Un francés de 24 año, Paul Enault, respondió a la carta abierta que una porteña escribió para criticar, en tono irónico, a los turistas que preguntan si el incendio de Valparaíso afectó los lugares más “reconocidos” de la ciudad, asegurando que como él son muchos los extranjeros que se preocuparon de buena fe por el estado del puerto y de su gente.

Tras disculparse por su “español de principiante”, en un texto publicado por El Mostrador el joven le dice a la autora, María José Blanco Contreras, que “su vociferación ha tenido bastante resonancia y contradecirle me parece bastante justo. Trataré de no ocupar el mismo procedimiento que el suyo, tampoco justificaré comportamientos o palabras o más aún, como lo he leído, problemáticas sociológicas”.

“Quisiera de manera anecdótica contarle que hoy, 15 de abril, el primer mail que me llegó fue el de mi madre, una ex turista de Valparaíso que me escribió desde el fondo de Francia, en un campo rancio donde con suerte la gente come en una mesa y habla un dialecto moderno. Una de esas personas a quien usted se dirige. No me envió ese correo para avisarme que buscaba cómo recaudar productos para Valparaíso en los colegios franceses -esto la humildad lo hace pasar bajo silencio-, sino para decirme lo increíble que le había parecido su carta desprovista de cualquier talento por la ironía y cuan erróneo era su propósito desde el título hasta el punto final”, comienza argumentado.

En “calidad de turista europeo en Chile por tercera vez”, Enault le asegura a su contraparte que “muchos turistas en Valparaíso y afuera están movilizándose para hacerse parte de la ayuda. ¡Sí! Cierre la ventana de Windows y abra otra para ver la realidad. Si los comentarios en Internet la afectan, la invito a ponerse sus mejores jeans, subirse las mangas y recorrer un poco el exterior. A lo mejor su ventana no tiene vista más allá de los Andes pero trato de restablecer lo justo”.

Asimismo, el francés dice esperar “no equivocarme pensando que finalmente, a través de esta pésima ironía, quiso denunciar una determinada representación de la cuidad, las dos caras de Valparaíso. Si tengo razón en no dudar de su aspiración firmemente altruista, considerar ‘el turista’ como herramienta para hacer la denuncia, está fundamentalmente equivocado. El turista no tiene que ver ni con el incendio ni con que hayan zonas de Valparaíso más atractivas que otras. (¿Conoce Francia? ¿Quiere ver la periferia que hay en París o los campamentos al costado de la autopista donde no llega ni una bolsa de arroz de ayuda? ¿O la Torre Eiffel y los Campos Elíseos y las avenidas más hermosas del mundo?). Más allá de utilizar a los turistas (finalmente es bastante fácil ya que muchos turistas no leerán su carta), podría ser valiente, redactar una sátira dura y hablar a través de gente que sí la podrá leer. Si la ironía justifica tal condescendencia y amalgamas patéticas pues caigamos en los peores clichés para dar luz a la verdad. Según su lógica, podríamos ocupar los rasgos negativos de ciertos chilenos para denunciar cualquier tema de cualquier país. Jamás me atrevería siquiera a pensar ‘No se preocupe señor turista chileno en Francia, la policía no los llevará precio por robo’. ¿Es chocante, no? ¿Estaría denunciando la política interior de mi país? No, al igual que usted no denuncia nada firme. El procedimiento es bastante similar al suyo, absurdo, mentiroso, xenofóbico y obviamente refleja una estupidez muy preocupante de parte del autor. La generalización en este caso ha sido, a mi humilde juicio, un error bastante grave por tan sólo caer en esquemas básicos que revelan más bien una reacción visceral que una profunda reflexión”.

“Si fue con la rebelde intención de denunciar, pues úsenos a nosotros corderos-turistas y escríbale una carta al alcalde. ‘No se preocupe señor alcalde, los turistas seguirán llegando a Valparaíso’: ahí sí denunciaría algo puntual que se vive silenciosamente cada día en una ciudad con una autoridad poco presente en materia de asuntos sociales. Además, se ahorraría una patada a los turistas que tratan de moverse hasta 12.000 kilómetros de distancia por gente que nunca ha conocido o ni siquiera visto, pero que usted logra hacer pasar por ‘ahuevonado'”, continúa.

En su respuesta, el indignado turista asegura que quien “observa Valparaíso a través de una mirada nueva, capta instantáneamente la sensibilidad de esta ciudad, no mirando hacia el mar sino hacia arriba, hacia los cerros, observando lo pintoresco, contemplando una arquitectura tan peligrosa como singular, mirando a través de la cámara fotográfica sectores donde no se acercaría ni siquiera un chileno de Santiago. A pesar de todo, esta emoción no se pierde, se mantiene en muchos espíritus que demuestra no conocer y despreciar”.

“La virtud, estimada. La virtud es lo que le hizo falta para poder dejar de lado a Pablo Neruda y La Sebastiana, sin la cual muchos de mis compatriotas no subirían ni un escalón del cerro. He ido a ayudar, he estado mirando la noticia y compartiendo la emoción de ver los cerros de Valparaíso desaparecer en humo, polvo y lágrimas. ¡He pensado en las plazas, los ascensores, los monumentos y la casa de un pensador que hace brillar Chile en cada zona del planeta! ¿Acaso por preocuparme soy un ‘huevón’ más? Perder un lugar como La Sebastiana hubiese sido, para Valparaíso y su patrimonio, un horror más. Un drama simbólico, sin sangre, sin llanto, sin muerte, una tragedia sentimental para cualquiera que comparta un vínculo con el puerto y su historia, un rayo menos en el resplandor del puerto que ilumina a miles de personas”, explica.

“El día que no quede nada, tras los terremotos, incendios, inundaciones y la mala gestión de las autoridades, no se preocupe estimada. Tampoco quedará ningún turista a quien escribirle una carta, y ahí sólo estará el viento denunciando y llevándose las palabras. A pesar de todo, estimada María José Blanco Contreras, creo que todos somos afectados por los acontecimientos. Las reacciones emocionales quizás pueden llevar a decir ciertas cosas sin pensarlas dos veces. De ser así pues, aparte de perdonar mi español y mis errores de ortografía, le ruego que acepte mis mejores sentimientos y sinceros saludos”, concluye Enault.