Nicolás Fernández

A la cabeza de la triple alianza llamada como el “bloque de conducción” de la Confech, Nicolás Fernández Rodríguez, estudiante de quinto año de psicología en la UDP postula a ser el primer presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Diego Portales (Fedep).

Oriundo de Magallanes, ex alumno del Colegio Alemán de Valparaíso, hincha de Colo Colo y pareja de la hija menor de la Presidenta Michelle Bachelet, el joven aspira ser el representante de la universidad “cota 500” exigiendo más democratización y menos jerarquías en el quehacer universitario del plantel privado, que es dirigido por una de los académicos más escuchados por la opinión pública.

Se supone que la UDP es una de las privadas con más perfil social o cercano a lo público. ¿Crees tú que es así?

En general sí tiene un sentido más público y viendo el panorama de la educación superior privada, sí, estamos más cerca de lo público que otras universidades. Pero si uno compara a todas las universidades, estatales y privadas tradicionales, estamos bien lejos de lo público. Lo público entendido como un espacio de construcción social. Nosotros no venimos sólo a aprender, venimos a construir sociedad. Y ese es un espacio que no existe acá. La UDP es social porque (Carlos) Peña entiendo algo de lo social y eso lo ve reflejado en la universidad, pero no porque eso haya sido construido por todos, opinado por estudiantes, funcionarios, profesores.

No hay una visión de lo social discutido por todos.

Es que nosotros no entendemos lo público sin democracia. Tanto para influir en el proyecto académico como para influir en cómo entendemos el rol social o para la elección de autoridades. En ese sentido, la UDP tiene una orgánica absolutamente jerárquica. Los consejos son todos consultivos, los decanos son designados prácticamente por el rector, y es imposible también llegar a la opinión del rector. Cuando el rector habla en la opinión pública, es su opinión y en ningún sentido lo hace como el rector de la UDP. Aparte, nosotros somos buenos porque pagamos muchísimo y eso es una lógica absoluta de mercado. Somos de las universidades más caras. Acá en psicología pagamos más de 400 mil pesos todos los meses, el arancel es casi de 4 millones 500. Y esas cosas hacen que uno se cuestione el rol social, porque es algo que tú no has construido.

Ya que salió a colación el rector, Carlos Peña ha sido un crítico de prácticamente toda la política educativa en los últimos tiempos. Ahora se hizo más visible después de la entrevista que él mismo le hizo a Eyzaguirre.

Sin duda Peña es una persona sólida, que tiene este saber, que se ve la importancia que tienen sus comentarios a nivel nacional, pero también tiene algo de “nunca quedas mal con nadie”. Dentro de la política, se ve que es una persona más liberal. Creo que ocupa mucho su saber académico para no tener que posicionarse políticamente. Creo también que se desmarca de lo público y trata de hablar de lo público como una abstracción, que solo lo hablan los que tienen el saber de lo público. Se puede leer en sus columnas, que son ultra academicistas. Entonces, lo que nosotros opinamos es que básicamente la posición de él hoy día es “yo no quiero que toquen mi universidad porque mi universidad hoy tiene un rol público y lo voy a defender hasta la muerte”. Eso es lo que vemos.

¿Entonces cómo se vive entonces la política universitaria en la UDP, tomando en cuenta que los jóvenes y estudiantes hoy están mejor informados sobre el tema?

El tema es que como la UDP iba a ser como el emblema de las privadas antes que asumiera la Nueva Mayoría, que iba a ser gratuita, que tenía calidad, que era como el ejemplo de las privadas, eso ha hecho que nosotros no tengamos que tomar postura porque estamos en un buen lugar. Y asumiendo que aquí igual hay mucha gente de quintiles muy altos, eso hace que no se esfuercen de tener que discutir tanta política. Ahora, los que sí tienen, militantes y gente independiente, sí se ve un nivel de discusión.

¿Y qué es lo que pretenden darle ustedes con su conducción en la federación, si ganan las elecciones?

Nosotros como plataforma Construir, nos creamos hace como un año y medio. Somos estudiantes que piden participación y educación pública. La lista está compuesta por gente del Frente de Estudiantes Libertarios (FEL), la Unión Nacional Estudiantil (UNE), la Izquierda Autónoma y el colectivo Descarril. En ese sentido, lo que exigimos es más democratización. La democracia hoy es algo totalmente jerárquico, donde las decisiones las toma Peña y nosotros tenemos que acatar. Y el rol social es súper importante, porque algunos se meten a la UDP por eso. No a la PUC y no a la Unab. O por lo menos eso es lo que vende. Y nosotros no podemos cuestionar eso, no podemos hablar de eso. Lo que muestra es una incapacidad orgánica de dar discusiones de gente que tiene muchos intereses. Además abogamos por más transparencia. Lo que vimos antes es que no hubo transparencia, se les cuestionó por temas de plata, por la cercanía al estudiantado. Nosotros en Psicología jamás vimos a alguien de la Fedep en estos años. Nadie sabe en qué gastaron la plata, nadie sabe cuál fue su fuerte, sus proyectos. Y bueno, queremos crear una vocería de género y sexualidades, que incluye un congreso de educación no sexista. Además proponemos la creación de un Centro de Estudios autónomo, capacitado por profesionales y estudiantes interesados en investigaciones académicas, sociales, jurídicas, económicas para acercar a la población soluciones y aportes significativos por parte de la Fedep.

¿Cuál crees que es el horizonte entonces del movimiento estudiantil?

Sobre eso a lo que yo apunto es que el Confech se pueda abrir más hacia las universidades privadas. Que haya una vocería de universidades privadas yo creo que es importante. No sé si el próximo año porque es algo que hay que madurar y verlo en el momento. Tampoco es que si tienes una vocería privada vas a representar más a las universidades privadas. Como universidades privadas tenemos que ver cómo nos vamos a organizar, definirnos y yo hablo de organizar no en el sentido de tener una organización aparte, sino de ver cuáles son las demandas que tiene este sector. Porque hay demandas de las universidades privadas, otras de las estatales y otras de todas las universidades.

Reforma Educacional

¿Cómo ves lo que les toca enfrentar como estudiantes en esta época, cuatro años después del 2011 y con un año clave con el compromiso del gobierno de presentar la reforma a la educación superior?

Sobre la cooptación de demandas, creo que eso muestra tanto una virtud como un problema de lo que es hoy día la Confech y de los estudiantes. Sí se cooptaron y creo que con eso nadie puede tener duda. O sea, uno ve el petitorio del 2011 y el programa presidencial y es prácticamente igual, en eslogan por lo menos. Y eso desmovilizó un montón. Uno no tiene por qué no hablar de esos procesos que vive el movimiento estudiantil, hay que decirle y ser más transparente. La familia chilena confió en el programa de Bachelet, muchísimo, porque nos vimos todos peleando por las demandas y obviamente votó por eso. Viendo este año y el primer semestre, nosotros optamos por subirnos al Plan de Participación Ciudadana. Ningún movimiento social puede ser tajante con un sí o un no, siempre tiene que estar dispuesto a dialogar. No a ceder, pero sí a dialogar. Posteriormente a eso nos bajamos y de ahí tenemos un poco más de apoyo. Creo que la familia se dio cuenta de lo que era este espacio, que al final era seguir con este mismo modelo.

En 2011 logró instalarse un apoyo en el living de las casas de todo Chile y la gente despertó. Hoy tenemos una inquietud instalada, por los motivos que sean.

Sí, bueno, hay mucha duda sobre lo que va a pasar tanto en las universidades como en ésta, donde se anunció, por ejemplo, que se van a subir los aranceles en 2016 porque no se sabe qué va a pasar con una reforma educacional. Pero ahí  la pega de los movimientos sociales es demostrar la madurez política para poder darle seguridad, realmente mostrar este Sistema Nacional de Educación Pública que nosotros reclamamos y que es una alternativa clara. Y que aquí, si hay inseguridad es porque hay un sector de la sociedad, mínimo, que no quiere cambiar los pilares de la educación.

¿Cómo has visto el rol del Eyzaguirre al frente del ministerio? ¿Compartes las críticas a su conducción?

El análisis es que partió muy fuerte. La primera presentación del Gobierno, con un programa que era 95% de importancia sobre educación. Partió prometedor. Incentivó mucho y conquistó a mucha gente de izquierda con ese primer paso. El problema fue que hubo un primer paso, pero no un segundo. Al final fue una irresponsabilidad porque prometieron mucho, pero después prefirieron negociar con los sectores conservadores y por lo menos yo creo que eso tiene que ver con los intereses personales de la Nueva Mayoría. Creo que hay un status quo que no quiere ser cambiado y que nos quiere dejar fuera a muchos. A mí, como te digo, me descolocó un poco el programa, que tenía lógica y claridad. Críticas también, obvio, pero era más de lo que esperaba. El problema es que ocho, nueve meses después está completamente dada vuelta la chaqueta. Parece que lo que hicieron fue tirar un tejo pasado para llegar al medio. Que querían convencer a un sector que sabían los iba a criticar este primer año para después llegar a un punto que no era el que realmente estaban mostrado. En ese sentido, la conducción ha provocado el descontento de muchas familias. Igual es bueno para la ciudadanía entender hoy día que la clase política, que son dinosaurios prácticamente, ya ha terminado. Ya la para la próxima no se les cree más.

¿Y eso crees que es responsabilidad del ministro o del Gobierno en general?

No, en ningún sentido. El ministro si bien tiene cierta responsabilidad en cómo se maneja en ciertas cosas, en el tema del diálogo, de algunas negociaciones. Pero tiene esa responsabilidad como tantos más. Eso, en el sentido de cómo se maneja la política, cómo se toman decisiones. O sea, acá el responsable es la Nueva Mayoría. Desde la JJCC, pasando por RD, hasta lo que es la DC. Creo que ese es el espectro. Si hoy estamos parados por estos problemas es por culpa de ese sector. Creo que el gran problema es el desorden que hoy día tiene la Nueva Mayoría en su pacto electoral. Teniendo una DC que no quiere transar, que está más cerca de la derecha que de la izquierda, lo que ha demostrado es que ha sido mucho más que una piedra en el zapato. Lo que ha hecho es cambiar totalmente la reforma. Hay sectores que querían la reforma, no como lo queríamos nosotros. Sí estaban de acuerdo con una reforma estructural, pero al ingresar a este pacto lo que hicieron fue avalar ciertas decisiones. Si uno está dispuesto a ingresar a un grupo así es porque está dispuesto a ceder en lo que quiere otro que está a un extremo. No sirve quedarse sólo como un fiscalizador del programa. Se han pasado a llevar muchos valores, mucho de encanto que tenía la izquierda, por lo menos esa izquierda partidista, y que hoy termina en que varias familias dicen ‘yo voté por esto y no está pasando nada’.

¿Y en ese panorama, cómo evalúas la conducción de la Presidenta?

Hay algo que le pasa a la clase política en general, a los viejos de la clase política, y es que hoy día están contentos con lo que tenemos los que vivieron en dictadura. Nosotros no vivimos en dictadura y creo que debemos ser transparentes en decir que estamos de acuerdo cuando dicen ‘tú no viviste esto’, pero hoy día igual vemos desigualdades. No creo que porque ellos hayan vivido un extremo yo me tenga que bancar un status quo de su placer. Ese el gran problema de la clase política hoy día, y no sólo de Michelle Bachelet. Creo que es la gran clase política la que dice ‘estamos bien, tenemos democracia, hay que ir con calma’ cuando yo veo estudiantes endeudados, que el CAE no cubre ni siquiera la mitad del arancel de mi carrera, que se tienen que endeudar, algunos que quieren estudiar y no pueden. Esa visión que puede tener una clase política que ya ha vivido mucho tiene varias cosas a favor, pero también tiene hartos sesgos. Esos sesgos son los que hoy no nos dejan avanzar, además de los intereses personales. Por algo se reúnen primero con el empresariado, con la Iglesia y después con los movimientos sociales.

Suena como a querer jubilarlos y decirles que den un paso al costado.

Más allá de jubilar o dar un paso al costado, hoy toda la ciudadanía tiene la necesidad de ser partícipe de esta reforma, de gente mayor, gente joven, gente adulta. Algo importante es integrar, pero no con un nivel de jerarquía. No con esa idea de ‘tú viviste más, tú sabes más, entonces te quedas acá’. El poder de dialogar sí es bueno, pero si nos concentramos en una centro derecha que sigue siendo conservadora, no tiene capacidad de diálogo. Y ese es el tema, es la poca capacidad de ver hoy día que se necesitan cambios. Y hoy no sirve un cambio de un matiz. Hoy tenemos que discutir todos y llegar a un sí o un no, un sistema nacional público o uno de mercado. Pero esto tiene que ser por diálogo.

Para entenderlo bien, no es que quieras jubilar a la actual presidenta.

Cuando uno habla de jubilar tiene mucho que ver con la edad. Yo no hablaría de eso con ella. Diría que es mejor darle la misma importancia a ellos que a nosotros. Sí, es la presidenta. Sí, es el ministro. Sí, tienen mucha experiencia dentro de estos procesos de ‘democracia’ que hemos tenido en Chile. Pero nosotros tenemos que estar viviendo en esta educación de mercado, una educación que no tiene influencia en las mallas, en los rectores, en los decanos. Que el arancel es altísimo. Que tenemos problemas de infraestructura. Que al final no venimos a construir comunidad acá. Ese comentario típico ‘tú anda a sacar tu carrera’ pasa todavía y no pasa por la voluntad de la gente, pasa porque no tienes espacio, mecanismos para poder reflexionar tu carrera o tu quehacer en la sociedad. Eso es la universidad, y la educación superior. Es el poder crecer, construir, poder ser una persona que está construyendo algo dentro de la universidad y tiene sus planteamientos. Nosotros sí creemos que tenemos una opinión tan importante hoy día como la puede tener la Presidenta. Tan válidas. En ese sentido yo hablaría de desplazar un poco a la clase política para que quedemos todos al mismo nivel.

¿Tú has hablado de esto con ella?

Realmente no, nunca lo hemos hablado. No porque no se quiera, sino que porque ella trabaja todo el día y no creo que quiera seguir discutiendo esto. Y por otro lado yo también estoy todo el día en la U, en el Fel, ahora en la candidatura. En ese sentido en mis tiempos libres me dedico a mi polola o hacer otro tipo de cosas. Y las veces que nos hemos visto no hemos tocado el tema porque entendemos que es otro tipo de relación. Por lo menos, lo que  entiendo es que ella no es la única culpable de lo que está pasando hoy día. Aquí hay una clase política y eso es lo importante. Uno cae en el error en personalizar un problema.

¿Qué piensas de la farandulización por este tema personal, de aparecer en los medios como ‘yerno de la Presidenta’?

Primero hay que aclarar que no soy anarquista. Eso es lo principal. El FEL no es anarquista, es libertario. En ningún sentido veo mi candidatura a la Fedep o mi quehacer hoy en política como algo personal. Sin quererlo, porque en ningún sentido tuve cercanía al mundo de la comunicación, lo que hizo fue darme un piso para decir qué está pasando y esta es la opinión de una persona, que es la opinión compartida por muchas otras. Entonces, si es necesario farandulizarlo para que la gente sepa, que se haga. Pero no cayendo obviamente en lo peyorativo, porque la “farandulización” hasta el momento no ha llegado a eso. Fue solo un título. Es una vinculación más que nada. O sea, esto yo no lo hice queriendo y si resultó así, hay que ver cuán favorable o negativo nos jugó.