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foto: alejandro olivares

Diciembre de 1972. A Salvador Allende se le aprieta el estómago. La España de Franco, que ya le comprometió un crédito millonario, ofrece ahora un monto mucho mayor. Pero si quiere firmar el acuerdo, Allende debe pasar por Madrid –haciendo una escala en su viaje a Moscú– y saludar al dictador Fernando Franco frente a un millón de personas. Su entorno está dividido. Para algunos, el mensaje político sería impresentable; para otros, el salvavidas financiero es irrenunciable. Finalmente Allende se niega: “He sido un demócrata toda mi vida, no puedo saludar a ese señor”.
Pero no sería el fin de la estrecha amistad entre una democracia marxista y una dictadura fascista, sellada un año y medio atrás en el Hotel Carrera. Allende, rompiendo los protocolos, apareció en el cóctel de bienvenida que el canciller Clodomiro Almeyda le ofrecía a su homólogo español. Y según lo atestiguaba Enrique Bernstein, se acercó al ministro de Franco para decirle: “Aunque no he sido invitado a esta cena, no pude resistir el deseo de tomar un trago con usted y reiterarle mi intención de mantener con el Gobierno del Generalísimo Franco las mejores relaciones”.

“Esa salida de protocolo de Allende fue recogida por la prensa española, donde estaban felices”, cuenta María José Henríquez, historiadora chilena que publica Viva la verdadera amistad: Allende y Franco (Ed. Universitaria), donde resume años de investigación en torno a esta alianza tan difícil de concebir. “Nunca fue secreto, pero fue un momento muy vertiginoso y quedó cubierto por lo que vino después. Y además se produce una suerte de amnesia, porque es muy fuerte para la izquierda, y también para la derecha, que esta relación haya existido. Es tal la contradicción que mejor olvidarlo. La gente en edad de acordarse te dice que en realidad no pasó”.

DEL PRIMER SUSTO AL PRIMER REGALO

El triunfo de Allende no auguraba buenas relaciones con España. El candidato del franquismo era Alessandri, quien ya había visitado al embajador para adelantarle su futura política con la madre patria. “Pero gana Allende –cuenta Henríquez– y el primer problema para la embajada es que llega una avalancha de españoles a regularizar papeles para salir, pero también chilenos a pedir asilo. Entre ellos el general Camilo Valenzuela, jefe de Plaza de Santiago que había estado a cargo de las elecciones y quería asilar a su familia. Tuvieron que llamar contingente de Buenos Aires para atender a tanta gente”.

¿Por qué llegaban chilenos a la embajada española?
Porque si uno pensaba qué embajada podía estar más en las antípodas del gobierno que venía, ¡era la franquista!

¿Cómo se explica entonces lo que vino después?
Un personaje clave es Gregorio López Bravo, el canciller español, un tecnócrata de 46 años que no había vivido la Guerra Civil y tenía otra cabeza. Un tipo bien especial: era Opus Dei y tuvo 6 o 7 hijos, pero se definía como “un liberal reprimido” y era el único del franquismo que tenía amigos como el torero Dominguín, el papá de Miguel Bosé. Su plan era promover a España a través del comercio, con una política más bien neutra en lo ideológico. En ese marco pone los ojos en América Latina, y justo gana Allende. Ahí ve una oportunidad.

¿Por qué?
Porque van a salir los norteamericanos. Es una constante: cuando Estados Unidos se repliega de Latinoamérica, España siempre se mete. La lógica era apoyar a Allende para que Chile no se convirtiera en una segunda Cuba y, a la vez, aprovechar oportunidades de negocios. Así que le manda un mensaje al embajador: usted tranquilice a la gente, esto no se ve tan grave.

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Y viene a Chile.
Claro, en marzo del 71. Clodomiro Almeyda lo recibe en el aeropuerto y parten a La Moneda a reunirse con Allende, reunión que fue muy sorpresiva para ambos. López Bravo engancha por el antiimperialismo, le dice que su política es no estar con EEUU ni con la URSS. Allende le contesta “nosotros tampoco queremos pasarnos de un bloque a otro, pero necesitamos ayuda”, y López Bravo responde: “España por Chile está dispuesta no solo a lo que puede y debe, sino que a un poquito más”. Entonces Allende le ofrece hacerse cargo de todos los proyectos para desarrollar el Norte, partiendo por instalar un reactor nuclear.

O sea que Allende ya tenía un plan armado.
No sé si había mucha planificación, Allende también está jugando a ver hasta dónde llega España. Mi impresión es que de repente se encontraron con esta posibilidad y dijeron “la tomamos”. Y López Bravo desde luego se sorprende, lo del reactor nuclear es insólito, y la España franquista va a terminar regalando el reactor nuclear de Lo Aguirre. Entonces los dos ven una oportunidad, y diría que por eso Allende se anima a llegar de convidado de piedra al cóctel del Hotel
Carrera, que fue esa misma noche.

¿Qué decía de esto la izquierda chilena?
Los diarios de izquierda como Puro Chile y Clarín al principio fueron comprensivos, incluso con una suerte de autocensura. Recordaban que Franco era una dictadura, pero de alguna manera se entiende que esto puede ayudar. Y López Bravo tocó las teclas correctas oponiéndose al aislamiento de EEUU. “Cualquier intento de aislar a Chile me parece miserable”, dijo. De hecho, cuando López Bravo se va de Chile, Arturo Fontaine Aldunate, subdirector de El Mercurio, le hace llegar un mensaje confidencial donde le advierte que la cosa es más complicada, pero sobre todo aprovecha de pedirle asilo por si tiene problemas.

¿Por qué España podía confiar en la UP?
España confía en Allende, no en la UP. Es otra de las paradojas: siendo una dictadura de 30 años, confían en Allende porque lo consideran un demócrata. Tanto que Allende se hizo muy amigo de Pérez Hernández, el embajador español en Chile, y muchas veces pasaba a tomarse un whisky con él en la embajada, que para mayor ironía quedaba en la avenida República.

FAVORES IBAN, FAVORES VENÍAN

En febrero de 1972, Chile llegaba en muy mala posición a renegociar su deuda externa en el Club de París. El canciller español López Bravo, contra la opinión de sus subalternos, ordena apoyar a Chile en todas sus peticiones, aun si parecían “inviables”. Mientras Óscar Agüero, el embajador en Madrid nombrado por Allende, reportaba: “El general Franco me aseguró su apoyo y preocupación personal en este complicado problema para Chile”.

“Fue una negociación durísima –explica Henríquez– donde Chile consigue lo inaudito que es negociar incluso los intereses. España fue el único país que apoyó a Chile desde el comienzo –enfrentándose a EEUU– y en el lobby con las demás delegaciones fue fundamental. Imagínate que Allende no se entera por su canciller sino por el embajador español, que lo llama para avisarle que resultó bien. Y ahí es cuando Allende grita: “¡Viva la verdadera amistad! ¡Viva España!”.

En el libro cuentas que a Frei Montalva no le gustó nada esta cooperación.
Fue a quejarse con el embajador Pérez Hernández, “se están equivocando, esto no va a resultar”. Pérez Hernández informó a España: “Frei, en el fondo, con espíritu estrecho y poca visión no comparte ni acepta nuestra comprensión hacia el Presidente Allende”. Y en junio del 73, informa que un exministro de Frei le dijo que la DC ya llegó a la conclusión de que la única salida es el Golpe.

¿Y qué estaba ganando España jugándose por Allende?
Chile iba a licitar una gran fábrica de camiones y de motores diésel, y la española Pegaso tenía un pulso muy fuerte con la Fiat. Entonces, si resultaba lo de París gracias a España, era más probable que Allende les diera la licitación, como finalmente ocurrió.

¿Por decisión de Allende?
Lo informa Pérez Hernández: “el presidente me dijo ‘yo decidí, porque no me vendo al mejor postor’”. La Fiat peleó hasta el final, y todo esto te demuestra que el país era muy atractivo para Europa Occidental. Salen los capitales norteamericanos, pero los europeos venían igual. Piensa que todos los autos del GAP fueron regalos de la Fiat cuando ganó Allende. El mismo Franco, en un diálogo muy gracioso, le dijo al embajador chileno: “No se preocupe de los norteamericanos, a mí me hicieron lo mismo cuando nacionalicé la Telefónica, no hay que hacerles caso”.

Y España devolvía la mano con un crédito impensable.
Es que al ganar esa licitación ya se meten hasta el cuello, porque a Chile le tocaba poner la mitad y no tenía con qué. Lo excepcional es que España le presta 25 millones de dólares para las fábricas automotrices, pero además otros 15 millones con los que Chile podía comprar bienes de consumo donde quisiera. Esos créditos siempre eran atados, te daban la plata pero tenías que comprarles a ellos, nadie te hacía un préstamo así. Chile usó esa partida libre hasta para comprar cebollas.

EL SALUDO A FRANCO

En diciembre de 1972, con los números en rojo, Allende prepara una gira con dos escalas clave: Nueva York, para hablar en la ONU, y Moscú para conseguir un crédito de salvataje. Es cuando llega la supuesta oferta de España: más que triplicar el crédito acordado si Allende pasa por Madrid y saluda a Franco frente a una multitud. “Estaba asegurado el millón de personas –cuenta Henríquez– porque iban a ir los antifranquistas, por Allende, y los franquistas por Franco. Alfonso Inostroza, que era presidente del Banco Central y fue quien me contó esta historia, recuerda que al crédito comercial ya sellado se sumaba uno financiero por US$100 millones, cifra incontrastable porque los archivos consignan la propuesta del viaje pero no el crédito. Inostroza estaba a favor, Almeyda más bien en contra y Allende, según él, ‘cavilaba’. Al final decidió que no”.

¿Qué ganaba Franco con esa foto recorriendo el mundo?
Allende era un referente para Europa Occidental porque había ganado por las urnas, y España estaba marginada de las comunidades europeas por ser dictadura. Era mostrarle a esa Europa que ellos tenían las mejores relaciones con uno de sus referentes. El ABC alcanzó a publicar que Allende pasaba por Madrid, lo cual indica que del lado español había interés en filtrarlo.

En el libro cuentas que al año siguiente, fue Allende quien quiso ir a España a saludar a Franco.
Sí, el 73 se reactivó la idea desde Chile. Lo interpreto como buscar un espaldarazo interno acá. Si en pleno lío del 73, Allende era recibido en Madrid por Franco, descolocabas a toda la gente. ¿Qué iba a decir Patria y Libertad? Es la única explicación que le veo, porque ya no había una oferta de España sobre la mesa.

Y España dijo que no.
Porque había caído López Bravo en una pugna interna del franquismo y el Régimen volvió a la línea dura. Pero que Allende se haya decidido a hacer el viaje demuestra hasta qué punto la UP estuvo cruzada por dos almas, una muy dogmática y otra muy pragmática.

CAÍDAS Y OLVIDOS

El fin de la sociedad entre Allende y el franquismo parece de tragedia.
De tragedia, sí. El último encuentro entre Allende y López Bravo es en la embajada chilena en Buenos Aires, en marzo del 73. Allende le dice que está con el agua al cuello y López Bravo le ofrece mediar para conseguirle una entrevista con el Secretario de Estado norteamericano, que ya es lo último que puede hacer por él. Luego en junio cae López Bravo y en septiembre Allende. López Bravo murió años después en un accidente de avión, aterrizando en Bilbao.

Y antes de que ambos cayeran, la propia izquierda había entorpecido la cooperación española.
Sí, empezó una crítica mucho más abierta al franquismo, porque el país se fue polarizando tanto que esas racionalidades pasaron a segundo plano, se perdieron. Es parte de la tragedia, me parece. Uno de los grandes problemas que tiene Agüero, el embajador en Madrid, es “atajen la prensa, por favor hagan algo porque yo aquí estoy negociando que nos ayuden”. Porque allá se lo recriminaban, “te estamos ayudando y mira cómo nos trata tu prensa”. Hasta Neruda hace unas declaraciones fuertísimas contra Franco y Agüero tiene que dar explicaciones. Después un político ataca al franquismo en la conmemoración de la República y pasa lo mismo.

Estaban todos los cables cruzados.
Una anécdota que refleja esto, es que al Primer Secretario de la embajada española lo balean acá en Santiago, paseando por la calle, pero se salva. Entonces al principio se cree que lo atacó gente de extrema derecha por apoyar a Allende, después piensan que fue la extrema izquierda por ser franquista. Y finalmente resulta que este señor tenía un lío de faldas y lo atacó un marido celoso. Pasa mucho, la doble o triple interpretación de esta cuestión, por lo rara que es.

Al final se enojó todo el mundo.
Por eso te digo que es muy difícil entender esta amistad de la UP con el franquismo. Después del Golpe, Jarpa le da una entrevista al ABC de España donde dice “el enfado existe y nos va a durar, no se nos olvida lo que hicieron con Allende”. Y para la misma izquierda puede ser inconfesable, por lo menos para los que estaban vivos. Yo nací el 71, pero para la gente que vivió el proceso esto es violento, por eso hay una especie de manto de olvido entre la gente que se podría acordar, tanto chilenos como españoles. Les preguntas cómo fue la relación y te dicen “pésima”, “no, no hubo relación”. Ver la foto de Clodomiro Almeyda con Franco… creo que son imágenes muy fuertes. No se explicaba, ese es el problema, era una contradicción muy difícil de explicar.