06-LOS-DEBERES-REVOLUCIONARIOS

Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme
–Cabeza fría, corazón caliente
Somos tierrafirmistas decididos–
Contra la poesía de café
La poesía de la naturaleza
Contra la poesía de salón
La poesía de la plaza pública
La poesía de protesta social.

Los poetas bajaron del Olimpo.

Son los últimos versos del “Manifiesto”, el poema donde Parra baja a los poetas del Olimpo pero también parece alinearse, como nunca antes, con la poesía de protesta y “proletaria”. Es 1963 y la Guerra Fría hace cada vez más difícil mantener posturas escépticas, se está de un lado o del otro. Y como recuerda Fernando Quilodrán, director de El Siglo, “en el círculo cultural de aquellos tiempos, ser de izquierda era coexistir con el Partido Comunista”. Hasta Nicanor, el menos comunista de los Parra, estrecha lazos con la maquinaria cultural cubana y viaja a Unión Soviética y China. ¿Lo está llevando la corriente a creer en el compromiso político y la épica colectiva, o solo intenta surfear la ola?

Niall Binns desconfía: “Sin duda Parra se acercó en esa época al comunismo, pero fue un acercamiento sui generis. Y antes de pensar en su sentido político, habría que pensar hasta qué punto es fiable quien nos habla en el ‘Manifiesto’, con toda su fanfarronería y precariedad dogmática. ¿No es un personaje típicamente parriano, poco digno de nuestra confianza?”.

Sin embargo, entrevistado por Mario Benedetti en 1969, Parra recuerda que el “Manifiesto” iba a ser el primer poema de “un libro político” titulado Poemas prácticos. Y además: “En la época en que escribí el ‘Manifiesto’ hice un viaje por China. (…) Terriblemente interesado en la Revolución China, y en incorporarme de alguna manera a la acción político literaria, preguntaba cuáles eran los deberes del poeta revolucionario”.

El escritor Poli Délano cree en este plan y se atreve a afirmar que “Parra era comunista, él así lo ha dicho, me lo ha dicho a mí. Además yo lo vi en reuniones ahí, sus amigos escritores eran comunistas también”. Jorge Edwards discrepa: “Ni comunista ortodoxo ni disidente ni nada parecido. Trataba sí de revolotear al lado de la izquierda, pero una izquierda más bien suelta, y que podía fácilmente convertirse en una izquierda anticomunista”.

Aunque la mayoría de quienes conocieron a Parra por esa época comparten la visión de Edwards, Délano podría apoyarse en otro texto aún más “comprometido” de Parra, su discurso de homenaje a Pablo Neruda en la Universidad de Chile, de 1962. Ahí trata a Neruda de “mi hermano mayor, mi maestro” y sitúa al Canto general como “la obra máxima de la poesía hispanoamericana” junto a Martín Fierro. Agrega que el antipoeta lucha por la misma causa que el “poeta soldado” pero con otro método, y que Neruda ha enfrentado “el conflicto central del hombre moderno, el paso del yo al nosotros”. Luego se despacha este párrafo: “La misión llevada a feliz término por Pablo Neruda a lo largo de 40 años de investigación espiritual ha consistido en suprimir los falsos problemas individuales que oscurecen artificialmente la visual (…) De todo lo cual pareciera surgir la enseñanza de que la plenitud del individuo es la resultante natural de su integración correcta a la lucha social. Fuera de ella, fuera de la lucha social, todo es dolor, todo es tiniebla; todos los caminos conducen a la locura”. ¿Nicanor Parra ha sufrido una conversión ideológica?

Carlos Peña atesora una primera edición de ese discurso y lo considera “una burla absoluta, Parra se está burlando de la condición que Neruda reclamaba para sí: el gran comunista, el gran intelectual de izquierda. No le hace una crítica frontal porque él no es frontal, pero es una crítica feroz y muestra que ya entonces Parra no se tomaba en serio el asunto”. El poeta Jaime Quezada lo ve de otra manera: “Parra está hablando ahí en serio y no en broma, claro que a la manera de un antipoeta, pero no está haciendo pantomima frente a un Neruda al que admira y al que llama ‘nuestro poeta máximo’. Cuando vincula la ‘plenitud’ del individuo con la ‘lucha social’, es porque cree en eso, y en Neruda como poeta social”.

El poeta Waldo Rojas, también amigo de Parra, intenta zanjar la cuestión: “El discurso del 62 fue el comienzo de una movida estratégica, camaleónica si se quiere. A comienzos de los 60, la obra de Parra alcanzó popularidad y la izquierda hacía una lectura política algo presurosa de la ‘antipoesía’ que Nicanor, en su fuero interno, no favorecía del todo. Sin embargo muy pronto, y a su manera, va estirando estos malentendidos a su favor. Comienza con el discurso a Neruda y un año después, con su ‘Manifiesto’, cambia la estrategia y prepara para sí el terreno del ´poeta único’, operación que requiere paletadas de abono político: unos viajes a La Habana, a Moscú y Leningrado, otros a Estados Unidos, traducciones al ruso y al inglés… El hecho es que la izquierda intelectual quería a todo precio un Parra de izquierda y Parra se dejaba querer. La pregunta era hasta cuándo”.

Ese límite, de acuerdo a Floridor Pérez, estaba más que claro: “Él siempre supo caminar con los arregladores del mundo, pero sólo hasta que tocaran la libertad del pensamiento individual: eso para él es intocable. Iba encantado a Cuba, por ejemplo, pero era un proyecto de los cubanos, no suyo”. Esa tensión con la izquierda doctrinaria se acumuló precisamente por el lado de la Revolución Cubana.