercurio lanza una crítica a la participación de los estudiantes en la elección de los rectores.

El texto aborda primero el tema de la gratuidad en la educación y parte diciendo que “la descripción que hace el Gobierno de la educación a la que aspira, definiéndola como “pública, gratuita y de calidad”, constituye hasta ahora solo una declaración de intenciones que el electorado apoyó con entusiasmo”.

Según el diario de la familia Edwards, la promesa de la educación gratuita “deja un cúmulo de incógnitas abiertas respecto de la manera específica en que esto se hará”.

El Mercurio señala que las universidades estatales enfrentan un dilema respecto de su “gobernanza” ya que “los estudiantes demandan poder también votar para elegir a los rectores e influir en sus decisiones posteriores, repitiendo fracasadas experiencias del pasado”.

De acuerdo al medio de Avenida Santa María, independiente de la fórmula que se busque para la gratuidad, ésta depende mucho del gobierno universitario, “y si ya es de discutible eficacia el que los rectores sean elegidos por los profesores, extender ese derecho a los estudiantes agudizaría el problema”.

La tesis del conservador matutino es que “si quienes desean dirigirlas deben obtener la aprobación en las urnas de las personas cuyo trabajo será sometido a examen, les será muy difícil ofrecer una gestión exigente a dichos electores y esperar además que ellos voten por esa propuesta”.

A lo anterior, El Mercurio asegura que “la situación solo empeora si los estudiantes tienen también derecho a voto y participación en las decisiones de cada plantel. Si ello ocurre, las universidades estatales seguirán siendo públicas, incluso podrán ser gratuitas, pero seguramente no serán de calidad. Eso afectará al sistema universitario estatal, beneficiando a las instituciones privadas: lo contrario de aquello a que los dirigentes estudiantiles aspiran”.

La editorial dice que el ministro Eyzaguirre como economista entienden perfectamente los problemas de democratizar y se pregunta “¿Cederá a las demandas estudiantiles en esta materia?”.

El texto culmina diciendo que “el ministro deberá decidir entre el conflicto o el compromiso, poniendo a prueba todas sus capacidades profesionales y políticas. Será el momento de la verdad, en el que se conocerá finalmente si el derrotero escogido por el Gobierno es agradar a la “calle” o aspirar con credibilidad a la calidad educacional”.